Archivo de la categoría: Redes Sociales

Antológica de Rubén Sanchez Fake (1ª parte). Seguro que habrá más.

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La racionalidad contra el sectarismo. -Javier Benegas/Vozpópuli-

Este pasado sábado, Juan M. Blanco y quien escribe publicamos un artículo titulado “La ‘violencia de género’: una moderna caza de brujas”. Sabíamos que su contenido iba a generar no pocas turbulencias y algún que otro problemilla a los autores –nosotros–. De hecho, sospechábamos que más de uno exigiría que fuéramos quemados en la hoguera por herejes. Pero, precisamente, además de derribar un tabú y abrir el debate, esa era una de nuestras intenciones: que los intransigentes y los sectarios se pusieran en evidencia. Y como no podía ser de otra manera, así lo hicieron.

En una sociedad medianamente estructurada, cabría esperar que el texto en cuestión generara debate, encendido, desde luego, pero debate al fin y al cabo; es decir, que quienes tomaran partido a favor o en contra de lo escrito expusieran sus argumentos. Pero no sucedió tal cosa, al menos no en los discrepantes. Muy al contrario, en sus mensajes no hubo un solo argumento, únicamente consignas, descalificaciones, insultos e incluso veladas amenazas, como la proveniente de un perfil de Twitter que venía a decir que si bien las mujeres podían ser violadas, (nosotros) podíamos ser apuñalados.

Un curioso “experimento”

Como suele suceder en estos casos, pronto hicieron acto de presencia –también en Twitter– los inquisidores: cuentas con numerosos seguidores cuyos propietarios lejos de rebatir actuaron como señalizadores de blancos, azuzando a sus acólitos para que llevaran a cabo el acostumbrado linchamiento virtual. No voy a citar a ninguno de estos perfiles por dos razones. La primera, porque hacerlo implicaría descender a su nivel o, a la inversa, elevarles a la altura de una racionalidad que les queda muy lejos. Y la segunda, porque más allá de consignas y descalificaciones no aportaron un solo argumento. Para estos personajes, la búsqueda de la verdad no es que sea lo de menos, es que es contraproducente. La mera posibilidad de que la forma en la que defienden una causa pueda verse cuestionada les genera un pánico irracional, como si para subsistir necesitaran ser ellos quienes agiten a su manera esa bandera. No les interesa debatir, sino cortocircuitar el debate e impedir que algún hereje rompa el tabú que les otorga el báculo y la corona.

De las diferentes reacciones se pueden extraer interesantes revelaciones. Una es que, mientras en Twitter, una red social más inmediata, con limitación de caracteres y, por tanto, más proclive a la propagación, la movilización y el activismo, fue la preferida por quienes no aportaron argumentos sino descalificaciones. Otros espacios de Internet, donde la posibilidad de expresarse es mayor y, en consecuencia, cabe el debate, fueron los preferidos para los argumentativos que, curiosamente, se mostraron favorables al artículo. Lo cual revela a su vez dos hechos interesantes. El primero, que cuando la argumentación es obligada las posiciones sectarias no hacen pie. Y el segundo, que hay una parte importante de la opinión pública que por alguna extraña razón se ha vuelto invisible en los mass media.

Razones para el optimismo y razones para estar preocupados

Sea como fuere, hay motivo para el optimismo. Y es que, a pesar del ruido que hacen los sectarios, son menos numerosos de lo que parece y, además, bastante metepatas. De hecho, su única estrategia para no verse desbordados es, precisamente, actuar de manera gregaria, en grupo, y cortocircuitar el debate, abortándolo antes de que se produzca. Y en caso de que no puedan evitarlo, degradándolo a un conjunto de pataletas infantiles. Para ello recurren a la falacia ad hominem, que consiste en abatir al mensajero para que el mensaje no llegue a su destino. Esa es una de sus dos balas de plata. La otra, inocular el miedo. Pues la estigmatización y el linchamiento mediático del “adversario”, del discrepante, tienen un efecto ejemplarizante y disuasorio para el resto. De ahí que en las redes sociales lleven a cabo lo que podríamos calificar como “bullying preventivo”.

Pese a todo, hay motivos para el optimismo, porque más allá de la tesis del artículo, éste sirvió para demostrar que existe una parte importante de la sociedad que es capaz de debatir racionalmente, gente que pese a la manipulación, las consignas, la prevención y el miedo imperantes, conserva su espíritu crítico y no se asusta. En definitiva, hay vida inteligente más allá de esos calvinistas puritanos prestos a quemar en la hoguera a los herejes. El único ingrediente que necesita esta opinión pública para ejercer de beneficioso contrapeso es una visibilidad que ahora mismo se le niega. Y he ahí el reto: romper los interesados tabúes para abrir el terreno de juego.

