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Legalizar la corrupción. -Antonio Burgos/El recuadro-ABC-

El profesor Francisco Rico, aparte de académico de la Real Española, es lo que en tiempos de su colombroño y compañero de corporación Rodríguez Marín llamaban cervantista. Con su popular edición, Rico ha puesto “El Quijote” como el antiguo No-Do: “Al alcance de todos los españoles”. A muchos ha reconciliado con el Ingenioso Hidalgo, que llegó a hacerse odioso para generaciones que lo tuvieron como obligatorio libro de aprendizaje de lectura en las escuelas de primeras letras. Y a mí Francisco Rico me ha reconciliado con la Real Academia, en cuyos actos observaba en los últimos tiempos excesiva y en extremo cautelosa, cuando no cobardona, corrección política.

Francisco Rico me ha reconciliado con la Real Academia, como otro numerario, Arturo Pérez Reverte, lo hace en cada libro anual o artículo semanal que le leo. Rico me ha demostrado que dentro de la centenaria institución hay vida. Donde hay vida hay humor y viceversa. Y en una entrevista muy seria sobre cervantinas erudiciones expuestas en la Facultad de Filología de Sevilla, Rico se ha despachado con una guasa tan profunda que no lo es, que nos hace pensar en algo completamente serio. Casi tanto como el golpe de ataúd en tierra del verso del hermano de Manuel Machado. El académico Francisco Rico, en una entrevista llena de sabiduría filológica y cervantina, ha propuesto de guasa algo tan serio y lógico como “legalizar la corrupción en España y que cada partido cobre su porcentaje”. ¡Pues naturalmente! ¿No se ha legalizado el aborto? ¿No se ha legalizado la eutanasia? ¿No se quiere legalizar la marihuana, como en tantos países está completamente autorizado fumarse un porro trompetero tamaño XXL, como el que se está metiendo entre pecho y espalda la escultura de la Fama que remata la fachada del Rectorado de la Universidad de Sevilla y que el Alma Mater ha tomado como chocolático y pétreo escudo, desterrando a los tres santos, tres, San Fernando, San Isidoro y San Leandro, que figuraban en su antiguo y centenario “Sigillum Universitatis Litterariae Hispalensis”?

Espero que los separatistas catalanes no lean estas declaraciones del profesor Rico, porque del Ebro allá, de hecho, la corrupción está ya legalizada y son capacee de meterlo en el paquete de su referéndum. ¿A cuántos políticos catalanes ha visto usted que detenga ignominiosamente la Guardia Civil en plan Rodrigo Rato, y los meta en un coche camuflado empujándoles la cabeza como a un vulgar choricete? De los Siete Niños de Pujol, ¿cuántos ha visto dormir en comisaría? ¿Y el famoso Tres Por Ciento, que damos como normal? En Cataluña se ha hecho realidad y verdad, y casi nadie le da ya importancia a lo que propone el profesor Rico: “Que cada partido cobre su porcentaje”. Cada partido cobra en Cataluña su porcentaje de corrupción y No Passsa Nada. Ergo la legalización de la corrupción no supondría males mayores que los actuales en toda nuestra nación.

De las prácticas mercantiles ha desaparecido una costumbre que recuerdo de las tiendas de mis padres, comerciantes: el 2 por ciento “por pronto pago”. Como ahora aplicamos el 21 por ciento de IVA, en los suministros y servicios al Estado a sus administraciones se les debería meter el porcentaje que sugiere el académico Rico. Ya que el 3 por ciento está tan ensayado con éxito en Cataluña, apliquémoslo al resto de España y se acabó la presente historia, y nos quitamos de tanto tirarnos la corrupción a la cara los unos a los otros. Nada, nada, suscribo la tesis de Francisco Rico, con su misma académica guasa. ¿No está legalizada la pena de muerte en muchas partes de Estados Unidos? ¿Por qué nosotros no hemos de legalizar esta alegría de vida que es la corrupción, tan españolísima ya como la paella, la sangría, el toreo o el flamenco?

