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El gráfico que demuestra que el objetivo de déficit del Gobierno es una burla. -D. Soriano/Libremercado-

La AIReF afirma que es “probable” que este año se cumpla con el objetivo de déficit… pero esto tiene una segunda parte.

El Gobierno español quizás cumpla este año con el objetivo de déficit. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha publicado este jueves una nota de prensa en la que asegura que es “probable” que el conjunto de las administraciones públicas alcance este año la meta marcada: el equivalente al 4,6% del PIB.

Parece una gran noticia. Por primera vez, la AIReF habla de un cumplimiento “probable”. En abril de este mismo año, su diagnóstico era “improbable” y en su anterior estudio era “muy improbable”.

La AIReF es un órgano de control que el Gobierno creó hace un par de años a petición de Bruselas. El objetivo era que un organismo independiente vigilase las cuentas públicas y emitiese informes al respecto. Y lo cierto es que hasta el momento está cumpliendo muy bien su labor. Muchos de los informes que ha publicado han demostrado la inexactitud de las previsiones del Gobierno. Por ejemplo, el documento que publicó en julio era demoledor con las cuentas de Hacienda.

Por eso, que hayan cambiado su pronóstico tiene una enorme relevancia. Pero hay un pero. Y también está muy bien explicado en el propio informe de la AIReF. En realidad, está resumido en el gráfico que puede verse a continuación. Es cierto que cada vez el cumplimiento es más probable… pero es que el objetivo también va cambiando según pasan las semanas.

Claro que es más sencillo cumplir con el 4,6% que España pactó en el Consejo Europeo del 2 de agosto. Hay que tener en cuenta que el objetivo inicial para este año era del 2,8%. Luego pasó al 3,6% tras una dura negociación entre el Gobierno y Bruselas. Y ahora tenemos un punto más del PIB de margen. Bueno, pues ni siquiera así es seguro que cumplamos, sólo “probable”.

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Y aquí hay al menos tres consideraciones que hacer: en primer lugar, España lleva desde 2008 con un déficit público superior al 3% del PIB que marca el Pacto de Estabilidad de la UE. Si también incumplimos este año, serán nueve ejercicios seguidos de incumplimiento, los tres últimos incluso aunque estamos teniendo un fuerte crecimiento económico. No se sabe cuándo, pero puede que en algún momento el resto de los países de la UE se cansen de esta situación. No hay que olvidar que la deuda española está avalada, explícita o implícitamente, por la Eurozona y la política del BCE: sin el respaldo alemán nuestra posición ante los mercados y los precios a los que colocamos la deuda serían muy diferentes.

En segundo lugar, ese déficit lo tendremos que pagar los contribuyentes españoles antes o después. La negociación con Bruselas es un tema político. Pero consigamos más o menos margen en la UE (y hay que reconocerle a Luis de Guindos que es capaz de sacarle unas buenas condiciones al resto de países de la Eurozona año tras año, aunque no cumplamos nunca) para el ciudadano que paga impuestos eso no es ningún alivio. Y para la salud de la economía española es igual de preocupante.

Por último, queda claro que al Gobierno de Mariano Rajoy el equilibrio de las cuentas públicas no le importa en exceso. Sí, hacen muchas declaraciones al respecto, pero esas palabras no están respaldadas por los hechos. La realidad es que lo único que parece relevante para el ministro de Hacienda y el presidente del Gobierno es poder decir que han cumplido con el objetivo pactado con otros políticos en Bruselas y mantener así el respaldo de los gobiernos europeos. Desde fuera, este proceso (cumplir sólo cuando cambian el objetivo inicial) parece como hacerse trampas al solitario, como el mal estudiante al que los padres bajan cada día el nivel de exigencia para no enfrentarse a la realidad de su fracaso (luego hay algunos que incluso le hacen un regalo a final de curso por haber suspendido sólo 6). Pero eso a los políticos españoles parece no preocuparles.

Pues bien, si eso es lo importante, hay que reconocerles un logro: hoy es más “probable” cumplir que hace cuatro meses. También es cierto que si el objetivo fuera el 7% seguro que lo lográbamos, por lo que ahora sólo hay que conseguir que Bruselas nos lo firme. O mejor aún, si fuera del 15% podríamos presumir de quedarnos 10 puntos por debajo… Eso sí, también hay que decir que este Ejecutivo es especialista en ir subiendo los objetivos de déficit e ir incumpliendo los nuevos límites. A comienzos de 2017 habrá que ver si esta vez, por fin, el 4,6% sí es definitivo.

