Archivo de la categoría: Política

El terrorismo blanqueado. -Hermann Tertsch/ABC-

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Rajoy, plastas y presupuestos falsarios. -Juan Carlos Bermejo/Vozpópuli-

El pasado sábado 1 de abril, el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, hizo las siguientes declaraciones:

Hay muchos “plastas” y “voluntarios” empeñados en decir lo mal que van las cosas en España.

Estas palabras se refieren, sin ningún género de duda, a los cuatro profesores y economistas que hemos realizado el estudio que demuestra, más allá de toda duda razonable, que el PIB español está sobrevalorado un 17%, y, por lo tanto, la deuda pública se situaría en el 170% del PIB y la presión fiscal en España sería la más alta de la OCDE.

Señor presidente. Parece estar nervioso, ya que, como bien sabe, importantes personalidades y organismos europeos se han interesado en este asunto, y alguno de ellos ya ha pedido formalmente a su gobierno explicaciones sobre las discrepancias, tras contrastar previamente que nuestra metodología de cálculo es adecuada.

Le recordamos, señor Rajoy, que nosotros no realizamos juicios de valor, sino que nos limitamos a analizar los datos y los hechos. Nos sentimos orgullosos de ser españoles, y es obligación legal, y moral, de todos los ciudadanos, proteger a su nación y denunciar los actos que puedan dañarla o perjudicarla.

Lamentablemente, sus logros en los años de gobierno han sido incumplir sistemáticamente todas sus promesas y compromisos. Sus modelos de gestión han empobrecido al país, según los datos del Banco de España, en más de 947.000 millones de euros. Ha incrementado la deuda pública en más de 590.000 millones de euros, superando los 1,55 billones de euros. España ha pagado, durante su mandato, la friolera de más de 155.000 millones de euros de intereses de la deuda, y el déficit público acumula, desde que usted gobierna, la insoportable cifra de más de 348.000 millones de euros.

Debemos subrayar que sus precedentes presupuestarios no se han cumplido nunca en lo que se refiere a objetivo de déficit público y recaudación, lo que ha supuesto, entre otras cosas, que el fondo de reserva de la Seguridad Social se agote sin remedio, y los servicios públicos se estén financiando con la emisión de nueva deuda, con el beneplácito de sus irresponsables ministros.

A lo anterior, debemos sumar el despilfarro constante que supone la industria política y las duplicidades entre administraciones, a lo que usted, señor Rajoy, ya dijo que “eso ni se toca”, y que supone un gasto extra de más de 100.000 millones de euros anuales, para seguir manteniendo a familiares, amigos y correligionarios.

Todo ello, perjudica a los más débiles, como son los dependientes, los pensionistas, los estudiantes, los parados y los enfermos, aumentando el grado de desigualdad de la sociedad española, para convertirnos en una de las más preocupantes de la OCDE, como su gobierno bien sabe por los informes que recibe.

Además, señor presidente, llama usted creación de empleo a seguir reduciendo las horas de trabajo en la economía, repartiendo menos horas entre más personas, con trabajos precarios y sueldos de miseria, que han convertido a España en uno de los países con la más injusta distribución de la renta y riqueza de la UE.

Todos los datos anteriormente dichos, están documentados, y lo que demuestran, señor Rajoy, es que, a diferencia de lo que usted dice, las cosas, no van bien en España.

Ayer, su ministro de Hacienda, el señor Montoro, nos presenta una propuesta de presupuestos generales del Estado que no reflejan la imagen fiel de lo que necesita España. Tampoco se ruboriza cuando dice, en la página 7 del PowerPoint, que es “importante aprobar los PGE para poder otorgar un préstamo a la Seguridad Social para pago de pensiones”, porque usted, señor Rajoy, repetimos, se ha fundido el fondo de reserva, y ahora quieren pagarlas con la emisión de deuda, cómo ya anticipó su gurú económico, el señor Nadal.

Analizando su propuesta de presupuestos, sitúa el objetivo de déficit en el 3,1%, es decir, por encima del 3%. Una trampa para mantenerse según la directiva del protocolo de déficit excesivo y, de ese modo, seguir ocultando un tercio de la deuda real a la opinión pública y a los inversores.

Establece “el techo de gasto” en 118.337 millones de euros, un 1,8% más que en 2016. Esto significa, que, en lugar de eliminar gasto superfluo, duplicidades e industria política, lo aumenta, con la puntilla de la consolidación de 250.000 plazas de empleados públicos y la cesión de 5.387 millones de euros adicionales a las comunidades autónomas. Justo todo lo contrario de lo que necesita España, señor Rajoy.

Pretende, recaudar 200.963 millones de euros, un 7,9% más que en 2016, confiando en la creación de empleo, el crecimiento económico y el aumento del consumo.