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Cloacas desbordadas. -Emilio Campmany/LD-

La Convergencia de Mas se echa al monte, se hace independentista y empiezan a salir cuentas de los Pujol como robellones en otoño. No sólo cuentas, también coches y bolsas de basura preñadas de billetes de quinientos euros, además de la novia de Pujol junior. Pero nadie va a la cárcel. Pujol comparece ante el Parlamento catalán y amenaza con tirar abajo todo el árbol si siegan su rama. Y, claro, nadie saca la sierra eléctrica. Luego, salen viejas informaciones del rey entreveradas con una posible cuenta en Suiza. La Convergencia de Puigdemont amenaza con volver a celebrar el referéndum, que no se sabe cuántos necesitan convocar antes de reunir el valor suficiente para proclamar la independencia de Cataluña, y la Guardia Civil hace una redada en Barcelona y arresta a un puñado de políticos corruptos del partido que fundara Jordi Pujol. Hay un pendrive en la Audiencia Nacional, entregado por la UDEF como prueba contra los Pujol, que quizá sea el fruto de un pirateo informático ilegal, con lo que las pruebas contra ellos serían anuladas. No sólo, sino que aparece un segundo pendrive que un policía dice haber encontrado haciendo limpieza en su despacho que no se sabe qué contiene. Hacen luego una entrevista a un policía jubilado y dice que hay informes muy interesantes, especialmente del 11-M. No cuenta lo que dicen porque no los ha leído. Y todo ello en medio de una gresca en la que están metidos varios policías, todos ellos con impagables servicios a la patria que no nos pueden detallar, entre los que se encuentra uno llamado Villarejo que, mientras los prestaba, se hizo millonario.

¿Qué está pasando? No es fácil saberlo, aunque pueden darse algunas cosas por seguras. La primera es que de la fortuna que los Pujol amasaron mientras el jefe del clan ocupaba la presidencia de la Generalidad no nos habríamos enterado si Convergencia se hubiera limitado a hacer lo que siempre hizo, pedir dinero por redondear las mayorías parlamentarias de PSOE y PP. La segunda es que, aunque se haya expuesto parte de la porquería que guardan en el trastero, los Pujol no pueden ir de ninguna manera a la cárcel porque entonces saldría la mucha que hay en otros ilustres desvanes, incluido el de nuestro rey emérito. La tercera es que, después de que se atrevieran a filtrar la grabación que al ministro del Interior le hicieron en su despacho, el PP está intentando limpiar la Policía. Con su acostumbrada torpeza, ha dado sin querer una patada al avispero, provocando una guerra sorda entre las facciones que se reparten el poder y de las que no se sabe si hay alguna de la que uno pueda fiarse. No sólo, sino que alguna de ellas, por evitar ser arrumbada, amenaza con sacar más estiércol del mucho que han generado quienes han gobernado España en estos últimos años. Lo más probable es que al final nadie pague por los muchos desmanes cometidos, las aguas negras se calmen y las cloacas del Estado dejen de emanar hedores. Lo cual no quiere decir que no vayan a seguir tan sucias como siempre.

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Sólo tenía una lengua en su boca. -Jesús Laínz/LD-

Karen Blixen, alias Isak Dinesen, relató en su ensayo Negros y blancos en África una historia muy jugosa. Un amigo suyo, Galbraith Cole, tenía una finca ganadera en aquella Kenia colonial de principios del siglo XX. Como los masáis de los alrededores tenían la mala costumbre de robarle reses, Cole les avisó de que la próxima vez que les pillase les pegaría un tiro. Hombre de palabra, al poco tiempo sorprendió a tres cuatreros afanándole una ternera y al más lento de ellos lo dejó seco.

Llevado el asunto a juicio por los dos que escaparon, el juez intentó echar una manita al blanco:

–Evidentemente, usted disparó para espantar a los ladrones.
–No –replicó Cole–. Disparé para matarle, como les había advertido.

–Piénselo bien, Mr. Cole –insistió el juez–. Estamos convencidos de que usted sólo disparó para espantarle.
–Dios sabe que no es así. Disparé a matar.

Ante la insistencia del acusado, al juez no le quedó más remedio que condenarle a abandonar Kenia, lo que supuso su ruina. Pero los masáis guardaron reverente recuerdo del que desde aquel momento apodaron Cole Debr Lao: Cole Sólo Tenía una Lengua en su Boca.