Las conclusiones de la AIReF

En cualquier caso, más allá de la cifra concreta, las principales conclusiones del informe de la AIReF son las siguientes:

“La previsible reducción de los gastos en casi un punto del PIB y la ampliación del objetivo de déficit hacen probable su cumplimiento”

“La evolución de los ingresos, menos favorable que lo esperado, parece deberse a un mayor efecto negativo en la recaudación de la reforma de los impuestos sobre la renta”

“Los recientes cambios normativos en el Impuesto sobre Sociedades dirigidos a la reducción del déficit público permitirán una evolución positiva de este impuesto en el segundo semestre del año, invirtiendo la tendencia registrada hasta la fecha; sin embargo, no sería suficiente para alcanzar la previsión presupuestaria”

Ver artículo original:

El populismo fiscal del PP, responsable del incumplimiento del déficit. -Juan R. Rallo/Libremercado-

El Gobierno del Partido Popular incumplió el objetivo de déficit público en el año 2015: en lugar de cerrar con un desequilibrio presupuestario equivalente al 4,2% del PIB, lo elevó hasta el 5%. Un desajuste de 8.500 millones de euros por el que Bruselas a punto de estuvo de sancionarnos —con razón–.

Como es bien sabido, todo déficit público es consecuencia de que los gastos del Estado superan sus ingresos y, por tanto, la desviación anterior necesariamente habrá de deberse a que el Gobierno no fue capaz en 2015 de incrementar sus ingresos o de recortar sus gastos lo suficiente. Acaso uno podría exculpar parcialmente al Ejecutivo si tal fracaso fuera resultado de su omisión, es decir, de no haber sido diligente a la hora de adoptar las medidas pertinentes para asegurarse un incremento de la recaudación o, idealmente, una rebaja de los desembolsos. Pero no, el incumplimiento del objetivo de déficit público de 2015 fue consecuencia del comportamiento doloso del PP a la hora de reducir los ingresos públicos e incrementar los gastos.

Empecemos por los ingresos: la semana pasada, la Agencia Tributaria publicó su Informe Anual de Recaudación Tributaria correspondiente al año 2015. En ese informe se estima que la reforma fiscal que aprobó el PP durante ese ejercicio se tradujo en una pérdida de recaudación de 5.900 millones de euros: 4.800 millones imputables a la rebaja del IRPF y 1.100 millones a la de Sociedades. Es decir, a pesar del gigantesco déficit que todavía arrastrábamos, los populares optaron por desprenderse de casi 6.000 millones de euros antes de las elecciones generales.

Sigamos con los gastos: el año pasado, el Gobierno del PP decidió devolver a los empleados públicos la paga extra que les había sido suprimida en 2012. Esta medida absolutamente innecesaria y caprichosa conllevó un aumento bruto del gasto de 4.000 millones de euros; pero dado que la Agencia Tributaria estima en su informe que contribuyó a incrementar la recaudación por IRPF en 300 millones, podemos cuantificar su coste en 3.700 millones.

En definitiva, las medidas electoralistas adoptadas por el PP en 2015 incrementaron directamente el déficit público en 9.600 millones de euros. Aun cuando quisiéramos considerar efectos keynesianos de segunda ronda (o sea, el aumento de la recaudación en otras figuras tributarias como consecuencia del impulso al crecimiento impreso por el déficit), probablemente nos moveríamos en un coste neto de las medidas electoralistas del PP de entre 7.000 y 8.000 millones. Dicho de otro modo: prácticamente todo el incumplimiento del déficit de 2015 fue consecuencia de las políticas compravotos que articuló el Partido Popular antes de las elecciones: bajar impuestos no recortando los gastos sino aumentándolos, esto es, endeudándonos a todos.

El partido del rigor presupuestario apostó decididamente por el populismo fiscal: usaron nuestro dinero y el de nuestros hijos para perpetuarse en el poder. Parece, eso sí, que les ha salido bien. Reincidirán.

Ver artículo original:

El 80% del déficit autonómico es culpa del gasto excesivo, no de la baja recaudación. -M. Llamas/Libremercado-

Al igual que sucede en Medicina, si el diagnóstico sobre un determinado problema económico es erróneo, la solución a aplicar no solo no será efectiva sino que, en última instancia, acarreará consecuencias negativas y contraproducentes.

Esto es, precisamente, lo que ha sucedido en España a lo largo de los últimos años para afrontar el problema del déficit público. Primero el PSOE y después el PP han creído, erróneamente, que el origen del histórico agujero fiscal que registró el país tras el estallido de la crisis se debe al desplome de la recaudación y no al mantenimiento de unsector público sobredimensionado.