Pues, mal empieza usted, señor Rajoy. Los ingresos por IRPF, hasta febrero, crecieron la mitad: un 4%. El índice general anual de comercio minorista se sitúa en el 0%, que, sumado a que el IPC de marzo vuelve a caer, sus previsiones por ingresos por IVA tienen mal pronóstico.

En cuanto al cuadro de previsión de ingresos por el impuesto de sociedades, dónde pretende recaudar 24.399 millones de euros (un 12,3% más que en 2016), su contenido es totalmente incoherente. Usted pretende recaudar 2.721 millones más que en 2016, con un crecimiento estimado del PIB del 2,5%, cuándo en 2016 se recaudaron 1.029 millones más que en 2015, con un crecimiento del PIB del 3,2% y anticipando más de 4.000 millones de 2017, que este año tiene usted que devolver a las empresas. Esto, señor Rajoy, es un claro ejemplo de que el papel, el qué usted utiliza, lo soporta todo.

Ahora, me voy a referir a una de las “justificaciones” que usted esgrime en el PowerPoint, con el objetivo de que le aprueben los presupuestos en el Congreso. Me refiero, a lo que ustedes han llamado “Reducción del empleo temporal hasta un 90% en 3 años”. Es decir, que, según su gobierno, la aprobación de sus presupuestos propiciará que nueve de cada diez contratos que hoy son temporales sean indefinidos en 2020. Esto, con todos los respetos, es una tomadura de pelo.

Ayer su gobierno anunciaba, a bombo y platillo, que los datos de empleo de marzo eran fabulosos, diciendo que el paro registrado bajó en 48.559 personas, y la afiliación media a la seguridad social fue de 161.752 cotizantes.

Sobre los datos de paro registrado, ya sabemos todos que no tienen nada que ver con la encuesta que refleja una imagen más fiel del paro, la EPA, y, por lo tanto, no son creíbles y ningún analista serio los tiene en cuenta.

En cuanto a los datos de afiliación a la seguridad social, sí que se considera un dato relevante, aunque dependerá del volumen de cotización que implique, porque, con los salarios que su gobierno promueve, las cotizaciones son muy bajas. Pues bien, señor Rajoy, lo que su gobierno no dice es que el 31 de marzo de 2017 hubo 214.028 bajas en la afiliación a la seguridad social. Esto, señor presidente, destroza su titular falaz de las “afiliaciones medias” y nos da la realidad del empleo que usted crea en España.

Por último, según los datos del ministerio de empleo y seguridad social, los ingresos hasta febrero han crecido un 1,67% respecto a 2016, pero resulta que los gastos, señor Rajoy, le han crecido un 3,51% respecto a 2016. Entiendo que usted y su gabinete saben lo que esto supone ¿verdad, señor presidente? ¿Se han estudiado, usted y sus ministros, estos datos antes de hacer el presupuesto?

Mire, señor Rajoy, usted podrá pensar que puede engañar a los ciudadanos, pero nosotros no somos estúpidos. Los datos que le he citado, señor presidente, sólo indican un camino. Sus presupuestos para 2017 son, como todos los anteriores, una falacia que su ministro, Montoro sabe perfectamente que no va a cumplir. Y aquí estaremos “los plastas” para denunciar sus engaños y poner luz en la mente de los ciudadanos ante el grave e irreparable daño que usted y su gobierno está provocando a nuestra gran nación.

PD: Hoy, quiero tener un especial recuerdo y solidaridad, con el pueblo ruso, por el atentado terrorista sufrido el lunes. La lacra del terrorismo es un problema que debemos combatir todos unidos. Por ello, les dedico el tema “It’s a long way to Tipperary” interpretado por el Red Army Choir  https://youtu.be/-CZ74m28I3E

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La vuelta de los rebaños. -Jorge Vilches/Vozpópuli-

La ocupación violenta de la sede del PP en Barcelona por parte de las Tropas de Asalto independentistas, armadas de atril y micrófono de la TV pública, es una muestra de la vuelta de los rebaños. Los pastores silban y las ovejas, disfrazadas para la violenta performance, obedecen como un solo hombre, felices de cumplir su objetivo colectivo.

Los sociólogos de la izquierda y sus periodistas lo llaman “activismo”; es decir, la puesta en práctica del “compromiso social” frente la pasividad de la gente que no sabe o no puede enfrentarse a “la verdad”. Es una manera snob de llamar a la tradicional agitación y propaganda propia del socialismo desde mediados del siglo XIX.

