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Adiós a la farsa. -Luis Herrero/LD-

HispaniaFortius

Lo más escamante de todo es el protagonismo de Urkullu en esta tenebrosa historia del desarme de ETA. Desde que el lehendakari consiguió audiencia con el Secretario de Estado Pietro Parolín para ofrecerle al Vaticano la posibilidad de jugar un papel en el epílogo etarra, comenzó a crecer la sospecha de que algo raro se estaba cocinando en el fogón de Ajuria Enea.

Luego hemos sabido que Urkullu estuvo en Moncloa el martes de la semana pasada, para darle a Rajoy la primicia de lo que iba a pasar, y que el propio Rajoy iba a devolverle la visita cuatro días después en un almuerzo tempranero que no le impidiera ver el partido de fútbol entre el Athletic de Bilbao y el Real Madrid a las cuatro y cuarto de la tarde. Las prioridades conviene marcarlas como es debido.

El contexto de tanto cabildeo está muy claro: el…

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El preocupante horizonte vasco. -Cayetano Gonzalez/Libertaddigital-

El foco informativo ha dejado de estar en los últimos años centrado en el País Vasco debido fundamentalmente a dos motivos: a que ETA ha dejado de matar, aunque no hay que cansarse de repetir que ni se ha disuelto ni ha entregado las armas; y al llamado procés en Cataluña, al cual la banda terrorista no es ajena desde la famosa reunión en Perpiñán con Carod Rovira en enero de 2004, por mucho que recordar esto enfade a los nacionalistas e independentistas catalanes.

Los que crean que los nacionalistas vascos, sean del PNV o de Bildu, incluso los partidarios del derecho a decidir como Podemos, van a renunciar a plantear en un futuro más o menos inmediato otro pulso al Estado como el que en estos momentos existe en Cataluña es que son unos ingenuos. En este contexto, analizar con detenimiento el horizonte político que dibuja la última encuesta del CIS sobre las elecciones vascas del próximo día 25 no puede provocar más que preocupación, agravada por la situación de gran debilidad institucional que estamos viviendo y que los nacionalistas de todo signo saben aprovechar para sus intereses.

La primera conclusión de la encuesta del CIS es que los partidos denominados constitucionalistas, PP y PSE, consiguen entre los dos el mismo número de escaños (16) que el estudio demoscópico otorga por separado a la marca de ETA, EH Bildu, o a Podemos.

El PP y el PSE sufren un auténtico descalabro. Lo de los populares no es que se viera venir, es que llevan acumulando méritos desde que en 2008, tras la marcha de María San Gil –¿se acuerdan del “¡Arriba España!” que le dedicó el nonato director ejecutivo del Banco Mundial José Manuel Soria?–, los Oyarzabal, Semper, Maroto y Alonso de turno decidieron que el PP vasco tenía que ser guay, pop y no sé cuántas sandeces más, lo que les ha llevado a ser absolutamente irrelevantes.

Los del PSE también se lo han ganado a pulso, porque, además de los esfuerzos hechos durante años por la rama guipuzcoana del partido, encabezada por Eguiguren o Zabaleta, de convertir a los socialistas vascos en un mala copia de los nacionalistas, ahora resulta que la candidata a lehendakari, Idoia Mendía, lleva en su programa electoral que Euskadi es una nación, y a la hora de hablar de la violencia que se ha sufrido en la sociedad vasca –esto lo dijo la candidata en un reciente debate electoral en la SER– equipara a ETA con el GAL o con los abusos policiales. Vuelta a los complejos y a las falsedades históricas.

Pero en el Madrid político y mediático, habitualmente despistado y errado con lo que sucede en el País Vasco, lo único que interesa es saber si después del 25-S el PNV puede replantearse su apoyo a Rajoy en una hipotética nueva investidura a cambio de que el PP le dé el suyo a Urkullu en Vitoria. Antes que aceptar el apoyo de los populares, el PNV echará mano del PSE, si es que antes no decide pactar con Bildu o con Podemos. ¿Por qué no, si ya lo hicieron en junio de 2015 en el Gobierno de Navarra o en el Ayuntamiento de Vitoria?