Y puesto que ningún Gobierno -ni partido político- ha cuestionado esta afirmación, socialistas y populares se han dedicado a subir de forma muy sustancial los impuestos que soportan familias y empresas en lugar de acometer una profunda reestructuración estatal, con el resultado ya conocido por todos: incumplimiento reiterado de los objetivos de déficit y líderes europeos en desequilibrio presupuestario, tan solo superados por Grecia.

El Banco de España (BdE), con Luis Linde a la cabeza, ya advirtió en 2012 que el problema del déficit era “estructural” (exceso de gasto) y no “coyuntural” (caída de ingresos) como ha defendido el Gobierno de Mariano Rajoy. Pese a ello, en España se ha instalado el discurso de que se han aplicado fuertes recortes de gasto, cuando los datos señalan justo lo contrario.

A saber, que el gasto público sigue siendo excesivo y que, por tanto, la tan manida austeridad brilla por su ausencia. El BdE, BBVA Research o la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) han elaborado diversos análisis al respecto, pero sus advertencias siguen sin ser tenidas en cuenta por los políticos.

En su nuevo estudio sobre la evolución de las finanzas autonómicas entre 2003 y 2015, publicado este jueves, Fedea pone otra vez en evidencia la errónea estrategia seguida por Zapatero y Rajoy contra el déficit. En este sentido, cabe recordar que las autonomías concentran más del 50% del gasto público total, ejerciendo además las competencias en materia de Educación y Sanidad, objetivo principal de las denuncias sobre los recortes. Además, el autor del informe, Ángel de la Fuente, es uno de los asesores de confianza del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.

La evolución de las cuentas autonómicas en términos reales, una vez realizados los correspondientes ajustes contables, presentan tres fasesclaramente diferenciadas:

  1. Entre 2003 y 2009, gastos e ingresos crecen de forma muy sustancial al calor de la burbuja crediticia. Aquí cabe señalar que, pese a que la recaudación fiscal se hundió tras el estallido de la crisis, el reparto de ingresos autonómicos se efectúa con un retraso de dos años, en base a unas previsiones presupuestarias que Zapatero infló, de modo que las CCAA recibieron mucho más dinero del debido en 2008 y 2009.
  2. Entre 2010 y 2013, gastos e ingresos caen de forma intensa para luego estabilizarse.
  3. Entre 2014 y 2015, las autonomías relajan sus ajustes, con lo que los déficits tienden a estancarse -ver gráfico-, incumplimiento así holgadamente sus objetivos de estabilidad presupuestaria.

El gasto se mantiene en niveles de burbuja

En concreto, según el estudio, los ingresos de las CCAA aumentan en torno a 15 puntos porcentuales entre 2003 y 2009, se desploman seguidamente más de 20 puntos en dos años y vuelven después prácticamente a su nivel de origen, situándose en 2015 unos 2,3 puntos porcentuales por debajo del nivel observado en 2003.

De la misma forma, el gasto creció 30 puntos entre 2003 y 2009, y se ha reducido desde entonces en 20 puntos, lo que nos deja 10 puntos por encima del registro inicial, alcanzando un nivel de gasto sobre PIB similar al observado en 2007, tal y como refleja el siguiente gráfico

Puesto que los ingresos se sitúan 2,3 puntos por debajo del nivel registrado en 2003 y los gastos se mantienen 10 puntos por encima, elaumento del déficit autonómico registrado durante este período (equivalente al 1,49% del PIB) “se debe en un 18,6% a la pérdida de ingresos en relación a su nivel de partida y en el 81,4% restante al incremento del gasto”, destaca el informe.

Así pues, el descuadre de las cuentas regionales -al igual que sucede en el conjunto del Estado- no es fruto de una cuestión meramente coyuntural, como la caída temporal de la recaudación fiscal, sino que responde a un problema estructural derivado del exceso de gasto.

Las CCAA dispararon el gasto público durante los años del boom gracias a los ingresos extraordinarios (e irreales) generados por la burbuja inmobiliaria, pero cuando estalló la crisis esos recursos se evaporaron, hundiéndose a niveles propios de 2002-2003, mientras que las estructuras regionales apenas se han ajustado, permaneciendo así en niveles propios de 2007, en el pico de la burbuja.

La estrategia de PSOE y PP ha sido, pues, errónea, ya que han intentado incrementar los ingresos mediante subidas de impuestos para mantener en pie un sector público sobredimensionado, en lugar de corregir los excesos cometidos en el pasado. Esa recaudación fiscal extraordinaria no regresará en ausencia de nuevas burbujas, de modo que los españoles están condenados a sufrir una mayor presión fiscal y/o un elevado déficit público a no ser que se acometan importantes recortes de gasto.

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