Archivo de la etiqueta: Partido Popular

El monopolio del PP (y de la estiba). -Cristina Losada/LD-

Hace unos días, un huracán político estaba a punto de llevarse por delante la legislatura. Era un huracán muy raro. Tanto, que lo provocó el batir de las alas de un problema sectorial que en modo alguno era novedad. Quién nos iba a decir que el rechazo a un decreto para ajustar la estiba a la norma europea podía tener efectos políticos de tal alcance como para disolver las Cortes y convocar elecciones. Nadie lo hubiera dicho. Es más, no lo hubiera dicho nadie de no haberlo insinuado el Gobierno. Al tiempo que cantaba las cuarenta a los “irresponsables” que rechazaron aprobar el decreto, dio a entender que respondería a otra indisciplina con el escarmiento del adelanto electoral. La desproporción entre la causa y los efectos con los que amenazó el Gobierno es tan grande que merece la pena preguntarse por qué los de Rajoy gastan la pólvora en salvas.

Fue interesante ver cómo el ministro del ramo y otros portavoces gubernamentales censuraban la actitud irresponsable de los partidos que echaron atrás el decreto. Por culpa de su obstrucción, dijeron, España quedaba como un país gamberro que incumplía las sentencias del Tribunal de Justicia de la UE, y tendría que pagar una multa estratosférica por su desobediencia. Los portavoces se esmeraron en subrayar que la imponente multa iba a salir de los bolsillos de los contribuyentes españoles, por si alguien ignorara de dónde sale el dinero para esas cosas y otras. Denunciaron indignados la irresponsabilidad de la oposición, apostando al desconocimiento de la letra pequeña. Del historial que muestra la propia falta de diligencia y de responsabilidad en la gestión del problema, ni una palabra.

La sentencia europea, de diciembre de 2014, no apareció de la nada, sino del escaqueo del Gobierno ante los requerimientos de la Comisión Europea. El primero data de finales de 2011. El segundo llegó al año siguiente. En vista de que España hacía oídos sordos, la Comisión recurrió al Tribunal. No habría multa –ni multa acumulada– si los Gobiernos de estos años, que eran del PP, hubieran hecho lo que tenían que hacer. Pero no lo hicieron cuando disponían de mayoría absoluta y no lo hicieron, claro, en período electoral. Es revelador lo que decía José Manuel Pérez Vega, de la secretaría federal del sector marítimo-portuario de SMC-UGT, a mediados de febrero: “Cuando empezamos las negociaciones para cumplir con la sentencia de la UE, nos pidieron prudencia y baja conflictividad, y cumplimos, y cuando ya tenemos preparado un principio de acuerdo, marcan sus propias normas”. Las reglas del juego cambian a conveniencia.

El huracán fue tan raro, que pasó y no hubo nada. Porque la estiba sólo sirvió de pretexto para relanzar el mensaje entre agónico y amenazador que el PP emite desde que está en la posición de minoría mayoritaria. El lamento de “no nos dejan gobernar” seguido del aviso: “¡Y si no nos dejan, habrá elecciones!”. Aprovechó el rechazo al decreto para proclamar una vez más que sin mayoría absoluta no hay manera de gobernar. Fue una gran operación propagandística gubernamental. Grande por la repercusión que tuvo en los medios; pequeña y mezquina por todo lo que ocultó, que viene a ser igual a todo lo que no hizo para aplicar la norma europea y deshacer el monopolio de la estiba. Bien mirado, el PP y los estibadores tienen algo en común: a los dos les gusta tener el monopolio.

Ver artículo original:

Anuncios

El PP y la socialdemocracia: ¡esto no es lo que parece! -Carmelo Jordá/LD-

El gran Pablo Montesinos recogía en Libertad Digital este sábado la anécdota que yo creo que define lo que ha sido este congreso –por llamarlo de alguna manera– del Partido Popular –por llamarlo de alguna manera–.

La noticia es deliciosa, vale la pena leerla, pero por si acaso se la resumo: un incauto compromisario pedía que el PP recogiese en sus estatutos que no es socialdemócrata, tal y como lo ha hecho Ciudadanos en su también reciente congreso, pero el flamante coordinador general de los populares se negaba en redondo: “¡Me ofendes!”, llegaba a decir Maíllo.

La escena me recordaba a la típica situación en la que un cónyuge es pillado por su pareja en la cama, desnudo y con un señor o una señorita al lado, a pesar de lo cual lo niega todo: “Esto no es lo que parece, cómo puedes pensar eso de mí, me ofendes”, replica el adúltero en la única actitud que en ese momento parece digna, pero que todos sabemos que no lo es.

Porque lo cierto es que el PP lleva varios años encamado con la socialdemocracia, al menos desde diciembre de 2011, cuando decidió “desconcertar a la izquierda” –Montoro dixit– con el astuto truco de hacer lo mismo que haría ella pero más. Acto seguido nos atizaron la mayor subida de impuestos que se recuerda y desde entonces ya ha sido todo un no parar de socialdemocracia.