Aquellos agitadores y propagandistas veían la vida social como la lucha de sujetos colectivos, por lo que, en contra del espíritu liberal y democrático, trataron de convertir a la gente en rebaño obediente. El proletariado solo era uno, con un interés y un objetivo, y ellos eran sus únicos y verdaderos portavoces. Por eso, el rebaño proletario debía moverse, balar o saltar las vallas cuando el pastor dijera.

Luego llegó el nacionalismo tardío, ese que constituye la columna vertebral del catalanismo ideológico, y aprovechó la barata mecánica de la identidad colectiva. Tristemente, la nación y el trabajo, libres ya de la competencia con el cristianismo, aparecieron como los dos pilares únicos para definir la personalidad individual.

La vida política del siglo XX, antes y después de 1945, terminó por inocular a la sociedad que solo se era persona sintiendo una identidad colectiva con un proyecto común, si se era parte del engranaje de una máquina en dirección al Bien, al Paraíso.

Ahora nos encontramos con el paroxismo del paradigma colectivista. Al tiempo que las instituciones de la mundialización se empeñan en agrupar a la gente por su género, inclinación sexual o raza, el internacionalismo antiglobalización, ese que se mueve entre el nacional-populismo y el populismo socialista, retorno a las naciones y al pueblo. Es una guerra contra la burocracia y la imposición de las instituciones globales para imponer otras que hagan ingeniería social en otro sentido. En el fondo es una lucha de oligarquías, el juego de la circulación de élites de Pareto, usando las técnicas del pastor.

La utilidad del pastoreo político es indudable. Por eso, entre otras cosas, se ha impuesto en el PP balear el pancatalanismo. ¿Para qué defender la libertad cuando es más útil en las urnas sumarse al Concejo Político de la Mesta de Pastores? El rebaño, con su diminuta identidad colectiva, su victimario y martirologio, y el callejeo de su crítica subvencionada, es mucho más manejable en esta sociedad infantilizada y sentimental, que el individuo libre.

¿Por qué no alentar a las masas, simples cifras con camisetas de colores, banderas y pancartas, para usarlas en la negociación? Es una respuesta lógica si comprobamos que a un pulso a la legalidad, a la Constitución, o a un anuncio de golpe de Estado, el Gobierno contesta con una lluvia de millones. Más dinero público para introducir a los orondos secesionistas en un Estado Minotauro, interdependiente, con un falso juego donde unos amagan con romper y otros subvencionan gracias al despojo fiscal de la “sociedad opresora”. El negocio político es redondo porque la responsabilidad siempre es del otro.

Los rebaños no han vuelto a la primera línea porque existen pastores, sino porque el estatismo de un lado y de otro ha destruido la individualidad que tanto costó construir en el XIX. Contaba Ludwig von Mises en “Gobierno omnipotente” (1944) que la idolatría del Estado se inoculó en Alemania en un lento proceso en el que profesores, escritores y artistas ridiculizaron el liberalismo y la democracia, y exaltaron la reconstrucción de la comunidad nacional sobre la legitimidad proporcionada por los derechos sociales.

Ese estatismo no es nada sin soberanía ni territorio; es decir, sin la posibilidad de que ese Estado redentor y mágico pueda hacer sin cortapisas “el Bien” sobre su pueblo. Es un resorte movilizador que responde a la lucha de oligarquías –los pastores-. Mientras, los defensores de la libertad y del individuo quedan inermes en una sociedad articulada sobre la existencia ineludible y necesaria del Estado paternalista constructor de rebaños al servicio de la oligarquía “benefactora”.

Ya escribió George Rude en “La multitud en la Historia” (1964), que todos esos motines, algaradas, huelgas, saqueos, ajusticiamientos, incendios de la época contemporánea, y lo que ahora llamaríamos “perfomances”, dirigidos por políticos, solo alimentaron la esperanza de la gente, pero no cambiaron sus condiciones de vida. Fue, y es, “el vino nuevo en odres viejos”.

Al pastor solo le interesa que el rebaño sea feliz y le sirva en el mercado político. En la democracia del futuro, escribía Tocqueville, habría una masa de hombres ansiosos de ser iguales y de conseguir pequeños placeres para “llenar sus almas”. Sobre ellos, decía, estarán los políticos que harán todo lo posible para mantener a la gente en la infancia, como ciudadanos-niño, “felices, siempre que no piensen en nada más que en pasarlo bien”.

El rebaño político se pastorea prometiendo la felicidad que llena las almas de sus  ovejas. La oligarquía en pugna consigue ese “estado feliz” si consigue que el individuo vea como única solución vital el sentirse participe de un proyecto colectivo histórico, y que comulgue con el pensar, sentir y actuar marcado como moderno y conveniente. Los rebaños han vuelto para quedarse, pero como diría el cerdo orwelliano de “Rebelión en la granja”: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.

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