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¿Una prueba falsa? ¡Menuda novedad! -Emilio Campmany/LD-

Un jefazo de la Policía llamado Eugenio Pino, recientemente purgado con ocasión de su jubilación, concede una entrevista a El Mundo. Allí amenaza con desvelar tres informes elaborados por una brigada de revisión de casos creada por él. Uno de ellos tiene por objeto el 11-M. El nuevo ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, tras proponerse limpiar aquella casa, que está peor que los establos de Augías, dice que ha pedido el informe y que nadie lo encuentra. Cuando todo apuntaba a que sólo existía en la imaginación de Pino, el informe aparece. Toda la expectación creada queda en nada a pesar de ser mucho lo que el informe dice. Dice mucho porque concluye, aunque lo diga con otras palabras, que la prueba de la mochila de Vallecas podría ser falsa porque no hay ninguna garantía de que hubiera estado en los trenes. Pero dice poco porque eso ya se sabía y a casi nadie le importó. Cuando el informe llegó a la Audiencia Nacional, fue a parar a las manos del fiscal jefe, don Javier Zaragoza, Mr. Versión Oficial, puesto allí por Zapatero para apuntalarla y mantenido por el PP para lo mismo. Y, como era de esperar, concluyó que el informe no justifica la apertura de ninguna nueva diligencia porque, añado yo, ya se sabía que la mochila podía muy bien ser falsa.

Habrá quien crea que bueno, que podría ser falsa, pero que también podría no serlo. Ya. El problema es que durante la investigación se intentó colar una prueba que se ha demostrado falsa, el Skoda Fabia, que incriminaba a la célula de Leganés como autora del atentado. Si alguien se preocupó de colocar una prueba falsa con el objetivo de culpar a esa célula, ¿no es posible que otras que apuntaban en la misma dirección también lo fueran? Mucho más cuando existen dudas vehementísimas sobre su autenticidad. Encima, el único que está en prisión por estar en los trenes colocando bombas es el que suministró la tarjeta telefónica que apareció en la famosa mochila. Y eso a pesar de no tener ninguna relación con la célula de Leganés. En cambio, el único miembro de la citada célula que sobrevivió y fue detenido fue absuelto del delito de asesinato. No sólo, sino que los análisis de lo que explotó arrojaron elementos que no están presentes en la Goma 2 ECO, que es lo que supuestamente estalló. La Policía argumentó, y el juez y el fiscal se lo tragaron, que las pruebas se habían contaminado. Y si tan fácil era la contaminación, ¿no podían haber sido los elementos de la Goma 2 ECO fruto de una contaminación y ser los otros los del explosivo realmente utilizado?

El 11-M está lleno de falsedades. Y todos, empezando por el juez Bermúdez y acabando por el fiscal Zaragoza, lo saben. Entonces, ¿cómo iba a ser relevante un informe que se limita a apuntar la posibilidad, más bien la probabilidad, de que la mochila de Vallecas era una prueba falsa? ¡Menuda novedad!

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Cloacas desbordadas. -Emilio Campmany/LD-

La Convergencia de Mas se echa al monte, se hace independentista y empiezan a salir cuentas de los Pujol como robellones en otoño. No sólo cuentas, también coches y bolsas de basura preñadas de billetes de quinientos euros, además de la novia de Pujol junior. Pero nadie va a la cárcel. Pujol comparece ante el Parlamento catalán y amenaza con tirar abajo todo el árbol si siegan su rama. Y, claro, nadie saca la sierra eléctrica. Luego, salen viejas informaciones del rey entreveradas con una posible cuenta en Suiza. La Convergencia de Puigdemont amenaza con volver a celebrar el referéndum, que no se sabe cuántos necesitan convocar antes de reunir el valor suficiente para proclamar la independencia de Cataluña, y la Guardia Civil hace una redada en Barcelona y arresta a un puñado de políticos corruptos del partido que fundara Jordi Pujol. Hay un pendrive en la Audiencia Nacional, entregado por la UDEF como prueba contra los Pujol, que quizá sea el fruto de un pirateo informático ilegal, con lo que las pruebas contra ellos serían anuladas. No sólo, sino que aparece un segundo pendrive que un policía dice haber encontrado haciendo limpieza en su despacho que no se sabe qué contiene. Hacen luego una entrevista a un policía jubilado y dice que hay informes muy interesantes, especialmente del 11-M. No cuenta lo que dicen porque no los ha leído. Y todo ello en medio de una gresca en la que están metidos varios policías, todos ellos con impagables servicios a la patria que no nos pueden detallar, entre los que se encuentra uno llamado Villarejo que, mientras los prestaba, se hizo millonario.

¿Qué está pasando? No es fácil saberlo, aunque pueden darse algunas cosas por seguras. La primera es que de la fortuna que los Pujol amasaron mientras el jefe del clan ocupaba la presidencia de la Generalidad no nos habríamos enterado si Convergencia se hubiera limitado a hacer lo que siempre hizo, pedir dinero por redondear las mayorías parlamentarias de PSOE y PP. La segunda es que, aunque se haya expuesto parte de la porquería que guardan en el trastero, los Pujol no pueden ir de ninguna manera a la cárcel porque entonces saldría la mucha que hay en otros ilustres desvanes, incluido el de nuestro rey emérito. La tercera es que, después de que se atrevieran a filtrar la grabación que al ministro del Interior le hicieron en su despacho, el PP está intentando limpiar la Policía. Con su acostumbrada torpeza, ha dado sin querer una patada al avispero, provocando una guerra sorda entre las facciones que se reparten el poder y de las que no se sabe si hay alguna de la que uno pueda fiarse. No sólo, sino que alguna de ellas, por evitar ser arrumbada, amenaza con sacar más estiércol del mucho que han generado quienes han gobernado España en estos últimos años. Lo más probable es que al final nadie pague por los muchos desmanes cometidos, las aguas negras se calmen y las cloacas del Estado dejen de emanar hedores. Lo cual no quiere decir que no vayan a seguir tan sucias como siempre.

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Nombramiento e independencia de los jueces. -Emilio Campmany/LD-

Donnald Trump acaba de designar al juez que ha de cubrir la vacante del fallecido Antonin Scalia en la Corte Suprema de los Estados Unidos. Habiéndose negado el Senado a considerar siquiera la confirmación del candidato de Obama, hubo quienes votaron a Trump, a pesar de repugnarles el personaje, para que fuera un republicano quien cubriera la plaza y garantizara que el tribunal seguiría siendo de mayoría conservadora. El presidente ha elegido a un buen juez, Neil Gorsuch, que tiene sin embargo el intolerable defecto de interpretar las leyes por lo que dicen y no por lo que a la izquierda le gustaría que dijeran.

Alguna vez que me he quejado de la escasa independencia de la que disfruta el Poder Judicial entre nosotros porque a los altos cargos de la Magistratura los nombran los políticos, me han afeado el comentario alegando que eso ocurre igualmente en Estados Unidos y nadie duda de la limpieza de su democracia. Es verdad que Norteamérica disfruta de una gran democracia, pero en ella el modo en el que se garantiza la independencia del Poder Judicial no es lo más brillante. En cualquier caso, los nombramientos que se hacen en Estados Unidos son vitalicios, mientras que aquí los cargos más importantes se eligen por tiempo determinado. Esto permite repartir premios y castigos según se hayan portado los designados al final de sus mandatos. En segundo lugar, en Estados Unidos muchos de los nombramientos del presidente tienen que ser ratificados por el Senado. Se me dirá que aquí a veces el Congreso y el Senado eligen a los magistrados del Tribunal Constitucional o a los miembros del Consejo del Poder Judicial. La diferencia es que allí los senadores son independientes y responden ante sus electores, mientras que aquí diputados y senadores tan sólo responden ante el partido, que es el que decide si van o no en las listas.

Por último y más importante, aunque allí los jueces resuelvan según su ideología, no lo hacen conforme a las órdenes de los políticos. Aquí también hay magistrados conservadores y progresistas en los altos tribunales, pero no para resolver conforme a sus ideas, sino para obedecer las instrucciones de los partidos que los nombraron. Pondré un ejemplo. Al Gobierno del PP le convino en una ocasión que el Tribunal Supremo ilegalizara a Herri Batasuna, y el Supremo la ilegalizó. Y luego a ese mismo Gobierno, que estaba negociando con ETA, le interesó que el Tribunal Constitucional revocara la sentencia del Supremo, y el Constitucional la revocó. Éstas no fueron resoluciones conservadoras o progresistas, fueron resoluciones obedientes.

El PSOE es el responsable de esta situación, pero el PP ha prometido en dos ocasiones repararla y no lo ha hecho. Al contrario, tanto Aznar como Rajoy han abusado cuanto han podido del sistema, sin importarles echar encima de la Justicia más barro del que ya le echó el PSOE. El sistema de nombramiento de jueces para altos tribunales no es lo mejor que tienen en Estados Unidos, pero que el equívoco no quede entre nosotros: el nuestro es peor.

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