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Violación por tradición. -Jesús Laínz/LD-

HispaniaFortius

¡Oh,Júpiter Tonante, rogamos tu perdón
y que por esta falta nos des tu absolución,
pero es mejor tomarnos las cosas a risión
para no sumergirnos en desesperación!

Porque las feministas, ésas tan femeninas,
tan progres, tan modernas, tan cultas y tan finas,
lo mismo americanas que suecas o latinas,
curiosos gustos tienen en cosas venusinas.

Pues si las miras mucho, ellas te miran mal,
si las cedes el paso, eres un animal,
un bobo, un sinvergüenza, un facha, un criminal
machista, reaccionario y heteropatriarcal.

Para lograr en todo mayor igualación
nos dictan cómo tiene que ser la educación:
regálese a las niñas un casco y un balón
y a ellos una Barbie, un peine y un jabón.

Reinando desde alturas de condición divina,
cualquier error corrige su sabia medicina
pues hasta la natura hay veces que no atina:
hay nenes con huchita y nenas con chilina.

Si claro no lo…

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Sólo tenía una lengua en su boca. -Jesús Laínz/LD-

Karen Blixen, alias Isak Dinesen, relató en su ensayo Negros y blancos en África una historia muy jugosa. Un amigo suyo, Galbraith Cole, tenía una finca ganadera en aquella Kenia colonial de principios del siglo XX. Como los masáis de los alrededores tenían la mala costumbre de robarle reses, Cole les avisó de que la próxima vez que les pillase les pegaría un tiro. Hombre de palabra, al poco tiempo sorprendió a tres cuatreros afanándole una ternera y al más lento de ellos lo dejó seco.

Llevado el asunto a juicio por los dos que escaparon, el juez intentó echar una manita al blanco:

–Evidentemente, usted disparó para espantar a los ladrones.
–No –replicó Cole–. Disparé para matarle, como les había advertido.

–Piénselo bien, Mr. Cole –insistió el juez–. Estamos convencidos de que usted sólo disparó para espantarle.
–Dios sabe que no es así. Disparé a matar.

Ante la insistencia del acusado, al juez no le quedó más remedio que condenarle a abandonar Kenia, lo que supuso su ruina. Pero los masáis guardaron reverente recuerdo del que desde aquel momento apodaron Cole Debr Lao: Cole Sólo Tenía una Lengua en su Boca.

¡Cuán necesitados estamos de hombres así en nuestra indigna España de hoy! Porque el único que ha demostrado estar al nivel de aquel admirable Galbraith Cole ha sido el juez Santiago Vidal al desvelar por completo lo que era un secreto a voces: la conspiración continuada de los separatistas catalanes para dinamitar España desde dentro utilizando sus propias instituciones.

Aunque hayan disimulado sus palabras y sus hechos a lo largo de cuatro décadas, ese disimulo ha ido dejando paso paulatinamente a la exhibición, según su posición se fortalecía, gracias a la parálisis de los gobernantes de la nación. Hay tantos ejemplos que casi sobra el mencionarlos: el honorable Jordi Pujol declarando a ministros de Felipe González su intención de sembrar el terreno para que la siguiente generación cosechase la independencia; el mismo Pujol diseñando en 1990 el plan de dominación totalitaria de Cataluña mediante la utilización partidista de instituciones, enseñanza y medios de comunicación; el honorable Artur Mas declarando: “Tenemos que engañar al Estado”; la familia Pujol saqueando Cataluña, intocable por la ley y con bula para seguir robando; Mas, Puigdemont, Forcadell, Rigau, Tardà, Homs, alcaldes, concejales y mil más incumpliendo, incluso rasgando materialmente, órdenes, sentencias y leyes; y todo tipo de altos cargos de la Generalidad y otros dirigentes separatistas pregonando las acciones ilegales ya realizadas y aún por realizar para conseguir lo que ellos llaman, con su tradicional cursilería, la “desconexión”, es decir, el golpe de Estado.

Nadie podrá decir que no lo sabía. Como el legendario Cole Sólo Tenía una Lengua en su Boca, los separatistas han hecho lo que avisaron que iban a hacer. Lo del lenguaraz Santiago Vidal ha sido simplemente un paso más. Porque seguirán dándose pasos, evidentemente, visto que nadie paga ni económica, ni administrativa, ni política ni mucho menos penalmente por ninguno de los múltiples delitos que los separatistas llevan cuatro décadas cometiendo: prevaricación (art. 404 del Código Penal); desobediencia (art. 410); malversación (art. 432); obstrucción a la justicia (art. 464); rebelión (arts. 472 y siguientes); usurpación de atribuciones (art. 506); incitación al odio (art. 510.1.a); denegación de la prestación de un servicio público (art. 511); ultrajes a España (art. 543); sedición (arts. 544 y siguientes); resistencia y desobediencia a la autoridad (art. 556). Por no mencionar el al parecer inmencionable artículo 155 de la Constitución.

Mientras tanto, nuestros gobernantes, como el juez británico de nuestra anécdota keniata, utilizan su adormecida lengua para balbucear justificaciones en defensa de quienes, por el contrario, sostienen con gallardía la justicia de sus acciones ilegales. Y demuestran cada día, para bochorno y desesperación de los ciudadanos conscientes, que España es un Estado fallido, un Estado que o no puede o no quiere hacer cumplir sus leyes en una parte de su territorio.

Como explicó a menudo Claudio Sánchez-Albornoz, presidente de la República en el exilio, los republicanos, “por no haber sabido mantener el orden, cayera quien cayera”, prepararon el terreno para que Franco se sublevara.

En la Europa del siglo XXI una insurrección militar es difícilmente imaginable, naturalmente, pero los inquilinos de la Moncloa –la palabra gobernantes sería una exageración– quizá debieran tomar nota del ejemplo histórico. Pues de continuar las cosas como hasta ahora, y de permitir que los delincuentes separatistas acaben saliéndose con la suya, sólo puede surgir una crisis nacional en comparación con la cual la de 1898 fue una broma. Y ante eso, ya podrán ir los monclovitas despidiéndose del Partido Popular, del Gobierno, de la Constitución de 1978, de todo el régimen político construido sobre ella y hasta de España.

Porque el desprestigio de personas e instituciones y el enfado de los españoles alcanzaría tal grado que no sería improbable que una buena cantidad de culpables, por acción u omisión, acabaran teniendo que hacer las maletas para nunca más volver a poner su pie en la España residual. Sus Majestades incluidas.

Pedantemos. -Jesús Laínz/LD-

Ya lo dixo el romano (¿o acaso fue el heleno?):
peor es un pedante q’un bicho con veneno,
pues lo confunde todo, lo malo con lo bueno,
lo recto con lo tuerto, lo hueco con lo lleno.

–Pero ¿quién es pedante? ¿Cómo es? ¿En qué se nota?
–Lo definió Unamuno (toma pluma y anota):
pedante es el qu’estudia e incluso saca nota
pero nunca consigue dexar de ser idiota.

S’advierte en su discurso, pesadamente enfático,
inflado, pretençioso, oscuro, problemático,
qu’embauca a los incautos con su verbo enigmático
propio d’un rencoroso, frustrado cathedrático.

Es típico de quienes, una y otra vegada,
envuelven su ignorancia bien emperifollada
y, de forma torcida, artera y rebuscada,
dicen luengas palabras para no decir nada.

En esta Expaña nuestra de próceres ladrones,
de tanto analphabeto con condecoraciones,
nos han salido agora, cual grano en los coxones,
unos profesorciellos de posrevoluciones.

De todos los maestros en giros palabreros,
son ellos los más diestros y los más torticeros
ya que saben que deben non ser nunca sinceros,
pues si les entendieren, veríanse sus cueros.

Siempre están mareando con circunvoluciones,
regates, disimulos, farsas y ocultaciones.
Letal es su proyecto cual jugo de escorpiones,
más cursi es su discurso que cerdo con tacones.

En esto, como en todo, hay jerarquización,
pues non valen lo mesmo mula que garañón.
En parla retorcida habemos campeón:
el oro es, sin dudarlo, ¡para Íñigo Errejón!

El premio sueco ése habría de ganar
por sus aportaciones en ciencia de parlar:
de complicar, tan burdo, saca complejizar,
y el dialogar vetusto es interlocutar.

Manan sus excrecencias d’un núcleo irradiador,
¡atómica ocurrencia d’insoportable hedor!
Fablemos paladino, qu’es fabla de señor:
su verdadero nombre es núcleo engañador.

También son, cual Petronios, árbitros d’elegancia,
y exercen magisterio al regresar de Françia,
pues su sabiduría, de todo menos rancia,
esparcen en lecciones de sin igual sustancia.

Y ansí los Echeniques, Iglesias y Errejones,
tocados por las musas tras santas libaciones
en gratas francachelas ornadas de canciones,
reclaman, muy gallardos, nutricias chupaciones.

Se ve que harto les place facer el maxadero:
recuerden a su jefe fablándole a un madero,
dando muerdos a tíos, gritando pendenciero
o yendo a ver a reyes cual fuera un mamporrero.

Ajuntan a Maduro, el que no usa chaqueta,
pero entre cineplastas se visten de etiqueta,
les place mucho Castro, colegas son de ETA,
y en medio del Congreso se sacan una teta.

Ocultan sus ideas, non se dicen marxistas
ni revolucionarios, ¡y menos, comunistas!
Suena más imponente ser estructuralistas,
gramscianos, tranversales, epistemologistas.

Pero, fablando claro, déjenme que m’explique:
lo que quieren Pablemos, Íñigo y Echenique,
por mucho que lo nieguen, por mucho que les pique,
es anegar España en caca bolchevique.

Termino aquí la trova, señoras y señores.
Abran ojos y orejas ante estos timadores:
non valen luego quejas ni llantos ni dolores
si votan pedantuelos para legisladores.