Archivo de la etiqueta: esmoquin

El esmoquin de Pablo Iglesias. -Antonio Burgos/El recuadro-ABC-

Como hijo del fernandino Real Cuerpo de Maestros Sastres de Sevilla, permítanme que venere al santo por la peana y que glose por el atuendo indumentario la charlotada-mitin de la gala de entrega de los premios Goya (no me trinques nada), en la que anualmente el Sindicato de la Ceja juega a las casitas de los Oscar de Hollywood. Festorro que debe de costarnos un pastón, organizado por una extraña Academia que no es la Española ni la de Bellas Artes, y en el que siempre hay un presentador de TVE que trata de hacerse el gracioso. Este año hasta poniéndose zapatos rojos de tacón de señora, con los que obviamente andaba bastante peor que mi querida María Teresa Campos, a la que presento mis respetos y admiración, pero ante la que debo reconocer (por aquello de “amicus Plato, sed magis Veritas”) que es la señora que peor anda con tacones de España.

La etiqueta de los Goya exigía esmoquin para los señores y traje largo para las señoras. Y esta vez, cosa rara, se cumplió el protocolo, salvo rarísimas excepciones. No pasaba así hace apenas unos años. En la cédula de convite ponía lo mismo sobre la etiqueta exigida, pero los genios y lumbreras de ese cine español que no ve nadie y todos subvencionamos iban antes de trapillo. La mayoría de ellos, con el uniforme oficial de ERC: esto es, con camisa o camiseta negra, sin rastro alguno de corbata. Este año se ha impuesto el esmoquin. Lo que no se ha impuesto, y hago un inciso que brindo a mi querido don Fernando Rodríguez Ávila, es que la gente sepa distinguir entre las tres prendas de etiqueta de los caballeros. Hasta las cronistas de sociedad confunden el esmoquin con el chaqué y el frac con el esmoquin. Cuando son tres prendas distintas y una sola etiqueta verdadera. El chaqué es como un casacón, que describe el DRAE perfectamente: “Prenda exterior de hombre a modo de chaqueta, que a partir de la cintura se abre hacia atrás formando dos faldones, y que se usa como traje de etiqueta con pantalón rayado”. Dicho en sevillano: lo que se ponen los pregoneros de Semana Santa para el atril y los miembros del Consejo de Cofradías para ir saludando a los conocidos en el Corpus. El chaqué no tiene nada que ver con el frac, que es como una chaquetilla corta de torero o de flamenco, hasta la cintura, y que por detrás tiene dos faldones largos; va con pantalón negro; y lleva chaleco y corbata de lazo, negros o blancos según la ocasión sea de ceremonia seria o de fiesta y bailongo de sociedad. Dicho en americano: el frac con chaleco blanco era lo que se ponía Fred Astaire para bailar claqué. Y queda el esmoquin, de menos etiqueta que el frac, pero sin faldones, aunque sí con corbata negra de lazo, y que este año se ha puesto en los Goya hasta el podemita Tío de la Coleta.

El mismísimo Pablo Iglesias que acude a ver al Rey en mangas de camisa y parece el camarero del Bar Manolo que va a llevarle el cafelito de media mañana; el mismìsimo Pablo Iglesias que va de trapillo y oro al Congreso de los Diputados, fue perfectamente de esmoquin, como marcaba el protocolo. Es decir, que Iglesias, vistiendo de esmoquin, da más importancia y le tributa más respeto a sus amiguetes los peliculeros de los Goya que a su Majestad El Rey. Y lo puso mucho peor cuando al que habitualmente va de camisetilla le preguntaron por su etiqueta, y dijo: “Vestir de esmoquin es un gesto de doblar la rodilla ante los trabajadores de la cultura”. Eso de “trabajadores” vamos a dejarlo… Pero ¿cómo dice que dobla la rodilla ante los peliculeros quien ni siquiera inclina la cabeza, como es de elemental educación, ante Su Majestad El Rey?

Como esta castuza no da puntada sin hilo, todo es intencionado y medido. Con su esmoquin alquilado para los Goya, Iglesias quiere demostrar que ni el monarca de este Reino ni la soberanía popular del Congreso y sus partidos mayoritarios le merecen respeto alguno, mientras que se pone de rodillas ante los peliculeros de su cuerda. De rodillas… ¡y a porta gayola si hace falta!

