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El sueño de Mariano. -F.J.Losantos/LD-

Los sueños, según Freud, suelen ser una manifestación de deseos inconfesables y terrores inconfesados. Todas las civilizaciones antiguas vieron en los sueños algo más que sueños, por eso dieron a su estudio e interpretación categoría de saber real, aunque sujeto a adivinación. En su monumental trilogía La interpretación de los sueños, Freud reúne al modo de un antropólogo de lo oculto la compleja simbología que encierra lo soñado en lo referente a sexo, muerte, dinero, odio y amor. Una suerte de idioma universal que para el deísmo egipcio, el politeísmo romano y los monoteísmos judío, cristiano e islámico, amén del budismo y el hinduismo, siempre significa algo, aunque haga falta talento para entender el qué.

Lo que ahora sabemos de los sueños es que suelen ser muy breves y que casi todos los que recordamos son modos de defensa del sueño para no abandonarlo. No hay soldado que no haya soñado que una sirena anuncia bombardeo cuando lo que suena es el desagradable timbre del despertador. En general, cuantos más problemas nos aguardan en el día que llega, más nos aferramos al sueño para demorar o conjurar la tarea que nos espera.

Si a Rajoy, con la única y poco creíble excepción de Marhuenda, se le considera un vago de siete suelas no es porque creamos que no trabaja sino porque sabemos que hace todo lo posible para no hacerlo. Berlanga decía que él tenía que trabajar muchísimo para vaguear lo que le pedía el cuerpo. No ha habido presidente del Gobierno, ni siquiera Zapatero, que haya diferido, aplazado, camuflado o eludido de forma tan sistemática la ejecución de sus responsabilidades. Nunca un Poder Ejecutivo, o sea, un Gobierno, se ha mostrado tan poco dispuesto a ejecutar, es decir, a asegurar el cumplimiento de la Ley. Y nada lo ejemplifica mejor que su actitud ante el Golpe de Estado de la Generalidad de Cataluña, que se niega a combatir.

El deseo de ir a Elecciones y la necesidad de ocultarlo

Pero su situación actual es particularmente compleja. Él desea ir a nuevas elecciones el 18D, pero no puede expresar públicamente su deseo. Por eso cada mañana, cuando suene el timbre y para defender su amada situación horizontal, Mariano imagina la forma en que ese deseo puede concretarse sin necesidad de exponerlo al desnudo o de desnudarse ante los demás. Por supuesto, sabe que lo que le espera es una sesión de investidura a cara de perro, así que su imaginación debe emplearse a fondo para que el resultado sea alcanzar lo que quiere, que es ir a las urnas en Navidad, sin que parezca que es él, sino otro, el que nos lleva.

Naturalmente, el objeto de su inconfesado pero vehemente deseo es que el PSOE no se abstenga, y que la esperpéntica defenestración de Pedrononojamás se traduzca en no-pero-sí, sí-pero-no-del-todo o sí-y-no. Lo que sueña Mariano mientras trata de retrasar unos segundos –que es lo que dura ese último sueño- es que el PSOE finalmente le dice no, o le dice sí de tal modo que ante la opinión pública él pueda decir: señorías, así, no.

La venganza de Pedro Sánchez

Y como después de tantos años creo adivinar por donde deambula el soñoliento deambular marianil, el sueño de la investidura fallida empezaría por un plúmbeo discurso como el de la pasada, apenas interrumpido por los bostezos de los diputados, salvo Ana Pastor, que se soldaría la mandíbula. A continuación, llegaría el discurso del representante del PSOE, que puede ser Equis. El portavoz sociata enumeraría todas las razones para votar No, explicando luego cómo las necesidades del país, o sea, España, llevan a su partido a una abstención técnica para facilitar la investidura, siempre que se vea que se trata de evitar unas terceras elecciones pero nunca de dar un cheque en blanco a un político que hace tiempo que se quedó sin fondos,

Hasta ahí, bien. Pero llegará el turno de Pablenin. Y tras evocar a todos los fusilados por los Reyes Católicos, aunque entonces no hubiera fusiles, y achacar al franquismo el Cambio Climático, terminará aullando al revés –signo satánico- el célebre dicho de la Bruja Avería: “¡Muera el Mal, /muera el Capital!”, añadiendo “¡Y que diga Sánchez / si le parece mal!”