¡Cuán necesitados estamos de hombres así en nuestra indigna España de hoy! Porque el único que ha demostrado estar al nivel de aquel admirable Galbraith Cole ha sido el juez Santiago Vidal al desvelar por completo lo que era un secreto a voces: la conspiración continuada de los separatistas catalanes para dinamitar España desde dentro utilizando sus propias instituciones.

Aunque hayan disimulado sus palabras y sus hechos a lo largo de cuatro décadas, ese disimulo ha ido dejando paso paulatinamente a la exhibición, según su posición se fortalecía, gracias a la parálisis de los gobernantes de la nación. Hay tantos ejemplos que casi sobra el mencionarlos: el honorable Jordi Pujol declarando a ministros de Felipe González su intención de sembrar el terreno para que la siguiente generación cosechase la independencia; el mismo Pujol diseñando en 1990 el plan de dominación totalitaria de Cataluña mediante la utilización partidista de instituciones, enseñanza y medios de comunicación; el honorable Artur Mas declarando: “Tenemos que engañar al Estado”; la familia Pujol saqueando Cataluña, intocable por la ley y con bula para seguir robando; Mas, Puigdemont, Forcadell, Rigau, Tardà, Homs, alcaldes, concejales y mil más incumpliendo, incluso rasgando materialmente, órdenes, sentencias y leyes; y todo tipo de altos cargos de la Generalidad y otros dirigentes separatistas pregonando las acciones ilegales ya realizadas y aún por realizar para conseguir lo que ellos llaman, con su tradicional cursilería, la “desconexión”, es decir, el golpe de Estado.

Nadie podrá decir que no lo sabía. Como el legendario Cole Sólo Tenía una Lengua en su Boca, los separatistas han hecho lo que avisaron que iban a hacer. Lo del lenguaraz Santiago Vidal ha sido simplemente un paso más. Porque seguirán dándose pasos, evidentemente, visto que nadie paga ni económica, ni administrativa, ni política ni mucho menos penalmente por ninguno de los múltiples delitos que los separatistas llevan cuatro décadas cometiendo: prevaricación (art. 404 del Código Penal); desobediencia (art. 410); malversación (art. 432); obstrucción a la justicia (art. 464); rebelión (arts. 472 y siguientes); usurpación de atribuciones (art. 506); incitación al odio (art. 510.1.a); denegación de la prestación de un servicio público (art. 511); ultrajes a España (art. 543); sedición (arts. 544 y siguientes); resistencia y desobediencia a la autoridad (art. 556). Por no mencionar el al parecer inmencionable artículo 155 de la Constitución.

Mientras tanto, nuestros gobernantes, como el juez británico de nuestra anécdota keniata, utilizan su adormecida lengua para balbucear justificaciones en defensa de quienes, por el contrario, sostienen con gallardía la justicia de sus acciones ilegales. Y demuestran cada día, para bochorno y desesperación de los ciudadanos conscientes, que España es un Estado fallido, un Estado que o no puede o no quiere hacer cumplir sus leyes en una parte de su territorio.

Como explicó a menudo Claudio Sánchez-Albornoz, presidente de la República en el exilio, los republicanos, “por no haber sabido mantener el orden, cayera quien cayera”, prepararon el terreno para que Franco se sublevara.

En la Europa del siglo XXI una insurrección militar es difícilmente imaginable, naturalmente, pero los inquilinos de la Moncloa –la palabra gobernantes sería una exageración– quizá debieran tomar nota del ejemplo histórico. Pues de continuar las cosas como hasta ahora, y de permitir que los delincuentes separatistas acaben saliéndose con la suya, sólo puede surgir una crisis nacional en comparación con la cual la de 1898 fue una broma. Y ante eso, ya podrán ir los monclovitas despidiéndose del Partido Popular, del Gobierno, de la Constitución de 1978, de todo el régimen político construido sobre ella y hasta de España.

Porque el desprestigio de personas e instituciones y el enfado de los españoles alcanzaría tal grado que no sería improbable que una buena cantidad de culpables, por acción u omisión, acabaran teniendo que hacer las maletas para nunca más volver a poner su pie en la España residual. Sus Majestades incluidas.