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De la camiseta al esmoquin. -Antonio Burgos/El recuadro-ABC-

Perdonen que insista en sartoriales cuestiones de hábitos que hacen al monje. Es deformación profesional familiar. A mucha honra soy hijo del Real Cuerpo de Maestros Sastres de Sevilla, que fundó Fernando III el Santo, quien por cierto tal día como hoy de 1248 ganó la ciudad a la Alianza de Civilizaciones. Traduzco en términos políticamente incorrectísimos: la conquistó a la morisma y nos incorporó a la civilización europea y a la fe cristiana, librándonos de la babucha. Hablando de babuchas: el domingo le pegaba servidor un babuchazo importante a los diputados y senadores de Podemos e islas y mareas adyacentes, que asistieron a la solemne sesión de apertura de la XII Legislatura de las Cortes vestidos como suelen: de mamarracho y oro. Y uno de ellos, un tal Cañamazo o Coñomero o algo así, enfundado, además, en su habitual camiseta de hombre-anuncio, que lo mismo defiende a los presos condenados por maltrato que olvida que la Institución Monárquica fue aprobada por todos los españoles en el referéndum de la Constitución de 1978. Ah, y recordaba que no aplauden a S.M. El Rey ni aunque se lo mande el médico. Una falta de educación como otra cualquiera. Yo en los toros parece que soy de Podemos: no aplaudo ni al mismísimo Juan Belmonte que bajara del cielo. Pero cuando un torero en triunfo pasa por delante de mi localidad dando la vuelta al ruedo, por mera cortesía y respeto le toco las palmas. No digo yo que estos tiparracos se partan las manos aplaudiendo al Rey, pero al menos unas palmas suavitas sí deberían tocarle. Por ejemplo, como las de S.M. la Reina Doña Sofía, que no sé si lo han observado, pero toca las palmas en alemán.

Dicho lo cual (¿han visto cómo domino ya el Tertulianas?), he visto por segunda vez al Tío de la Coleta, al que habitualmente va desafiantemente en mangas de camisa tanto a La Zarzuela como al Congreso de los Diputados, vestido de esmoquin. Si en mangas de camisa en La Zarzuela parece el fontanero que ha ido a arreglar una cisterna de Palacio, de esmoquin tiene una pinta de metre de comedor de hotel de tres estrellas especializado en viajes del Imserso que no se tiene. No, jefe de sala de Zalacaìn sería demasiado para cómo lo vimos de esmoquin (probablemente alquilado) en la ceremonia de esos Premios Goya de la progresía rampante de subvenciones, que por lo visto le merece más respeto que Su Majestad en Palacio o que la sede de la representación de la Soberanía Nacional. Si a Los Goya fue el gachó de esmoquin, ahora ha aparecido en una revista pija, bastante pija, de moda, con un esmoquin como en segunda prueba, con los hilvanes puestos en la solapa de raso, con un maestro sastre tomándole medida del brazo con su cinta métrica amarilla. ¡Ah, y con un botellín de Mahón en la mano! Eso es imprescindible en un esmoquin bien llevado. Lo ponen las cédulas de convite de las más elegantes cenas: “Etiqueta: señoras, traje largo; señores, esmoquin con botellín de Mahou o de Cruzcampo”.

Hay que tenerla apretada para subrayar más el desprecio a la Corona y a la Soberanía Popular acudiendo a sus sedes representativas de trapillo y, en cambio, no haciendo ascos al burgués, rancio, facha y caduco esmoquin si hay por medio premios Goya o revista pija. Lo cual me da la solución. ¿Se acuerdan que el otro día pedía un portero de discoteca para que no dejara entrar a la Castuza vestida de mamarracho y oro en La Zarzuela o en las Cortes? Tengo una solución mejor, por lo que respecta al Tío de la Coleta que se quiere cargar a España al precio que sea. Basta con que en La Zarzuela, en vez de “Palacio Real”, pongan un letrero que diga: “Premios Goya”. Y en la Carrera de San Jerónimo quitemos lo de “Congreso de los Diputados” y pongamos “Vanity Fair”. Verán cómo el gachó no sólo va de chaqueta y corbata, sino ¡de esmoquin, camisa de pechera dura y corbata negra de lazo, vulgo pajarita!

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