Cataluña, el negocio de los Pujol. -Editorial ABC-

El expresidente de la Generalitat Pasqual Maragall lanzó a Artur Mas en febrero de 2005 una sentencia política de lo que hoy es una masiva certeza judicial sobre el nacionalismo catalán representado por la extinta Convergencia i Unió: «Ustedes tienen un problema y ese problema se llama 3 por ciento». De la tupida red de investigaciones judiciales sobre los casos de corrupción que afectan a los dirigentes de aquella formación política y sus aledaños sociales, destaca la abierta por el Juzgado Central de Instrucción nº 5 de la Audiencia Nacional sobre la familia Pujol. Los hechos que se van conociendo a través de los informes policiales y de las declaraciones de testigos trazan la historia de una etapa corrupta en Cataluña, de la que aún faltan por conocer nuevos capítulos. El último de ellos lo ha puesto de manifiesto la Unidad contra la Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) en un informe remitido al juez José de la Mata, en el que la unidad policial vincula por vez primera y de manera directa los ingresos ilícitos de Jordi Pujol Ferrusola con el período en que su padre, Jordi Pujol Soley, fue presidente de la Generalidad catalana. En concreto, el mencionado informe desgrana pagos de empresas a Pujol hijo entre 1998 y 2003, por más de cinco millones de euros, coincidiendo algunos de esos pagos con la etapa en que Artur Mas ostentaba el cargo de «conseller en cap», es decir, el número dos del presidente Pujol. Las empresas identificadas por la Policía en su informe habrían pagado comisiones a Pujol hijo a cambio de que este mediara en adjudicaciones de contratos públicos dependientes de la Generalidad.

Estos datos policiales que, obviamente, tienen que ser valorados y refrendados judicialmente, demuestran dos rasgos intolerables de la etapa Pujol. El primero es la absoluta confusión entre lo público y lo privado cuando se trataba de los intereses de la gran familia del nacionalismo catalán, como si el liderazgo nacionalista de Jordi Pujol Soley fuera causa suficiente para justificar el enriquecimiento de sus miembros por cualquier medio. El segundo es la impunidad de la que han gozado no sólo la familia Pujol -sobre la que no recae una sola medida cautelar personal, a diferencia de otros ciudadanos investigados por corrupción, destinatarios de un rigor preventivo extremo-, sino el nacionalismo catalán en su conjunto, por su método corrupto de gobernar y de crear servidumbres. Para muchos nacionalistas, empezando por la propia familia Pujol, Cataluña ha sido un gran negocio; y el nacionalismo, una burda defensa de los corruptos para esconderse tras el pueblo catalán.

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