Pablo Iglesias ha vencido al 15M. -Liberal Enfurruñada/OK Diario-

En las elecciones generales de marzo de 1996 Julio Anguita consiguió 2,6 millones de votos que representaron el 10,5% y se materializaron en 21 diputados. Recordaréis que aquellas, las de la famosa “pinza”, fueron las primeras elecciones que ganó Aznar, y tuvieron que ser convocadas anticipadamente por un Felipe González cubierto de toneladas de fango por la corrupción, con casos tan sonados como los GAL, Fondos Reservados, Roldán, Filesa y un larguísimo etcétera. Con el paro por encima del 20%, y dos huelgas generales en dos años. Aquellos tiempos en los que el PSOE perdía elecciones con 9,4 millones de votos, casi el doble de los que consiguen ahora.

Aquellos 2,6 millones de votos suponían hasta ahora el techo del comunismo en España, pero hace poco más de un año Podemos irrumpió sorpresivamente en el Congreso de los Diputados consiguiendo ni más ni menos que 5,2 millones de votos. El doble de los conseguidos por Anguita en el 96, alcanzando un 21% que les supusieron los 71 diputados que tienen ahora, repartidos entre confluencias más o menos inestables. Se mire como se mire 5,2 millones de votos para un partido comunista en España es algo que está completamente fuera de lugar.  El CIS lleva años analizando la autoubicación ideológica de los españoles y ha dejado patente que en la extrema izquierda se ubican, como mucho, el 11% de los encuestados. Los 5,2 millones de votos de Podemos es evidente que no procedían de la extrema izquierda, sino que más de la mitad de ellos se autoubicaban en posiciones que habitualmente correspondían con votantes socialistas. Y es que en España, como bien dicen Almudena Negro y Jorge Vilches en su libro “Contra la socialdemocracia: Una defensa de la libertad”, el populismo es hijo de la socialdemocracia.

Ambas corrientes, extrema izquierda y centro izquierda, se han enfrentado este fin de semana en Vistalegre. Los votantes de centro izquierda son los que ven con buenos ojos a Íñigo Errejón y sus acercamientos a un PSOE que ya había sido “podemizado” por Zapatero y Pedro Sánchez. Son los votantes que compraron el discurso populista nacido en las plazas del 15-M, en las que jovencitos curtidos en asambleas universitarias convivían con jubilados, parados y amas de casa, hastiados de la coincidencia de tanta corrupción con el paro y la crisis. El eslogan de “no hay pan para tanto chorizo” no es un eslogan comunista, bien sabido es que los comunistas son tan chorizos o más que cualquier otro político y que con ellos lo más normal es que el pan escasee mucho más. No, ese eslogan podemita es un claro ejemplo del discurso populista socialista que tantos votos les ha dado.

Pero la recuperación económica, el descenso en los niveles de paro y el hartazgo que provoca comprobar que a las primeras de cambio esta nueva casta es tan corrupta o más que la antigua, poco a poco irá alejando a los votantes no comunistas de Podemos. Pablo Iglesias sabe que los indignados pronto perderán la indignación y la ilusión, volviendo a ser sólo hastiados, por eso ha empezado a preparar su partido para adaptarlo a este nuevo esquema donde sólo quedará comunismo. Fuera caretas, lejos queda ya aquel extraño discurso con el que pretendió hacerse pasar por socialdemócrata del norte. A partir de ahora el liderazgo será aún más fuerte, los círculos perderán cualquier ilusión de tener algún poder real y el que se mueva desaparecerá de la foto, al más puro estilo estalinista: comienza la purga comunista en Podemos.

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