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Un año de balde. -El blog de Santiago Gonzalez-

Mañana termina un año de balde para la política española. Sólo ha servido para que Mariano Rajoy se haya consolidado en su papel de Don Antonio, el maestro de ‘Crónicas de un pueblo’, frente a los tres párvulos que tenía en la oposición. De entre ellos cabe destacar el fracaso de Sánchez, que fue el candidato del primer partido (menguante) de la oposición.

Han pasado tres meses desde aquel 1 de octubre en que perdió la secretaría general A quién se le ocurre convocar el Comité Federal en lo que antaño fue el Día del Caudillo. Zapatero tuvo la ocurrencia de convocar unas elecciones el 20-N, 36º aniversario del óbito, y el PP ganó su mayoría absoluta más cuajada. Valía más no jugar con el simbolismo de las fechas, que las carga el diablo.

Sánchez ha sido el peor de los secretarios generales del PSOE en toda su historia. Peor que Zapatero, al que ha hecho ascender al penúltimo lugar en la escala de las incompetencias. Tanto peor que no hay comparación posible. Pedro Sánchez ha ejercido dos años sin otro programa que odiar de verdad a los romanos, como si fuera el presidente del Frente Popular de Judea en ‘La Vida de Brian’. Alfonso Guerra explicó con sencillez y claridad que “el odio a la derecha no puede ser el programa del PSOE”. No es que él sea menos sectario o no crea que el PP merece ser odiado, sino que forzosamente un programa tan primario había de resolverse en tautología: “no es no”.

Anunció su intención de recorrerse en coche todas las Españas para levantar a la militancia, entelequia de los socialdemócratas españoles tan modernista como los andares de Angelines (Sara Lezana) en ‘El extraño viaje’. En tres meses sólo ha podido ir a Chirivella y a la mina del Entrego. A Forrest Gump le cundió más del Atlántico al Pacífico y vuelta, mientras sumaba adeptos. Sánchez los ha ido perdiendo. Ni siquiera él se ha presentado en la reunión de los 68 alcaldes y cargos medios que se citaron en Madrid para proclamarle “el mejor candidato para recuperar la ilusión de la militancia”, según reza el manifiesto. Virgensanta, hace falta ser sanchista.

Frente a Sánchez, uno cree que Javier Fernández es persona adulta y comprende el deseo de atrasar el Congreso hasta el verano si es posible. Uno ya escribió en su día, cuando Zapatero tomó el olivo y puso como doble de luces al sufrido Rubalcaba, que aquello necesitaba obra mayor: colgar en Ferraz el cartel del “la familia (socialista) no recibe” y dedicar algunos meses a reflexionar sobre el hundimiento del zapaterismo, las malas perspectivas del socialismo, el papel de la socialdemocracia en los tiempos venideros y la refundación del viejo PSOE.

No pudo ser, uno a López no lo ve, y el tiempo de la gestora es la facilidad que está dando a Pedro para que se diluya en sus inconsistencias. Su negativa a postularse hasta que se convoque el Congreso sin tener un papel, aumentará su irrelevancia. El quietismo sólo beneficia a Rajoy, que sí tiene un papel. En este año ha sido presidente en funciones. El problema de la Gestora es que aún se temen que el pobre Sánchez repita la leyenda del Cid o la de Sleepy Hollow. Ese temor es la medida de la gravedad en la crisis del PSOE, que va a tener, me temo, otro año de balde.

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Tirititramp, Tramp, Tramp. -Antonio Burgos/El Recuadro-ABC-

Hay que ver los americanos… ¡Cómo son! ¿Pues no que no le echan la menor cuenta ni a los tertulianos ni a los columnistas de Madrid, hartos de hacerle la propaganda a Doña Hilaria, y van y eligen como presidente de los Estados Unidos nada menos a un tío que todavía no se sabe si usa peluquín o no usa peluquín, y que encima se llama como el pato de Walt Disney o como el templo de la ensaladilla en la calle Canalejas, Donald, Donald Trump? Esto es naturalmente por culpa de Pedro Sánchez, que en vez seguir en su Peugeor recorriendo España para agarrarse a la brocha de “volver a ser lo que fuimos” como Destripador del PSOE, va el gachó, se monta en un avión y se planta en Estados Unidos a apoyar a Doña Hilaria Clinton. Lo que, como su mismo nombre indica, es hilarante.

Hay que ver estos americanos… Así que no les echan la menor cuenta no sólo a los tertulianos españoles, que ya hay ser insensatos, sino que no tienen en cuenta ni al mismísimo Pedro Sánchez en persona, que se presentó allí del mismo modo que el gafe de Zapatero cuando fue a apoyar a Al Gore. Y ahí tienen a Al Gore, dando desde entonces el timo de la estampita con el cambio climático, con el que se gana la vida. ¿Y así quieren los americanos seguir siendo el Imperio mundial, los guardias de la porra del planeta? Es que no aprenden. Quede claro que tener que elegir entre Hilaria Clinton y Donald Trump no era un dilema: eso era una desgracia nacional. ¿Es que no había dos más presentables que esa especie de versión americana de Ana Botella, cual la pija de Doña Hilaria, y el otro, el que tiene nombre de pato de Walt Disney, el gachó del presunto peluquín que resulta que no es tal, que es un flequillo modelo Pepe Oneto, pero tamaño XXL y con un enorme gasto semanal en camomila?

