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De Carmena al cielo. -Jorge Bustos/El Mundo-

Muchos compatriotas disfrutan ante el conato de rebeldía, el golpe de autoridad, el desfile de los ideales. A mí, por alguna malformación espiritual, me emocionan desde siempre los procesos de maduración, el espectáculo de la serenidad y la asunción del crudo realismo. No es que vea algo indigno en toda emoción colectiva, como Borges: es que lo veo en casi todas las individuales. Por eso contengo el entusiasmo cuando veo a Errejón entrando en el Congreso con una chaqueta, desafiando a sus camaradas en camisa de leñador. O cuando oigo a Rita Maestre, la misma que fantaseaba a pecho limpio con iglesias en llamas, presumir hoy de la reducción de la deuda. Impactantes documentales en los que la larva de asamblea da paso trabajosamente a una mariposa representativa y parlamentaria. Y por eso debería aplaudir a doña Carmena, que excepcionalmente tomó una decisión basada en la ciencia y ceñida al protocolo.

Sin embargo ayer la restricción del tráfico no terminó de excitarme. El problema existe, desde luego: la boina de polución rivaliza en negrura y terquedad con la de Baroja, la densidad del tráfico rodado es de un exotismo que nos aproxima a Benarés y si Velázquez resucitara para volver a pintar el cielo de Madrid se calzaría una de esas mascarillas de chino hipocondriaco antes de morirse de nuevo. Algo hay que hacer. Pero si ya no es mucho pedir, habría que hacerlo bien.

Un enfisema pulmonar no es un problema ideológico a menos que se trate del enfisema pulmonar de un español. Entonces sí. Entonces pasa raudamente a las mesas de tertulia, donde solucionamos nuestras cosas mucho mejor que en las mesas de quirófano. Esperanza Aguirre hizo el ridículo -lleva haciéndolo tiempo y nadie que la quiera se lo dice- atribuyendo a Ahora Madrid un odio al coche premeditado y militante. Qué reservaremos para los radares, ¿”máquinas azufrosas de Satanás”?

Que Carmena adopte medidas impopulares porque crea en ellas al margen del cálculo electoral ofrece una lección a sus nietos políticos paridos en plató. La lástima es que sus buenas intenciones resulten tan indiscutibles como su incompetencia. Parchean, informan tarde, descreen de su propia apuesta al día siguiente de anunciarla, desaprovechan la ocasión de liderar un acuerdo ecológico que incluya a todos los niveles de la Administración, quizá porque la inclusión nunca fue su estilo. Un bochornoso amateurismo paraliza a su muchachada, incapaz de ejecutar casi la mitad del primer presupuesto ni de aprobar el segundo con respeto a la aritmética fiscal. Se presentan como el cambio, pero para cuando se consume la metamorfosis no garantizamos que Jordi Hurtado siga en su puesto.

De fondo hay algo más serio que la mera ineptitud. ¿Ingeniería social? Eso sería reconocerles destrezas excesivas. Su año y medio en el poder revela más bien la aridez imaginativa de la izquierda sílex, que gasta todas sus energías en el diagnóstico, en señalar las miserias del modelo consumista, pero carece de tratamientos que no abonen el huerto del ridículo. Se centra en derogar, multar, detener operaciones millonarias, epatar al burgués. Recela del mercado, y no sospecha que ella misma es un producto más -la utopía a su alcance, oiga: vótenos y salve el planeta- entre los que oferta el sistema. Recela de la autoridad, pero pronto le toma gusto a la prohibición. Clama contra el fascismo, pero se empeña en emanciparnos de los atascos y las colillas. Las viruelas, a la vejez, producen monstruos.

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Stop War Festibala. -J. de Mendizábal/Vozpópuli-

Durante la Semana Santa, se ha celebrado en San Sebastián el “Stop War Festibala”, como gran acontecimiento dentro de los diversos eventos que tienen lugar con motivo de que la ciudad es la Capital Cultural Europea 2016, también denominada Europako Kultur Hiriburua 2016.

Se impone traducir. Europako y Kultur son obvios, por lo que Hiriburua debe querer decir, por descarte, Capital. En este sentido -sobre todo para los que no hablen vascuence- hay que aclarar también que “Festibala” no es la fiesta de la bala, lo que no sería muy adecuado en Guipúzcoa dado su inmediato pasado y, por otra parte, contradictorio con el “Stop War” que le antecede. No, Festibala, quiere decir Festival. Esto es importante, no confundamos a la gente.

Dentro de la semana del Stop War Festibala se encuentran conciertos de, por ejemplo, Bomtown Rats -la sorpresa para muchos ha sido que sigan vivos Bob Geldorf y su banda- y como cierre total, total, total de la muerte musical, la actuación de Silvio Rodríguez, afamado cantautor cubano. Sin duda, es el cierre que necesitaba el Festibala. Un hombre que, aparte de la revolución en su país, se alistó en el ejército cubano para luchar en Angola. Lo que se llama ahora internacionalizar el conflicto.También es verdad que el Ejército Cubano que actuó en Angola era un Ejército de Liberación, no un ejército cualquiera, no crean. Motivo por el cual, Angola, disfruta desde aquel momento de una dictadura perfectamente estable encarnada ahora por Dos Santos, presidente desde 1979. ¡Ojo! Si te llevas bien, como Bono o Moratinos y algunos más de otro signo, se pueden hacer negocios allí. O sea, no sé si me entienden, no están cerrados a cal y canto, son gente con la que se puede hablar. Celebran elecciones que gana, cada año con mayor porcentaje, siempre el mismo. Debe estar bordándolo. Son ese tipo de sitios donde el nieto de 10 años del Presidente conduce un Ferrari miniatura que anda 180km/h. La Revolución es así.

