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La corrupción española es global, y los datos alarman al resto del mundo.-José Zorrilla/EC-

Foto: Sede en Madrid del ICBC, registrada por la Guardia Civil en febrero de 2016 (EFE)
Sede en Madrid del ICBC, registrada por la Guardia Civil en febrero de 2016 (EFE).
La corrupción en España es global y preocupa al mundo. En el índice de Transparencia Internacional pasamos de la posición 36 a la 41 sobre un total de 176 países. Dentro de la Unión Europea somos el 17 sobre 28. En fin, empatamos en esa clasificación con Brunei y Costa Rica. Y estos datos alarman a los reguladores globales.

Empecemos por la división criminal del Departamento del Tesoro (FinCEN) de EEUU. En marzo de 2015 abre una investigación sobre la Banca Privada de Andorra sospechando blanqueo de capitales en Venezuela, China y Rusia. Las clasificadoras intervienen de inmediato. Fitch baja el rating de BPA de B+ a BB y Standard and Poor se dirige a la propia Andorra a la que hace pasar de BBB+ a BB. Es la segunda caída de clasificación desde octubre del 2014.

Sin embargo es en la sucursal de Madrid donde se esconde el núcleo del problema. Empecemos por la mafia rusa. Gennady Petrov abre camino, si bien hemos de añadir como pieza separada otro gran personaje de ese mundo, Zakar Khalasov, viejo conocido de la policía española. A pesar de los procedimientos abiertos contra ambos, los dos pudieron volver a Rusia, donde no parecen haber encontrado excesivo castigo. En lo referente a China tenemos como referente a Gao Ping, investigado en la propia España por blaqueo de capitales. Finalmente queda por aclarar la operación de arrendamiento inverso de unos dos mil millones de euros a cargo del Banco Santander en la que tiene participación central la fortuna de los Pujol. Aquí la conexión parece ser latinoamericana, esencialmente panameña, si bien juegan un cierto papel otros paraísos fiscales mas cercanos a la propia Europa.

El nombre de Botin vuelve a aparecer en la lista Falciani, en la que ocupa el 10% del total de los fondos opacos. El aludido regulariza su situación con Hacienda y el tema queda resuelto.

Pero todo este ir y venir suscita la inquietud del medio de comunicación de referencia, esto es, el New York Times. Preocupado por las dificultades económicas de todos los periódicos del mundo, al menos los de soporte papel, menciona a El País como tibio con las prácticas corruptas de España.

Un veterano de la casa, Miguel Ángel Aguilar, hace suya la argumentación. Cinco días más tarde el periódico le despide.

Luis de Guindos y los ministros de Finanzas del G5 en un acto en la sede del FMI sobre acciones contra el fraude fiscal, el lavado de dinero y la transparencia a nivel global, en abril de 2016 (EFE)

Luis de Guindos y los ministros de Finanzas del G5 en un acto en la sede del FMI sobre acciones contra el fraude fiscal, el lavado de dinero y la transparencia a nivel global, en abril de 2016 (EFE)

Se destapa la caja de los truenos y se rompe la relación estratégica entre El País y el New York Times. Yo he visto el cuadernillo del NYT, acompañando al medio de cabecera local, en países tan alejados como Georgia y Bolivia. Durante años acompañó a El País. Ya no. Es una mala novedad y una excepción en el panorama de la prensa occidental. Cuando ya se pensaba que el tema estaba mas o menos reconducido, salta a principios de 2016 el escándalo del Industrial and Commercial Bank of China (ICBC) en Madrid. Seis de sus dirigentes, entre ellos los CEO, tanto español como europeo, terminan en la cárcel.

Da esto mas munición al NYT, que pasa a recoger el caso Ana Garrido. En fin, los que seguimos ese medio vemos con alarma que cada vez que se menciona el nombre de España suele acompañarse de la palabra “corrupción”.

Epílogo. Se publica el informe de Derechos Humanos del Departamento de Estado este 2016 y literalmente dice “los problemas mas significativos de Derechos Humanos incluyeron… corrupción sistémica por agentes del Gobierno“.

Del Gobierno o no, todos los imputados están en libertad menos tres empleados del ICBC.

Y en esas estamos. Al respecto, tres observaciones finales.

1.- La cantidad y la calidad de la corrupción española es global. En este campo España es país del G7.

2.- No es ni deseable ni conveniente formar en los malos libros tanto del sector público como privado de la primera potencia del mundo, cuyo zócalo de valores compartimos.

3.-Y aquí, contra mi costumbre, entro en política interior. Es suicida creer que la ciudadanía tiene tanto miedo a Podemos que con corrupción o sin ella seguirá votando PP. Las Facultades de Sociología de todo el mundo tienen miles de libros, papers y artículos sobre el tema del populismo. Y hay unanimidad al respecto. Por mucho miedo que inspire a los electores se llega a un punto de ruptura en el que el votante prefiere los populistas antes que los corruptos.

 

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Valladolid no es España. -Fermín de la calle/Eurosport-

El pasado domingo ocurrió algo extraordinario, inexplicable, inaudito. 26.000 personas llenaron el estadio José Zorrilla para presenciar un partido de rugby. Han leído bien ustedes: rugby.

Llevamos años escuchando que el rugby es un deporte minoritario, viendo como los espónsors dan la espalda a este deporte, constatando cómo mengua el presupuesto federativo y comprobando que son contados los medios de comunicación que dan cabida al deporte oval más allá del VI Naciones, el Mundial o a alguna tángana sacada de contexto.

Pero lo acotencido el domingo se explica por una sola razón: Valladolid. Valladolid no es España, no al menos cuando hablamos de rugby. Es un trozo de Francia implantado en medio de Castilla, un condado inglés surgido a orillas del Pisuerga. El rugby es el deporte rey de Pucela, el que más títulos ha dado a la ciudad, el que más cantera maneja y el que se juega en los dos colegios más emblemáticos: Lourdes y El Salvador. En Valladolid están los dos clubes más potentes de la Liga, lo que mantiene ese tensión no resulta que les obliga a vigilar de reojo al vecino los 365 días del año. Por unos días los dos remaron en la misma dirección. Dos clubes capaces de reunir una docena de patrocinadores para mantener año tras año las aspiraciones de ambos equipos. Y a eso se añade que Pucela tiene un alcalde que ha sabido ver en el rugby el vehículo perfecto para proyectar la imagen de la ciudad en España e incluso en Europa.

Lo que ocurrió el viernes pasó de ola a tsunami cuando se disparó el ritmo de venta de entradas. Se supo que presidiría el partido el Rey (no acudía un monarca al rugby desde 1929) al tiempo que se colgaba el cartel de ‘No hay billetes’ en las taquillas. Y entonces muchos de los que habitualmente se zancadillean en el rugby nacional, en el nombre de los valores por supuesto, quisieron aparecer en la foto. Las marcas cerveceras pactaron la paz pese a la guerra abierta por la Federación, los medios de comunicación vieron una oportunidad para oxigenar sus webs de deportes y las redes sociales se llenaron de buenas intenciones.

Final Copa del Rey de rugby en el Nuevo Estadio José Zorrilla

El día fue espléndido y se cumplieron las mejores expectativas. Pero sería injusto y equivocado pensar que lo ocurrido en Valladolid representa al rugby español. Falso. Lo ocurrido el domingo representa al Principado Oval de Valladolid. Un territorio ajeno a los pulsos asamblearios de clubes que se viven en Madrid o a las luchas de poder de Cataluña, donde el club decano, la Santboiana, ha decidido aislarse para trabajar, harta de desplantes de la federación catalana y la española. En Andalucía se ha creado una liga, la RAMA, paralela a la de la federación porque los clubes no pueden asumir las exigencias económicas de la FAR. Mientras que en Asturias y Galicia han estado a punto de quedarse sin jugar al rugby miles de jugadores por la falta de un seguro, asunto en el que la Federación Española ha dado la callada por respuesta. Y así podríamos pasarnos horas…

El pasado domingo sólo hubo un borrón. Cuando el rey Felipe VI comenzó a colgar las medallas de campeones a los jugadores de El Salvador, no hubo preseas para todos. Es lo único de lo que tenía que encargarse la Federación Española, de eso y de aportar los seis balones con los que se jugó la final. Alfonso Feijoo ni siquiera fue capaz de ‘vender’ el evento a una televisión para apostarle visibilidad y que lo retransmitiera en directo, pese al apetitoso cebo de los 26.000 espectadores. Al final Teledeporte se apiadó, seguramente aleccionada por un Consejo Superior de Deportes ‘obligado’ al confirmarse la presencia real. Pero llegó tarde y comenzó con el partido ya iniciado. Donde vieron perfectamente el encuentro fue en la televisión autonómica de Castilla y León, que se compartió esfuerzos con Terrible Producciones, una empresa vallisoletana que no escatimó medios (como lleva haciendo años) para mostrar la excelencia del rugby, deporte estrella en su panel de retransmisiones.

Lo demás ha sido cosa del mucho y buen trabajo de las gentes de Valladolid y del rugby. Ni un roce entre los aficionados, ambientazo en el tercer tiempo y torneos de todas las edades y sexos en la previa del partido para celebrar este evento histórico que se vivió el domingo en Pucela. Un hito que no se volverá a repetir, no al menos hasta que se lo vuelvan a proponer los vallisoletanos. Porque en cuestiones de rugby, Valladolid no es España. Por más que nos duela. Tienes más de las Highlands escocesas, de los valles mineros del sur de Gales o de la escarpada Irlanda. Aunque afortunadamente esté más cerca y nos siga permitiendo acercarnos al Pepe Rojo un par de veces al año para ver el derbi, tomar un lechazo y regarlo con un Ribera. ¡Gracias Valladolid!

POSDATA: Sabrán perdonar que no me sume a la ola del ‘buenismo’ periodístico que se ha generalizado con este evento. Que me desmarque del cinismo oficialista y esa desinformación teñida de honor y caballerosidad que nos ha tocado digerir sobre las excelencias del rugby patrio. Son demasiado años viendo pasar trenes: aquella Australia campeona del mundo en el Central, la Superibérica, la Copa en la Nueva Balastera, los Barbarians en Elche… ¡Ojalá hubiera más Valladolides!

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