Socialdemocracia de la peor: de la que sube impuestos, de la que apuesta al cien por cien por el mantenimiento del Estado del Bienestar y de una Administración elefantiásica, de la que no se molesta en cambiar ni una sola de las leyes ideológicas promulgadas anteriormente para dar un giro a la izquierda a la sociedad, de la que mantiene los privilegios de los grupos de presión, de la que reparte graciosamente subvenciones a troche y moche…

Socialdemocracia, en suma, por delante y por detrás, de arriba abajo y de un lado al otro, lo lógico en un partido que expulsó hace tiempo a conservadores y liberales; lo lógico en un partido que se ha negado a librar ninguna batalla de ideas en un país en el que la opinión publicada está en manos de la izquierda de una forma abrumadoramente mayoritaria.

Lo cierto es que la negación tan contundente del ahora poderoso Maíllo me causa hasta una cierta ternura: fue una forma tan torpe de negar lo evidente que casi lo hace entrañable. Pero, eso sí, quizá el PP debería ponerse menos digno y admitir que un poquito socialdemócrata sí que es, porque hay pocas cosas peores que ser socialdemócrata; y una de ellas, desde luego, es no ser nada.

Ver artículo original:

Los partidos, en las nubes; el Estado, en las cloacas. -F.J.Losantos/LD-

El congreso de un partido político español, e incluso antiespañol, se distingue por la presencia de bandadas de cargos que desfilan en formación horizontal, para no dar la espalda a nadie, con un tarjetón de plástico que les acredita como legítimos representantes de sí mismos y del partido al que pertenecen. ¡Como si millones de ciudadanos envidiosos estuvieran apostados a la puerta del congreso para colarse en los apasionantes debates sobre garantías internas y reglamentos de votación!

El poder creciente de la partitocracia se revela en que las tarjetas de acreditación de los previamente acreditados en las mesas identificatorias son cada vez mayores, más aparatosamente plastificadas, más absurdas. Que Rajoy llevara colgando al cuello, como un San Bernardo que socorre a un siniestrado en la nieve, un tarjetón del tamaño de un barril de coñac, es tan grotesco como ver al joven Arenas, que ya mandaba en el PP cuando se inventó el plástico, con un tarjetón de niño sin familia en el aeropuerto.

¿Es que no sabe nadie en el congreso del PP quién es Rajoy? ¿Puede confundirse con otro al joven Arenas? ¿Hace falta que ambos tengan que llevar colgando, en una zona imprecisa entre el abdomen y el bajo vientre, ese pedazo de plástico que les baila entre la chaqueta, la camisa, la nuez descorbatada y ese jersey en pico, vagamente tirolés, típico del pepero común en acto de partido dominguero. ¿Necesitan ese cencerro que los anuncie? Obviamente, no. Pero su humillación ante tan aparatoso colgante es una advertencia al rebaño: si el pastor lleva esquila, cuidadito, ovejitas.

La felicidad inocultable del Poder

El éxito indiscutible del Congreso del PP, totalmente involuntario, ha sido celebrarlo a la vez que el Congreso de Podemos. Lo mejor de Vistatriste, en esa Caja Mágica que apesta a cloaca desde que la inauguró Gallardón, era Vistalegre. Mientras las tribus telecomunistas defendían el caudillaje de Iglesias contra el acaudillamiento de Errejón, en el PP se han limitado a impedir que la grey plastificada pudiera votara sobre los cuatro cargos de Cospedal, las abortadas enmiendas del grupo pro-vida y, lo más risible, la renuncia a la socialdemocracia que indignó a Maíllo Pantócrator.

Lo único que no se ponía a votación era el líder y lo que nadie podía discutir era la felicidad de los altos cargos estatales, autonómicos y locales. Si en próximos comicios el PP recuperase algunos de los Ayuntamientos y autonomías que tenía en noviembre de 2011, el próximo congreso deberá celebrarse en globo, montgolfier o, mejor, en un dirigible a lo Hindenburg, aquel gigantesco artefacto creado por la Zeppelin que debutó en los aires en 1936 y se estrelló en 1937, cuando cruzaba el Atlántico, con 35 muertos. No hace falta decir que el Hindenburg de Rajoy nunca se estrellará en mar o tierra por la sencilla razón de que jamás alzará el vuelo. Es lo más seguro.

Nunca, en los cuarenta años de democracia que se cumplirán en junio de este año, ha habido un líder de ningún partido político, en el Poder o en la Oposición, que presumiera tan obscena e innecesariamente de su poder como Rajoy. Con esa facundia que espantaría en un país acostumbrado a la libertad política, se ha jactado de que no diría hasta el final qué cargos iba a ocupar todo el mundo en el PP, empezando por el de la Secretaría General. El alarde despótico, además del placer para este personaje torvo y mandón, exponía nítidamente la situación del partido más importante de la Derecha: vosotros no existís. Existe sólo el que yo quiera que exista. Así que chitón. Todos seguiréis en vuestros cargos porque yo sigo. Si no sigo, no seguís. La ovación, estruendosa. Ni las criaturas del Arca a Noé cuando escampó.

Las cloacas siguen manando

Pero mientras el congreso del partido del Gobierno navegaba entre las fétidas nubes de la Caja Mágica, las cloacas policiales del Estado iban destilando mensajes amenazadores para el Estado. Y de pronto, zas, lo que nadie esperaba: Zoido va y disuelve la llamada Brigada Secreta de Interior.

Esta súbita rociada de Zotal en los albañales visoeternos del Estado fue precedida de una aparición del mayor de Los Chicos de Oro, Eugenio Pino, que con Villarejo y García Castaño componían la Triada Inamovible de Interior. Lo de Pino era sonrojante por tres razones: la primera es que se mostraba semianalfabeto en su forma de expresarse y eso siempre humilla al ciudadano que paga los sueldos de tanto lerdo; la segunda, que después de criticar a los jueces por no dejarle detener a los Pujol, decía, con todo descaro, que había ordenado investigaciones por su cuenta acerca del 11M, el Caso Faisán y el Caso Marta del Castillo, que son los tres casos sobre los que hay más sospechas de corrupción policial, falsificación de pruebas y encubrimiento de gravísimos delitos, bien de raíz política o comunes, para beneficio del PSOE, de narcotraficantes, bandas policiales o los tres juntos.

Naturalmente, las denuncias eran otras tantas amenazas sobre cuatro casos que los Gobiernos del PSOE y del PP les encargaron de forma ilegal, hicieron chapuceramente, naufragaron por decaimiento político del fervor de la fiscalía, muy en especial el tratamiento legal del separatismo catalán, y se habían convertido, por su distinto nivel de ilegalidad, en armas de chantaje de unos policías que dejaron de serlo hace varias décadas pero que han sido usados como detectives privados del Gobierno para pesquisas que eran chantajes y chantajes que no pasaban de pesquisas. Si Jordi Pujol está libres y a los de Gurtel, en vísperas del Gran Congreso de Fervor Mariano, les han caído trece años, es porque al Gobierno del PP, como antes al del PSOE, nunca le interesó detener y condenar a Pujolone, sino pactar con él.

Pero como los Chicos de Oro de Interior no son demasiado listos, o al menos no lo ha demostrado el abuelo jubileta, estaban confesando el mismo delito de malversación de fondos que la Fiscalía ha perdonado a los golpistas del 9N, pese a existir facturas sobre los gastos de la Generalidad. Si Pino, Castaño, Villarejo o La Brigada del Micro han perpetrado por su cuenta, sin tutela judicial, investigaciones sobre casos ya juzgados, habrían estado malversando a destajo fondos públicos, delito penado con la cárcel.

Al día siguiente -porque las conversaciones en la Cloaca Máxima han durado tres días en el papel, con eco en los otros cuatro medios en la Red do mana información cloaquil y que citamos hace tres domingos- el mayor de los Chicos de Oro trató de enmendar su torpeza, pero era tarde. Al día siguiente, toda la banda, o sea, el abnegado grupo de investigadores de Interior fue asignado a la División de Personal, que en aquellos tiempos del periodismo sin cloacas era enviarte a Documentación: un exilio apenas disimulado, un ostracismo con trienios, la jubilación laboral sin apelación. Como el renombramiento de Cospedal refuerza a Zoido, cabría esperar del Ministerio del Interior la continuidad en la limpia de cloacas, pero nada es seguro con Rajoy. El Previsible, como él mismo se definió, es imprevisible.

En el principio, fue La Cloaca

Por otra parte, ese peculiar aspecto de Mariano, entre viejo y eterno, vagamente intemporal, recuerda de forma inquietante el gran hallazgo de la ciencia, esta misma semana, en materia de Evolución. Sin buscarlo, ha aparecido el más antiguo de los seres vivos, el más elemental, cuya imagen, como en la triple pantalla del “Napoleón” de Abel Gance, podemos colocar entre las de Rajoy e Iglesias para ilustrar la absoluta perplejidad nacional. Lo han llamado Saccorhytus, tenía apenas un milímetro de tamaño y vivió en el mar hace unos 540 millones de años. Pero tiene la pasmosa peculiaridad de que es un ser-cloaca, en el que ano y boca se confunden, lo que le daría un aire entre el batiscafo y el micrófono. Este sería su aspecto:

saccorhytus.jpg

Los investigadores británicos y chinos que en “Nature” han identificado este microfósil nos lo presentan como “el primer ancestro prehistórico”,”el ejemplo más primitivo” de los deuterostomados, una categoría biológica que llega hasta los vertebrados, “el ancestro común de una gran variedad de especies, el primer paso en la evolución que cientos de millones de años más tarde llevó hasta los humanos”.

Para mí que es el primer fósil del Primer Ministerio del Interior.

Ver artículo original: