Laica Navidad. -Antonio Burgos/Hola (16-12-04)-

La dirección del colegio público «Palacio Valdés» de Avilés ha decidido atender los argumentos esgrimidos por tres familias de alumnos y suprimir el tradicional festival de villancicos que venía organizando, debido a las «connotaciones religiosas de ese tipo de cánticos». De poco ha valido que las letras de esos villancicos no tengan muchas veces nada que ver con las connotaciones religiosas, y que haya algunas que incluso parezcan anuncios, navideños por otra parte, del Rioja o del Jerez: “Esta noche es Nochebuena/ y mañana es Navidad,/ saca la bota, María,/que me voy a emborrachar”.

Esos escolares asturianos se quedarán sin ver cómo beben y beben los peces en el río por ver a Dios nacido. Y, en el caso harto improbable de que las muy laicas y aconfensionales familias de esos tres alumnos consientan que el colegio instale un portal de Belén, es más que posible que sea a cambio de que entre los pastores figure Yaser Arafat; que el Rey Herodes vaya de bueno de la película, en cuanto precursor de las leyes del aborto para asesinar inocentes; y que los Reyes Magos sean los tres negros, perdón, subsaharianos como Baltasar. Hasta puede que les quiten los camellos e interculturalmente, que le dicen, los hagan llegar en patera a venerar…

Iba a decir al Niño Dios, pero quiero ser políticamente correcto en estas Navidades que de blancas han pasado a laicas. El tiempo de Adviento que la Iglesia celebraba litúrgicamente como preparación para el Nacimiento del Salvador ha sido cambiado por las iluminaciones de los grandes almacenes y de las calles. En estas escuelas sin clases de Religión, niños habrá que no solamente no les dejen sus padres cantar villancicos por su contenido peligrosamente religioso, sino que cuando les hablen del Salvador se crean que es una república centroamericana, de por allí de por donde viene Rigoberta Menchú como pastorcilla del Tercer Mundo.

La preparación para la Navidad empezaba al primer domingo de Adviento y ahora comienza el primer fin de semana con luces en las calles. Al propio ángel anunciador lo han hecho laico. Hemos cambiado el ángel de la estrella de Oriente por el calvo del anuncio de la lotería. De la Navidad nos estamos quedando sólo con la parte gastronómica y vacacional. Y digo yo que si en este mundo hubiera más coherencia, esos mismos padres asturianos que no quieren que sus niños canten villancicos deberían renunciar a las vacaciones que en el trabajo les dan con motivo de la Natividad del Señor, y acudir a currelar y a meter el hombro sin la menor connotación religiosa de este tipo de fiestas. Pero no caerá esa breva, digo, esa burbuja de cava que hace ahora de Gallo de la misa de Nochebuena.

Cuando se planteaba aquella vieja polémica de costumbres y tradiciones entre lo español y lo extranjero, entre el portal de Belén y el árbol de Navidad, entre los Reyes Magos y Papá Noel, no podíamos sospechar que se fuera a llegar en nuestro mundo “light” y “sin” a esta descristianización de las raíces de las fiestas de la Pascua de Natividad y Reyes. Una Navidad “sin”. Los pueblos que celebran la Navidad con árbol y Papa Noel proclaman sus principios cristianos, sean católicos o sean protestantes. No se avergüenzan de ellos. En la Alemania de Lutero toman tradicionalmente por Nochebuena los dulces del Niño Jesús como nosotros el turrón, los mantecados o los polvorones. Los protestantes alemanes llegan más lejos, pues nuestros productos no son del Niño Jesús, sino de Jijona o de Estepa. Los norteamericanos, exportadores con su civilización de todo un modo de celebrar la Navidad, nunca le quitaron el sentido cristiano. Aquí, en España, en la vieja Europa, a agnósticos y a laicos no nos gana nadie, y menos en Navidad. Observen las tarjetas de felicitación comerciales o institucionales que les llegan en estas fechas. Casi todas desean “Felices Fiestas”. ¿Qué fiestas? ¿Las fiestas de San Fermín, las fiestas de Carnaval? No, las fiestas de Navidad. ¡Anda! Parece que les cuesta trabajo o les da vergüenza poner la palabra Navidad: “Feliz Navidad, feliz aniversario del nacimiento de Dios hecho Hombre en Belén”. Aquí a todo el mundo se le festeja con tarta y velitas el cumpleaños (cada vez menos el santo), menos a Nuestro Señor. A Jesucristo se le regatea cantarle este “Cumpleaños feliz” o es “Feliz, feliz en tu día” que al fin y al cabo es el sentido confesional de la Nochebuena.

Y de los letreros luminosos que engalanan (es un decir) las calles de la capital del Reino de España, ni te cuento. ¿Hay en Madrid un alcalde comunista como el Don Pepone de Giovanni Gureschi, que le dé vergüenza proclamar en las luces ciudadanas el nacimiento de Jesús, poner al menos la palabra “Navidad”? No; según me dicen es hombre conservador, del partido que defiende los valores de la familia, del que se opone al aborto y a la eurotasia. Entonces, ¿a qué jugamos? ¿A qué ese absurdo de los adornos navideños con palabras sueltas e incomprensibles, como de un crucigrama loco, inconexas, sin sentido y a veces con muy mal gusto como este año han llenado las luces navideñas de Madrid? ¿Es que somos más modernos que nadie negando el sentido verdadero de la Navidad y renegando de nuestras raíces cristianas? Esto es lo malo, que el alcalde de Madrid, como cree en los Reyes Magos, este año le van a traer carbón. Como a todos nos han traído ya por anticipado el carbón indignante de esa sopa de letras donde faltan intencionadamente la N, la A, la V, la I, la D, la A y la D de Navidad.

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