Estulticia progre y terrorismo. -Emilio Campmany/LD-

Apenas ha pasado un año desde que el terrorismo islámico asoló París y los políticos europeos siguen demostrándose incapaces de hacer nada para derrotarlo. Hollande se puso muy farruco y envió a Oriente Medio el portaaviones Charles de Gaulle con la orden de llevar a cabo una serie de misiones aéreas contra el Estado Islámico que no sirvieron para nada. Hoy, en Francia, los políticos simulan que todo sigue igual. Y no es así. No sólo no es igual para los muertos y sus familias. Tampoco lo es para el resto de franceses, que han perdido parte de su libertad gracias al terrorismo, como prueba el que Charlie Hebdo ya no publique viñetas de Mahoma.

Por otra parte, el resto de europeos manifestamos nuestra solidaridad con bellas palabras y ninguna acción. Paradójicamente es una postura coherente, al menos en España. Si no estamos dispuestos a matar para defendernos, ¿cómo íbamos a estarlo para defender a nuestros vecinos?

Visto lo poco que ha hecho Francia, a pesar de seguir siendo una potencia militar de primer orden, con asiento permanente en el Consejo General de la ONU, titular de un arsenal nuclear, queda claro que los únicos que pueden salvar a Europa del terrorismo islámico son los Estados Unidos. Sin embargo, hasta ayer, estaban dirigidos por un presidente poco dispuesto a defendernos. Lo cual no ha sido óbice, por supuesto, para que nuestras sociedades, anegadas en ideología izquierdista, lo hayan adulado con los más almibarados halagos precisamente por haberse mostrado tan atento con quienes quieren acabar con nosotros y nuestros derechos.

Pero, como la idiocia no tiene límites entre los europeos, no sólo adulamos a quien nos abandona a nuestra suerte, no sólo renunciamos a dotarnos de los medios de defensa que nuestros recursos nos permiten, no sólo concentramos todos nuestros esfuerzos en proteger los derechos de quienes quieren acabar con los nuestros. No sólo, sino que además nos apresuramos a insultar a quien, siendo el nuevo presidente de los Estados Unidos, se diferencia concretamente del anterior en lo mucho más dispuesto que está a combatir a nuestros enemigos, esos que hace un año atentaron en París y que nosotros no somos capaces de derrotar. Tiene especial delito que uno de los más vehementes en la injuria haya sido Hollande, precisamente el presidente de la república atacada.

Deberíamos preguntarnos cuántos de nosotros tendremos que morir en la sala Bataclan o en cualquier otra para que estos políticos nuestros se den cuenta de que esto es una guerra; que lo prioritario en las guerras es ganarlas; y que la mejor garantía de hacerlo es contar como aliado con la potencia más poderosa del mundo, a ser posible dirigida por alguien que tenga cuánta más voluntad de ganar, mejor. No sé cuántos tendremos que ser. Espero que no muchos y que lo aprendamos antes de que sea demasiado tarde.

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