En el Parlamento vasco, los partidarios de la independencia o del derecho a decidir tendrán después del 25-S cerca de 60 diputados, de un total de 75, mientras que las fuerzas constitucionalistas, el PSE y el PP, quedarán relegadas a ser la cuarta y quinta fuerza política y no llegarán entre las dos a la veintena de escaños. Y está por ver que Ciudadanos consiga sacar por Álava el escaño que en las dos últimas legislaturas ha obtenido UPyD, con Gorka Maneiro. Un panorama ciertamente preocupante. Pero en Madrid seguirán preguntándose si el PNV apoyará a Rajoy. Así nos va.

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Los que van a ganar. -Santiago Gonzalez/El Mundo-

No podía haber elegido una mejor ocasión el lehendakari que la de ayer, con los sondeos tan frescos y tan por duplicado, con el CIS ratificando punto por punto los resultados que la víspera había proporcionado EiTB.

Iñigo Urkullu se vino arriba, aceptó con modestia las predicciones de la encuesta y explicó el orden de las conversaciones que mantendrá a partir del día 25, asegurando que comenzará por el segundo partido, para seguir un orden descendente. Es decir, que luego seguirá por el tercero, etcétera, dejando claro que en todo caso hay un partido,«como el PSE que tiene una responsabilidad institucional en el conjunto de la arquitectura institucional vasca», prueba evidente de lo dotado que está Urkullu para la perífrasis, con lo fácil que le habría sido explicar que «es que son nuestro apoyo en las tres Diputaciones y en los principales Ayuntamientos vascos».

O sea, a ver si me explico. El PSOE venía explicando que la gran coalición ni hablar, cómo se les ocurre, si el PSOE aspira a relevar al PP en la responsabilidad de Gobierno. Pues ocurrírsele se les ha ocurrido en Alemania y en otros diez países de la UE que han recurrido a los Gobiernos de coalición entre la derecha y la izquierda: Austria, Holanda, Italia, Bulgaria, República Checa, Estonia, Grecia, Irlanda, Lituania y Suecia.

Por citar algunos contraejemplos. Pero es que yo no sé cómo explicarían Sánchez Pérez y los miembros de su Ejecutiva, incluído López lo que a ellos mismos ha de parecerles una anomalía: que el PSE gobierne en coalición con el PNV las tres Diputaciones y que le ayude en la gobernación de los Ayuntamientos de las tres capitales vascas, ¿supone que los socialistas se consideran inhabilitados para volver a gobernar la Diputación de Álava y los Ayuntamientos de Vitoria y San Sebastián o a cualquier posibilidad de gestionar las instituciones forales de Bizkaia y Gipuzkoa y el Consistorio de Bilbao?

El balance no puede ser más lamentable para el PSE ni más halagüeño para el PNV. En las autonómicas de 2012, los socialistas perdieron nueve escaños y cuatro años después pueden perder otros ocho, si aciertan las encuestas. Ocho escaños es el peor resultado que hayan obtenido nunca los socialistas vascos en unas elecciones autonómicas. El peor hasta ahora había sido el de 1980, las primeras elecciones autonómicas, en las que obtuvieron nueve, aunque el Parlamento vasco en aquella legislatura sólo tuvo 60 escaños, no 75 como en todas las siguientes.

Urkullu los recibirá de mayor a menor, pero eso no expresa su orden de preferencias. Empezará por el segundo, que a tenor de las encuestas será EH Bildu, pero eso no quiere decir que tenga el menor interés en gobernar con ellos. Sí manifestó interés por acordar algo con ‘Posemos’. Esa reclamación del derecho la consulta y la bilateralidad es de mucho interés si Podemos y todas su extensiones y Mareas lo defienden en el Congreso de los Diputados, aunque en rigor es un adorno.

Por las razones antedichas, les bastará el apoyo seguro del cuarto, que se disputa encarnizadamente el quinto puesto con el PP. Una legislatura más y los socialistas desaparecen como grupo. Es justo reconocerlo: sus socios son unos artistas.

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