Pero no todo es color rosa, ni mucho menos. También existen motivos para estar muy preocupados. Hay otra parte de la sociedad a la que no le duelen prendas a la hora de anteponer sus “sensibilidades”, puntos de vista y creencias a principios fundamentales como son, por ejemplo, que el fin no justifica los medios o que todas las personas son iguales ante la ley o, al menos, deberían serlo. Y es que los Derechos fundamentales no pueden estar sujetos a interpretaciones o supeditados a la defensa de determinadas causas, por bienintencionadas que éstas sean. Falta, pues, una cultura auténticamente democrática, donde la máxima expresada precisamente por una mujer, Evelyn Beatrice Hall, “no comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tú derecho a decirlo”, sea asimilada por todos y cada uno de nosotros.

Para terminar, queremos mostrar nuestro agradecimiento a la comunidad de Vozpópuli no sólo por su altura de miras y su capacidad para debatir racionalmente, desde la educación y el respeto, sino también por su compromiso con la libertad y, lo que es tanto o más importante, con la búsqueda de la verdad. Al fin y al cabo, como dijo Revel, la democracia no puede vivir sin una cierta dosis de verdad. No puede sobrevivir si esa verdad queda por debajo de un umbral mínimo.

Ver artículo original:

Caso Facebook: golpe al envío de datos personales de usuarios a EEUU.  -Miquel Roig-Marta Juste/Expansión-

Una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha puesto en cuarentena el envío de datos personales de ciudadanos europeos a EEUU. Maximillian Schrems, un usuario de la red social Facebook, ha ganado una primera batalla contra la compañía en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE). El caso puede tener repercusiones para otros gigantes tecnológicos de EEUU, como Google, Yahoo o Twitter, cuyo modelo de negocio se fundamenta en el análisis y tratamiento de los datos personales de los usuarios.

Schrems había denunciado el envío de sus datos personales desde los servidores irlandeses de Facebook, donde la compañía tiene su sede europea, a los que tiene en EEUU, al considerar que el país americano no garantizaba sus derechos. El ciudadano austriaco presentó la denuncia después de que el ex empleado de la Agencia Central de Inteligencia de EEUU (CIA), Edward Snowden, desvelara que los servicios de información estadounidenses tenían acceso a estos datos.

En un primer momento, las autoridades de protección de datos de Irlanda rechazaron iniciar ninguna investigación alegando que la Comisión Europea había considerado a EEUU como un “puerto seguro”, un estatus que permite que las empresas envíen a ese país los datos personales de sus usuarios y clientes.

Pero el TJUE cree que hay indicios suficientes para que no se pueda considerar a priori que EEUU respeta los derechos fundamentales de los ciudadanos europeos e insta a las autoridades irlandesas a investigar el caso y determinar si efectivamente es o no seguro enviar datos a EEUU. En caso de que estas consideren que no se garantiza esa protección, tendría que suspenderse el envío de datos personales a ese país.

De hecho, el TJUE anula una decisión de la Comisión Europea que declaraba a Estados Unidos como “puerto seguro”. Según la sentencia, el Ejecutivo comunitario no puede impedir que las autoridades nacionales de protección de datos investiguen y decidan si un país tercero garantiza o no los derechos de sus ciudadanos.

“Como consecuencia de esta sentencia, la autoridad irlandesa de control está obligada a examinar la reclamación del Sr. Schrems con toda la diligencia exigible y, al término de su investigación, deberá decidir si, en virtud de la Directiva, debe suspenderse la transferencia de los datos de los usuarios europeos de Facebook a Estados Unidos porque ese país no ofrece un nivel de protección adecuado de los datos personales”, afirma el TJUE en un comunicado.

El modelo de EEUU, en cuestión

Aunque el TJUE deja en manos de las autoridades nacionales la suspensión del envío de datos a terceros países, la sentencia deja claro que los jueces europeos son bastante críticos con el modelo estadounidense.

En primer lugar, afirma que “el régimen estadounidense de puerto seguro posibilita […] injerencias por parte de las autoridades públicas estadounidenses en los derechos fundamentales de las personas”, ya que la legislación estadounidense permiten “dejar de aplicar, sin limitación, las reglas de protección previstas por ese régimen”. Además, añade que “la Comisión no pone de manifiesto que en Estados Unidos haya reglas destinadas a limitar esas posibles injerencias ni que exista una protección jurídica eficaz contra éstas”

En segundo lugar, la sentencia añade que “debe considerarse que una normativa que permite a las autoridades públicas acceder de forma generalizada al contenido de las comunicaciones electrónicas lesiona el contenido esencial del derecho fundamental al respeto de la vida privada”.

Y en tercer lugar, advierte de que “una normativa que no prevé posibilidad alguna de que el justiciable ejerza acciones en Derecho para acceder a los datos personales que le conciernen o para obtener su rectificación o supresión vulnera el contenido esencial del derecho fundamental a la tutela judicial efectiva”.

Enlace al artículo original: