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Rajoy y sus ministros deben ser los sancionados. -J.R. Rallo/Libremercado

El Estado español lleva incumpliendo desde 2008 el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) al haber rebasado persistentemente un déficit público del 3% del PIB. Por ese motivo, desde 2009 nos hallamos sometidos al Procedimiento de Déficit Excesivo, el cual nos obliga a adoptar periódicamente una serie de medidas encaminadas a reconducir el déficit hasta cumplir con el PEC. En caso de que no lo hagamos, Bruselas puede sancionarnos con una multa de hasta el 0,2% del PIB: algo más de 2.000 millones de euros en el contexto español.

Desde el año 2013, momento en el que renegociamos por enésima vez con Bruselas el itinerario de reducción del déficit público, el Gobierno de Mariano Rajoy ha incumplido año tras año los compromisos pactados con la Unión Europea: en 2013, cerramos con un déficit del 6,6% del PIB frente al 6,5% acordado; en 2014, con uno del 5,9% frente al 5,8%; en 2015, con uno del 5,1% frente al 4,2%; y en 2016, se espera (con sumo optimismo) que terminemos en el 3,9% frente al 2,8% comprometido.

Peor todavía es que prácticamente toda la minoración del déficit experimentada entre 2013 y 2015 ha tenido un carácter cíclico: gracias al crecimiento económico, los ingresos han aumentado y ciertos gastos —como la prestación de desempleo— se han reducido de manera automática. El Gobierno no ha tenido nada que hacer al respecto: sólo sentarse y capitalizar el crecimiento. No así con la parte del déficit que sí tiene un carácter estructural, esto es, aquel que se mantiene inalterado con independencia de la fase de la coyuntura en la que nos encontremos. Bruselas nos impuso disminuir ese déficit estructural en el equivalente a 2,7 puntos del PIB durante el período 2013-2015, pero el Ejecutivo del PP apenas lo ha bajado en dos décimas durante todo ese período. Es más, en el electoral año 2015, el déficit estructural se incrementó en siete décimas debido a la rebaja tributaria y al aumento de otros gastos. Por consiguiente, el PP no sólo no hizo nada desde 2013 para reducir el desequilibrio permanente de nuestras cuentas públicas, sino que en 2015 incluso deshizo parte del camino andado por razones electoralistas.

Todo lo cual ha llevado a la Comisión Europea a plantearse seriamente sancionar al Estado español por déficit excesivo: en tal caso, como decíamos, la multa podría llegar a superar los 2.000 millones de euros y recaería sobre las espaldas del conjunto de los contribuyentes. Pero, ¿por qué deberían ser los contribuyentes, y no los miembros del Gobierno a título individual, los que sufraguen semejante castigo? Al cabo, nos encontramos ante un incumplimiento deliberado del objetivo de déficit de 2015 por parte del Ejecutivo del PP con el único objetivo de incrementar sus opciones de reválida electoral: fueron los miembros del Consejo de Ministros —acaso con la complicidad de todos los diputados del PP— los que aprobaron los presupuestos de 2015 en los que se contenía una reducción del IRPF y otros aumentos de gasto que iban a hacer imposible respetar los compromisos de déficit de ese año. Son ellos los responsables y son ellos quienes deberían hacer frente a la sanción con sus patrimonios individuales.

Sin ir más lejos, el artículo 236.1 de la Ley de Sociedades de Capital establece que “los administradores [de una empresa] responderán frente a la sociedad, frente a los socios y frente a los acreedores sociales, del daño que causen por actos u omisiones contrarios a la ley o a los estatutos o por los realizados incumpliendo los deberes inherentes al desempeño del cargo, siempre y cuando haya intervenido dolo o culpa”. Es decir, que cuando las actuaciones dolosas o negligentes de los administradores de una compañía les generan un perjuicio económico a la sociedad, a sus socios o a sus acreedores, éstos deberán reparar tales daños con su patrimonio.

¿Por qué motivo deberíamos aplicar un doble rasero normativo a los administradores del Estado? Son ellos los que dolosamente han decidido saltarse el Protocolo de Déficit Excesivo para maximizar sus opciones de permanecer en el poder. Son ellos, y no los españoles, quienes deberían hacer frente a cualquier posible —y merecida— sanción por parte de Bruselas.

Bélgica en su laberinto. -Gabriel Albiac/ABC-

 

La Gran Mezquita de Bruselas fue inaugurada en los años sesenta. Financiada por Arabia Saudí y bajo tutela del radical clero wahabita. Allí se formó el núcleo duro del yihadismo europeo.

–Medio siglo después. Era un 9 de septiembre, cuando el comandante Masud recibe, en Afganistán, a dos periodistas europeos. Nadie podía prever lo que sucedería dos días más tarde. Masud, héroe militar contra la URSS, era la única esperanza de un Afganistán libre frente a los talibanes. Apenas iniciada la entrevista, el cámara pulsa su cinturón explosivo. Y Masud muere camino del hospital. Con él se va la última esperanza de un poder afgano no islamista. 48 horas después, dos aviones se incrustarían en las torres de Manhattan. Una guerra empezaba. Ésta en la cual vivimos. Los asesinos de Masud eran yihadistas tunecinos de Al-Qaeda formados en Bélgica. La carta de recomendación de la que hicieron uso para llegar hasta el comandante afgano había sido redactada en el ordenador del número dos de Bin Laden, Ayman Al-Zawahiri. Afganistán quedaba, a partir de ese día, bajo la exclusiva potestad política y religiosa de Al-Qaeda.

–En mayo de 2014, Mehdi Nemmouche, asesina a punta de kalashnikov, a cuatro visitantes del Museo Judío de Bruselas. Nemmouche había completado el ciclo que lleva de pequeño delincuente a asesino yihadista en la madriguera salafista del Molenbeek del cual procedía y donde recibió su primer adoctrinamiento y sus primeras lecciones en el manejo de las armas.

–El 21 de agosto de 2015, dos soldados estadounidenses de vacaciones y un pasajero francés frustran la matanza general que, en el tren Thalys que hace el recorrido de Ámsterdam a París, trata de ejecutar un yihadista armado hasta los dientes. Ayoub El-Khazani provenía de Molenbeek. Como, con casi seguridad, de Molenbeek provenían su kalashnikov, sus nueve cargadores y su pistola automática.

–París, noviembre de 2015. Doscientos asesinados en un concierto de rock and roll y en varias cafeterías colindantes, atentado fallido contra el Estadio de Francia, repleto de aficionados al fútbol y presidido por François Hollande. Todos los asesinos provenían de Molenbeek. El último de ellos, Salah Abdeslam, no pudo ser detenido hasta hace una semana. Durante todo un año, permaneció oculto en esa comunidad al margen de la legalidad belga.

Pero no es de ahora esta tragedia que hace de Bélgica la plataforma principal del yihadismo en Europa. Desde los años sesenta, los atentados antisemitas fueron allí una rutina: en 1969, atentado con granada contra tripulantes de la línea israelí El-Al; en 1979, lanzamiento de granadas contra viajeros israelíes en el mismo aeropuerto de Zaventem en el que se produjo la matanza de anteayer; en 1980, lanzamiento de granadas contra un grupo de escolares judíos en Amberes, un chaval de quince años muerto; en 1981, coche bomba ante la sinagoga de Amberes, tres muertos; en 1982, ametrallamiento de la sinagoga de Bruselas…

Entre tanto, Bruselas se había convertido en la capital de Europa. De la UE, al menos. Y es ése el paradigma de la esquizofrenia en la cual vive nuestro continente. En el mismo espacio, el centro institucional de lo que decía aspirar a ser una primera potencia y la fortaleza blindada de ciudades (Molenbeek en primer lugar, pero no sólo) en las cuales no hay más legalidad vigente que la sharía. Los islamistas se saben en guerra contra una Europa democrática, laica y, por tanto, intolerable. Dan esa guerra. ¿Sabremos, frente a ellos, darla nosotros?

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MUERTE EN BRUSELAS (General Dávila- General Coloma).

BRUSELAS. LA GUERRA NECESARIA (Análisis de urgencia)

(General de División Rafael Dávila Álvarez)

Nadie sabe, aunque todos nos creemos muy listos, el origen y objetivo de estos terribles atentados.  Solo hay una cosa cierta y palpable: logran sembrar el terror, pánico es más ajustado, en las democracias europeas. Esto no es una guerra como infantilmente alguno la define. Es la violencia provocada precisamente por no haberles hecho la guerra. Allí donde surgió acudimos y asustados nos retiramos ¿por qué?

Semana-santa-byjuanadc_thumbSiempre eligen un momento acertadamente mediático. Ahora la Semana Santa: la fe cristiana, su enemigo visceral. Repito, su enemigo visceral. No es casualidad.

Buscan con malvada intención el momento en que estemos más relajados y aglomerados. Buscan sembrar el pánico, que vivamos atemorizados. Encerrémonos en casa, tristes y apesadumbrados, incluso sintiéndonos culpables de tanta injusticia, ¡pobre occidente!

La ley es tan meliflua que casi está de su parte: primer objetivo logrado. Hay movimientos y grupos, incluso denominados partidos políticos, de los que uno duda si están a favor o en contra. Prostituyen la libertad y esta se vuelve en contra. Legislación férrea e implacable. Si hay que hacer la guerra para erradicar la violencia se hace sin tibiezas ni monsergas. En el mundo en el que vivimos aparecen demasiados ideólogos que dicen una cosa mientras practican la contraria.

Decía Ortega y Gasset en  España invertebrada que las legiones romanas, y como ellas todo gran ejército, han impedido más batallas que las que han dado. Es la lucha contra la violencia el nuevo enemigo al que nos enfrentamos y nuestra actitud ante ello es el miedo. Ese es su primer objetivo: sembrar de miedo el mundo occidental, que cale hasta en la infancia, en la médula y en el corazón de las democracias. El enemigo en forma de caballo de Troya está dentro y no es difícil identificarlo.Tropas-espanolas-insurgencia-Badghis-militares_TINIMA20130416_0529_18

Pero con la violencia se acaba dando la cara, sin retiradas vergonzosas dejando las cosas a medias. Empecemos a identificarnos, todos.

Afganistán duerme, Irak es una losa, Siria la violencia… tantos sitios.444

Mientras, a las puertas de Europa nos piden pan y les damos una culebra por no haber estado en el sitio y en el momento adecuado. Se volverá violencia, más violencia contra nosotros. Putin observa como Obama negocia con Irán y se va a Cuba nadie sabe muy bien a qué. Mueve su ficha con la tranquilidad del que sabe que la pieza camina hacia su trampa. Y la meliflua Europa llena de policía sus calles sin saber muy bien a quien detener y porqué.

syrian-migrants-cross-under-a-fence-as-they-enter-hungary-at-the-border-with-serbia-near-roszkeEscenario de la violencia, el miedo en nuestras carnes, vivir con temor es la peor forma de vivir. Es exigible otra reacción a los grandilocuentes parlamentarios europeos que mientras se entretienen con el euro solo son capaces de luchar contra la violencia de estos terribles atentados preguntándose ¿dónde será el próximo? Este ha sido en Semana Santa. Casualidad.

La situación generalizada de violencia tiene una razón de ser: no haber hecho la guerra contra ella, en su lugar y momento. Ahora puede que lleguemos tarde.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

56ec4cdec461888f7a8b45a7EL TERRORISMO GOLPEA DE NUEVO

(General de Brigada Adolfo Coloma Contreras)

Solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, dice el saber popular. Y pensamos en nuestra seguridad cuando nos vemos sacudidos por una noticia como la que nos inunda hoy 22 de Marzo, Martes Santo, sobre los alevosos, espantosos, cobardes y todos los calificativos que quiera uno sumar, atentados terroristas que se han producido en la ciudad de Bélgica, en su aeropuerto y en el ferrocarril suburbano. Que es como decir en el corazón de Europa y en plena Semana Santa.

480Escribo estas reflexiones en caliente, mientras escucho por la radio las sucesivas informaciones que tienen como lugar común el incremento del número de muertos: diez, veintiocho, treinta y cuatro ¡Dios mío, cuando se detendrá esta cuenta!

Solo en estos momentos nos acordamos de la seguridad como un bien imprescindible y ¡cómo no! exigible. Solo en estos momentos agradecemos la presencia de agentes de los cuerpos de seguridad del Estado, incluso soldados cerca de nosotros. Nos transmiten confianza. Lejos de estos instantes tan puntuales como dramáticos, todo son protestas. La impaciencia por los controles de tráfico, o las quejas por la seguridad en los aeropuertos son dos buenas muestras de ello. No  nos detenemos a reparar en que la guerra contra el terrorismo empieza antes, mucho antes de la simple reacción ante un brutal atentado.

Lo primero es llamar a las cosas por su nombre. Esto es una guerra.  Y en la utilización de este término disiento del magnífico analista de asuntos estratégicos, el Coronel Pedro Baños. En efecto, los grupos terroristas no pueden tener consideración jurídica, no pueden ser objetos de derecho internacional, pero por su organización, estructura y medios de que disponen, son capaces de poner en jaque a un Estado. Mediante la utilización alevosa de la fuerza tratan de lograr sus objetivos políticos e imponerlos al conjunto de la sociedad. Sean galgos o podencos, ¡señoras y señores, esto es una guerra!249473-944-628

Una guerra que no se libra en frentes determinados ni por ejércitos a la usanza. Los terroristas yihadistas se organizan militarmente, así se he manifestado nuestro ministro del Interior, que estará en funciones, pero sabe lo que hace y lo que dice. Actúan coordinadamente, planeando con precisión la reacción de los ciudadanos y la respuesta de los cuerpos de seguridad para provocar nuevos atentados, y aumentar el número de víctimas, paralizar las actividades y tener a las sociedades aterrorizadas.  Aplican la fuerza sobre objetivos puntuales pero de los que esperan obtener importantes réditos políticos. Vencerles requiere un planteamiento, organización y ejecución diferentes a las guerras convencionales. Pero también se precisan unos medios, procedimientos y sobre todo una instrucción individual y  adiestramiento colectivo muy específicos para hacer frente con éxito a esta amenaza. Ya conocen cómo pienso. Ya me he expresado en términos similares en entradas anteriores.

Querer, saber y poder. Querer implica una decidida voluntad de vencer. ¿Y quién no quiere vencer al terrorismo?, si claro, pero esa voluntad de vencer exige compromiso a todos los niveles. No solo mera retórica y declaraciones en el nivel político, sino directrices claras, y dotaciones presupuestarias adecuadas. Saber, supone el contar con una organización eficaz que permita disponer de una inteligencia sólida, sin barreras ni apellidos, interconectada y compartida. Una inteligencia sin protagonismos, al servicio del objetivo final: la derrota del terrorismo. Y unos medios humanos y materiales adecuados para esta guerra tan específica, con verdadera preparación  por todos los participantes en la lucha con adiestramiento especifico. Por último el poder, lo que los militares llamamos libertad de acción, la capacidad de llevar a cabo nuestros planes y designios sin más límites que la legalidad, la legitimidad y la moralidad de nuestros actos y acciones.

1244947Querer, saber y poder aplicados a una estrategia ofensiva, no pertrechados tras los cómodos muros de nuestra casa común, del “Espacio Schengen”  sino buscando las causas del problema, neutralizando los apoyos terroristas y atacando en origen los resortes de su poder. Eso es lo que se enseña en nuestras escuelas de pensamiento  militar. Resolver el conflicto como un todo, con todas las capacidades de la Nación, incluidas las militares. Así lo determina la   Ley Orgánica 5/2005, de 17 de noviembre, de la Defensa Nacional. “Las Fuerzas Armadas, junto con las Instituciones del Estado y las Administraciones públicas, deben preservar la seguridad y bienestar de los ciudadanos en los supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas, conforme a lo establecido en la legislación vigente.” (Art. 15.3)

Pero todo esto, querer, saber y poder, no se improvisa. No es solo cuestión de atrapar a Salah Abdeslam, el cerebro de los últimos atentados de París, ni el de los atentados de hoy en el aeropuerto de Bruselas-Zavantem y la estación de metro de Maelbeek. Es cuestión de determinación (política y nacional), es cuestión de medios, de preparación y es cuestión de contribuir individual y colectivamente a vencer a ese insidioso enemigo que tenemos a las puertas, sino dentro de casa.

 

Adolfo Coloma Contreras

General de Brigada (R) del Ejército

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