Entonces, por alusiones, se levanta Pedro Sánchez, y con esa voz suya de tonel vacío, tronitonará que, efectivamente, el PSOE tiene que votar no y no y solamente no y mil veces no y archirequetenó a Rajoy. Y pedirá a Susana Sumelzo, si en su noble conciencia baturra, cabe votar otra cosa que no sea no, y ella dirá que no, y emplazará a Oscar Luena a decir si le parece razonable que el PSOE pueda abstenerse, y por alusiones hablará Luena, y dirá que nones, y este apelará a la conciencia de Meritxell, y qué va a decir Meritxell sino que no es no y que en catalán es que mai es mai.

Ese será el momento en que los podemitas, los separatistas y los pedristas se podrán a gritar “¡Fuera, fuera!”. El pandemónium en la Cámara será indescriptible. Y cuando Ana Pastor, tras suspender la bronca o sesión, la reanude y le dé la palabra al candidato a la Presidencia del Gobierno, Rajoy dirá que, aunque le duela, no puede gobernar teniendo enfrente a esa jauría. Y que espera que las urnas coloquen el 18D a cada uno donde se merece. Y al PSOE a meditar si un partido así puede aspirar a otra cosa que la irrelevancia. En medio de un follón monumental, con gritos de “¡Fuera, fuera!” de unos contra otros, se levantará la sesión, habrá elecciones, se celebrarán y…

…y Mariano, acariciando una botella de Anís del Mono, la de los villancicos, convertida en Anís del Voto, que se llevó a la cama la noche anterior con tenedor y todo, se despertará.

Pero pensará que, a veces, los sueños se cumplen.

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Género de terror. -Luis Herrero/LD-

Gritos, caos, insultos, llantos, empujones… La crónica del día más amargo de la historia del PSOE tras la restauración democrática no ahorró ninguna de las emociones fuertes propias de los berrinches barriobajeros. El PSOE está roto. Se ha partido en dos. Ha saltado por los aires. Será un necio quien se alegre del desastre. Es tan denso el humo que rodea el campo de batalla que no es posible calibrar todavía con precisión la magnitud de la catástrofe. Se impone la necesidad de tomar distancia y analizar lo que está ocurriendo -esto aún no ha terminado en absoluto- pasando por encima de los detalles más grotescos de navajeo en el West Side de la izquierda española.

Ni Tarantino se hubiera atrevido a escribir el guión de la película que vimos el sábado: blasfemias contra el dios Felipe González, amenazas contra los baluartes que guardan los últimos residuos del poder territorial de un partido deshecho, imprecaciones contra las vacas sagradas de la que todavía es primera fuerza de la oposición. A pesar de sus muchas sombras, el PSOE ha sido, durante los últimos 40 años de su historia, uno de los pilares donde se ha sustentado la estabilidad democrática española. Ahora, las imágenes votivas de casi todos los líderes que lo hicieron posible están siendo profanadas por muchos de sus antiguos feligreses. El legado de Guerra, Solana, Bono, Rubalcaba, Almunia, incluso el del hombre que lo jodió todo, Rodríguez Zapatero, heredero legítimo -y pródigo- de sus egregios antecesores, está siendo apedreado, zarandeado, derribado y pateado por los instigadores de una militancia a la que el déficit institucional del partido ha conferido poderes asamblearios.

Esa es una de las cosas que está en juego, sin duda: la pervivencia de la estructura representativa de la democracia. La nueva izquierda clama por masificar las tareas directivas de la política. Rejón de muerte a teoría de la minoría selecta. Barra libre a lo que Ortega denominaba “la democracia morbosa”. Con esa bandera en ristre se abrió paso Podemos entre la ruinas de la ramplona “aparatocracia” de la vida pública. La “casta”, al paredón. El problema es que ese discurso era un vil engaño. En cuanto Pablo Iglesias alcanzó su objetivo de hacerse un hueco de postín en el tablero político comenzó a desandar el camino recorrido y a instaurar en su estructura organizativa todos los rigores canónicos de las viejas cúpulas partisanas. El pablismo es, corregido y aumentado, lo que fue el felipismo, o elzapaterismo, o el aznarismo, o el rajoyismo.

Sánchez pretendía recorrer el camino inverso: ir de la verticalidad institucional de los órganos del partido, sin corregir sus defectos de funcionamiento, a la horizontalidad asamblearia del clamor bélico de las bases. Pero no para transferirles el poder de decisión -eso era una patraña-, sino para recibir de ellas una suerte de legitimidad omnímoda que le permitiera regresar después, al más puro estilo podemita, al control férrero, monárquico, caudillista, de la fortaleza conquistada. Su grito de guerra para arengar a la militancia era “o yo o un gobierno de Rajoy“. Y ahí radica precisamente, me parece a mí, la madre del cordero.

Lo que estaba en juego en el Comité Federal del sábado no era otra cosa que una pura batalla de poder. De poder a cualquier precio. Sánchez sabía, como todo hijo de vecino, que unas terceras elecciones iban a ser apocalípticas para su partido, ya pulverizado electoralmente en las dos anteriores, y en consecuencia también para su propio liderazgo. No creo que la idea de tener que abandonar el escenario político por la puerta de atrás, como un difunto de tercera que ha convertido el PSOE en un camposanto sin hálito de vida, le hiciera ninguna gracia. Sus planes no pasaban por ese suicidio cutre, sin grandeza alguna, propio de un loco que ha llevado a los suyos al abismo. Estoy convencido de que, en el telar de la rebotica, ya tenía tejida una mayoría parlamentaria con Podemos y los partidos soberanistas catalanes. Iceta lo confesó en público. Esa coalición a lo Frankenstein no sólo hubiera evitado la repetición electoral, sino que además le hubiera abierto las puertas del Gobierno y le hubiera aherrojado durante el resto de la legislatura a la secretaría general de su partido.

Para consumar el plan necesitaba, además del concurso de los socios independentistas, la liquidación de la resistencia interna que le impedía avanzar en esa fatídica dirección. Y de eso iba el Comité Federal. Sólo de eso. De ganar el duelo al sol que le enfrentaba a Susana Díaz, la aduanera de las famosas líneas rojas que ella misma había impuesto envuelta en la bandera nacional, y a los barones territoriales que la respaldaban. Desde ese punto de vista, la derrota de Sánchez es una buena noticia. Pensando en los intereses razonables de la mayoría, y dado que era inevitable que hubiera muertos y supervivientes, el saldo del tiroteo sabatino es el más razonable de los posibles. Los cadáveres que yacen en el suelo son los de quienes habían puesto sus intereses personales por encima de todo lo demás.

A partir de ahora, el camino a una salida pactada se despeja. Sería absurdo que la catarsis sangrienta de Ferraz no ayudara a desbloquear el atasco político que vive España desde hace casi un año. La batalla socialista la han perdido los apóstoles del único gobierno alternativo posible y ahora sólo quedan en pie dos opciones excluyentes: o PP con la abstención del PSOE o terceras elecciones. Si el Comité Federal que tiene que deshojar esa margarita el próximo sábado mantuviera el “no es no” de Pedro Sánchez, el partido estaría abocado a quemar a otro candidato en una batalla electoral abiertamente suicida. Lo razonable es pensar que, a estas alturas, algún José Enrique Serrano de la nueva situación haya comenzado a negociar con el PP, entre bambalinas, alguna contrapartida a la abstención que les permita salvar la cara ante su militancia atribulada. El problema, para ellos, es que no pueden situarse por encima del mercado. Al PP no le importa demasiado una tercera consulta a las urnas, casi al contrario, y no pagará por evitarla un precio demasiado alto. Veremos en qué acaba el regateo. Entre el gratis total y la cabeza de Rajoy deberían encontrar un punto intermedio para poder avanzar hasta la siguiente casilla: el fin del impasse. Lo que nos aguarda allí ya es otra historia, aunque mucho me temo que del mismo género de terror.

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La vergüenza de pactar

El blog de Santiago González

Hoy, en mi columna de El Mundo

pactoAl PP se le ocurrió hacer una martingala, para que las consecuencias del bloqueo cayeran sobre el responsable principal del mismo. Si queréis terceras elecciones, explicad al personal que irán a votar el día de Navidad. Era una idea demasiado perversa para un personal tan cauteloso de suyo y tan acostumbrado a cargar con complejo de culpa, incluso cuando la culpa es de otros. Que se lo pregunten a su candidato Alonso que se ha visto obligado a dar explicaciones por la tortura y asesinato del etarra Joxi Zabala en 1983. La candidata abertzale, Miren Larrion, presente en el debate de ETB, calificó a Pilar Zabala de víctima y acusó a Alfonso Alonso de ser ‘uno de los responsables’.

En este ambiente, una vez establecida la fecha más que probable, a los populares les entró el temor de que el dedo de la…

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