¡Menudo “trumpazo” se han pegado todos, los votantes del Partido Demócrata, los tertulianos y columnistas y Pedro Sánchez! ¿Y saben ustedes lo que me parece Donald Trump? Pues para mí que es una especie de Jesús Gil, pero sin “Imperioso” y sin Atléti, Atléti, Atlético de Madrid. Una especie de Revilla sin anchoas y sin taxis. Como Berlusconi, pero sin gomina y sin estirarse la cara más que la piel del tambor de Hidalgo el de la Centuria Romana Macarena. Un populista. Ojú, un populista. Populista de derechas, pero populista al fin y al cabo. Populista como los de Podemos, pero sin el Niño de la Beca y sin el Tío de la Coleta. Igual que en Europa los partidos radicales que ganan, al contrario de España, son los de extrema derecha, en Estados Unidos ha ganado también el populismo del mismo signo, modelo Asociación del Rifle y casi Ku Klux Klan.

Y todo esto porque a los americanos les ha pasado como a Ignacio Espeleta. Montó y patrocinó Ignacio Sánchez Mejías el histórico espectáculo flamenco con libreto “Las calles de Cádiz”, y en una de sus escenas salía Ignacio Espeleta haciendo de zapatero. Tenía Ignacio que cantar por alegrías a La Malena y La Macarrona. Pero llegó Ignacio al teatro con una tajá tan gorda y tan lamentable, que cuando le tocó la hora de salir a cantar a esas dos diosas del baile…¡se le había olvidado la letra con la papa grande! Y entonces, el Rey del Embuste Gaditano, para salir del paso, en vez de la letra, salió improvisando: “Tirititrán, tran, tran, tirititrán, tran, tran, tirititrán, trantrero, tirititrán, tirititrán”. Y desde aquel día, esa letra del embuste gordo de la papalina grande de Espeleta quedó como obligada falseta introductoria de las alegrías, según contaba Chano Lobato con toda la gracia del mundo. Yo creo que a los americanos les ha pasado como a Espeleta. Que con la papa grande del poderío del Imperio, se han olvidado de escuchar a los progres españoles y han tenido que improvisar un imprevisible inquilino de la Casa Blanca: “Tirititramp, Tramp, Tramp, tirititramp, Tramp, Tramp, tirititramp, Tramptrero, tirititramp, tirititramp”….

CHANO LOBATO: “HISTORIA DEL TIRITITRÁN” (VIDEO)

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#YoViajoConPedroLandon -Cristina Seguí/OK Diario-

Soy de la generación del coplero Francisco y de Jonathan Smith, aquel espíritu alado medio Gary Cooper medio Lauren Postigo de ‘Autopista hacia el cielo’. A ambos los quise profusamente a pesar de mis debutantes 6 años. Y ninguno de los dos me hizo nunca ni caso. Francisco porque estaba en la cumbre, evocador, latino y rodeado siempre de rubias voluptuosas, Trumpianas. Qué distinto era, sin embargo, aquel Michael Landon… tan protector, tan tierno… Claro, por ser un ángel asexuado. Recuerdo como aparecía caminando tras aquel fundido igualito al cartel del #YoViajoConPedro. Aquella sombra melancólica y lejana en la carretera. Con andares rufianescos, cuasi desmayados. Acompasados con una melodía que te encogía el corazón. Bonachón, ligero de equipaje. Con el corazón lleno de amor para repartir capitulado entre todos los humanos que sufrían de soledad, de enfermedad, de discriminación, de incomprensión. ¿Y por qué no?, también de aquellos aquejados de orfandad socialista. Era un custodio tan terrenal que a buen seguro guardaba su carnet de progresista de Ferraz en la guantera de aquel maravilloso Ford Sedan.

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Y ocurrió que,  32 años después, ¡el domingo creí volver a ver a aquel querubín sentado con Évole en Salvados! Con la misma camisa vaquera de Landon abierta hasta el pezón, el izquierdo socialista. Con ese jeto de porcelana, solo. Atribulado por los que padecen. Prometiendo un viaje por España en misión apostolar para, así, calmar el dolor por la desigualdad, los recortes, la guerra civil, la reforma laboral, y, una vez amortizada la ley del matrimonio gay, ¿quién sabe si por la persecución a la pansexualidad? Ya no quedaba rastro del antiguo político trilero y haragán cuando empezó a hablar en aquella cafetería de western decadente a las que Jordi se lleva a sus señorías a confesar. Aunque para mi gusto pegaba mucho más la detonación del PSOE de Díaz desde el Peugeot de Sánchez o desde un viejo Cadillac.

La negación del mismísimo Felipe González como deidad, el jaque a César Alierta poniéndole a vender ADSL´s como castigo a la conjura judeo-masónica emprendida para descabalgarlo de la secretaría general, o el embate a PRISA por llamarle “insensato sin escrúpulos” en aquel brutal editorial que “abusó de él en lo personal”. Aunque para brutal aquel juguete roto reconociendo el impulso renovador y la voluntad transformadora del Iglesias que siempre le quiso destrozar.

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Nada hasta ahora había podido con el PSOE. Ninguna histórica encrucijada ética o moral. Ningún enemigo exterior. Ninguna derecha. Ni dos ruinas para España, ni la legalización de la ETA funcionaria y militar, ni la tramposa ideología de género, ni el chivatazo al herriko-barman Elosúa de aquel bar Faisán. ¡Las exequias socialistas tuvieron que ser oficiadas por las fuerzas convergentes del IBEX35 y el “je ne sais pas” con encogida de hombros de los propios socialistas al gobierno popular! Aunque la única verdad sea que Sánchez, con la ayuda de los Puig, García Page y Lambanes, y el mismo portavoz Hernando que ahora Pedro es incapaz de pronunciar, han convertido al PSOE en el porrismo de este Podemos que aplaude al abertzale aldeano de Oscar Matute en la sede de la soberanía nacional. Ambos, el de Sánchez y el de los penitentes de Ferraz, son actualmente el mismo PSOE. El PSOE que hoy apela a la conciencia es el mismo que hace sólo seis meses trapicheaba con Gabriel Rufián.

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