Volvamos a Silvio Rodríguez, un trovador de la revolución popular, un hombre de la gente, un luchador por la libertad que ha participado activamente en todos los procesos revolucionarios de América Latina. Fruto de ese compromiso ha sido 15 años diputado de la -sin duda, democrática- Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba. Desde 1993, no más. Un hombre de paz, predestinado para cerrar con honores el Festibala. Un hombre que tiene entre su obra la insigne canción en homenaje al Che Guevara: “Fusil contra Fusil” ¿Cabría ocurrírsele a alguien un comunista mejor y más dotado como colofón del Stop War Festibala? Historia viva, oiga. Fusil contra fusil.

Alcaldes por la Pazzzzzz

El sábado de gloria, sábado santo, también enmarcado dentro del Stop War Festibala, se desarrolló el taller “Alcaldes por la Paz” en el Ayuntamiento de Sanseacabó. Creo que este encuentro no ha tenido la adecuada repercusión en prensa nacional, motivo principal de estos comentarios. Así es, pues en la mesa-taller se encontraban -nada más y nada menos- que Josep Mayoral (este apellido debe ser una pesada carga en el país-nación en el que vive) alcalde del PSC en Granollers; Eneko Goia, alcalde por el PNV de San Sebastián; Julen Mendoza alcalde de Errentería de EH Bildu, el ex-partido de la ETA (o sin ex) y Eneko Larrarte, alcalde de Tudela por I-E (I es Izquierda y E es Ezkerra) gracias a los votos, entre otros, del PSOE navarro. Pero, entre este firmamento de estrellas, hubo una que brilló más que las demás. Sí, ella, Manuela Carmena, de Ahora Podemos o Ahora Madrid o Madrid en común o Marea Madrid o Antikapital Madrid (a veces me pierdo con tanta sigla) alcaldesa de la capital de España por obra y gracia de Carmona, que sigue haciendo cosas (pinchen en Google “Carmona haciendo cosas”).

El encuentro, inevitablemente, ha dejado frases para la historia imposibles de reproducir en su totalidad. También en aras de la salud pública, todo hay que decirlo, porque manda huevos ver a un tipejo de Bildu hablando de paz. Pero bueno, dejando esto al margen, que ya es dejar al margen, hay que comentar alguna.

Carmena comenzó su intervención diciendo que sentía no poder hablar en euskera (llevaba auriculares, claro; suponemos que como Mayoral), pero que constase que “es una lengua a la que amo”. Atención: A la que amo ¿De verdad Manuela Carmena ama el euskera? La primera vez que oí hablar esa lengua en nuestra casa de Santurce, en la casa de la familia Mendizábal Amézaga, me asusté. Era un niño y había una señora de la cocina pegando unas voces ininteligibles al teléfono. Avisé a la abuela y, por todo potaje, me dijo: “es que es conferencia”. En términos actuales, flipé. Averigüé luego que, cuando era conferencia, era muy caro y había que gritar mucho (esto no está contrastado, pero el hecho es que todo el mundo en conferencia, gritaba) No era muy expresiva la abuela Leonor, en todo caso. Ahora bien, lo que es imposible es amar algo que no conoces ni en pintura. Y más si la mitad de las palabras son adaptaciones del español o del inglés, idiomas modernos. ¿Qué ama? ¿Aeroportua? ¿Festibala? ¿Telebista? ¿O lo que ama es la ideología marxista que comparte con buena parte de los Bildus, Etarras, Sortus, Oteguis y demás? Farsante.

Carmena, dejó otra perla para enmarcar, se declaró “política ocasional”. Ocasionalmente, se afilió al Partido Comunista ¡en 1965! Y, también ocasionalmente, se presentó a las elecciones de 1978 con Carrillo y la Pasionaria, entre otros muchos, en las listas del PCE. No dejó nunca de dictar sentencias y autos favorables a sus correligionarios durante su ejercicio de Juez. En fin, si no llega a ser ocasional, no les quiero ni contar. Se alista en Angola.

De los demás comparsas del taller ¡qué se pueden imaginar! Un festival o Festibala. Pero les dejo una que me recordó a los mejores momentos ZP, modo “no sé si dan uds. cuenta del encuentro interplanetario que va a tener lugar al coincidir las presidencias de Obama y Zapatero” de la newyorker Pajín ó, esa otra, de Pepiño Ministro campeón: “me permitirán que no comente mis preferencias, no quiero interferir en el proceso electoral” (refiriéndose a las elecciones…¡norteamericanas!) Bien, uno de estos monstruos -Mayoral, Josep- dejó para los anales lo siguiente: “Cuando los Estados callan, las ciudades estamos obligadas a poner la palabra”. Olé y olé. En la semana de los asesinatos de Bruselas. Not Bad.

Para ir terminando: la alcaldesa dijo que habían llegado a Madrid entre 3.000 ó 4.500 refugiados sirios a la Estación Sur, pero que preferían irse a otros países. Me suena a los 25.000 niños famélicos que luego resultaron ser 500, la mayoría sobrealimentados; o sea, obesos. Fíjense en el porcentaje de error: entre 3.000 o 4.500. Un porcentaje festibala, no les digo más.

El comunismo no usa datos, no hay estadísticas, no tiene fronteras ni límites, se puede decir una cosa y la contraria en el mismo lugar y casi a la misma hora. No hay presos políticos, ni perseguidos. Y buena parte de la prensa, mira y, en muchas ocasiones, admira. Recuerden a Carmena acerca de las mentiras de su Rita: “esa pregunta no es pertinente” De la otra Rita, en fin, quicir.

Pero es todo tan, tan bonito. Como el festibala: stop war. Cantemos Imagine, mientras nos matan.

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