El mirón, la Virreina y la ministra de Autodefensa. -F.J.Losantos/LD-

Este Gobierno parece el típico edificio construcción, la obra, que en España suele presidir un castizo jubilado, con abrigo, pelliza o gabardina y la gorra de visera que acompaña más que tapa al amable sol de invierno. El mirón puede muy bien llamarse Mariano; y, acodado en un cómodo puesto de privilegio, obtenido tras la obstinación de muchas mañanas, observa la barahúnda de humanos y máquinas en ese gran foso que guarda las huellas cuadriculadas de los cimientos, aún erizado de pilares de hierros sin cubrir y acompañado por el runrún apicultor de las hormigoneras que voltean en el vacío el mortero gris, antes de que las vacíen y vuelvan a llenarlas los obreros.

Pero el placer del mirón consiste en ver venir, si no anunciar, las peleas del aparejador con el jefe de obra, del que trae cemento y no sabe dónde ponerlo, del que pide el agua que está encharcando otro rincón, las mil quisicosas que le permiten explicar socarronamente los fallos de la colmena humana y el desgobierno de la obra en general. España ha vuelto, tal vez, a la tibetanizaciónque le achacaba Ortega. La novedad es que el mirón es también el constructor, ese jubilado de la gorra llamado Mariano.

Para Soraya, el Palacio de la Virreina

La arquitecta y la aparejadora de esa obra que al sol de noviembre observa con media sonrisa el jubileta Mariano son Soraya y Cospedal, una, encargada del Gobierno de España y del Desgobierno de Cataluña, la otra, encargada de compensar un poco el poderío de la primera. Lo nuevo, en este Gobierno de jóvenes que parecen viejos y viejos que parecen eternos, es la extraña competencia que añade la Vicepresidenta al ministerio de la Presidencia y, como diría Verónica Pérez, a todos los perejiles ministriles, porque la cartera de Soraya es de orden marsupial y en ella habita cierto número de crías que se alimentan de su vitalísima savia: Montoro, Nadal, Montserrat, Báñez y otros muchos canguritos que entran y salen de la bolsa sorayina. Las mamás fecundas no deben ser grandes sino próvidas y no hay duda de que Mamá Soraya lo es. Casi no hay ministerio que no sea suyo y, en rigor, es más fácil contar los que no lo son. Sólo dos: Defensa e Interior.

Pero el perejil más emperejilado de la perejilería vicepresidencial es esa competencia sobre esas Administraciones Territoriales que no sabemos si son versiones en miniatura de la Jefatura del Estado, Regiones Militares, Cuencas Hidrográficas, Zonas Mineras, Distritos Electorales, Filatélicos o, simplemente, Cataluña. Todo el mundo interpreta que se trata de esto último, así que Soraya recuperaría para la región rebelada contra el orden constitucional la condición de Virreinato, extinta desde hace varios siglos.

Obviamente, Soraya hará por todo lo alto lo que el mirón Mariano viene haciendo por lo bajo: financiar a los separatistas catalanes con el dinero de todos los españoles para que su burla de la Ley parezca menor y para que sus alardes contra España se maticen a través de las nóminas. Sórdida tarea; pero Soraya no deberá invadir la Delegación del Gobierno. Para eso está, en plenas Ramblas, el Palacio de la Virreina, ahora Centre d l´Imatge, o sea, de la fantasmagoría.

En realidad, esa va a ser su imprecisa función, que tendrá algo de legal y todo de ilegal, un aire de Monarquía al servicio de la anarquía, un alarde de legalismo y un ejercicio sistemático de alta prevaricación. La nueva Virreina de Cataluña va a cohonestar el golpismo, a dar jarabe de competencias al separatismo menos diabético y a pasear a caballito en el Círculo Ecuestre, montando a mujeriegas la “Juliana” del Conde de Godó. Si no repite aquella majadería de Pemán: “el catalán es un vaso de agua clara”, será porque Moragas anda mohíno por no haberlo hecho ministro.

Pero seguro que irá a las paellas de la Rahola, con Cocomocho y Rufián. Lo que vimos cuando presentó elpais.cat junto a Cebrián y Pdr Snchz no será nada al lado de lo que veremos en el Liceo o el Nou Camp. Si el Duque de Lerma, valido del Rey, fue capaz de vender la capital del reino a Valladolid, ¡qué no será capaz de vender y regalar en Barcelona la todopoderosa e infatuada virreinita, esta ignorantísima e irresponsable chica de Valladolid!

El ministerio de Autodefensa del PP

Muchos son los ministerios que deberán mostrar si lo son en estos meses. Tiempo habrá de referirnos a ellos si dan señales de vida política. Pero lo más curioso de este Gobierno es el ministerio de La Otra, que es Cospedal. Su presencia en el gabinete tiene como única función equilibrar el desequilibrio disparatado en favor de Soraya, que cumple el deseo que Pablo Iglesias le pidió a Pedro Sánchez: quedarse de florero en la Moncloa y dejarle a él la tele, el CNI, Economía, Hacienda, Exteriores e Interior.

Este ministerio de Defensa es, en realidad, el de Audotodefensa de todo lo que en el Gobierno -poco- y en el partido –bastante- no es sorayo. Por supuesto, en un ministerio básicamente fotogénico, la ministra podrá alimentar la esperanza de una reconquista del PP, casi región a región, y como saldrá mucho en la tele, entrando con nuestros blindados en algún Mosul accesible, brindando con vinillo de rioja con los legionarios de algún puesto imposible en un lugar lejanísimo, posando con todos los uniformes y accesorios de nuestras tropas en cualquier fecha entrañable, alcanzará una popularidad imaginaria enorme, sólo comparable a su falta de poder real.

Zoido y El Álamo del PP

La primera batalla de la Virreina contra la Ministra de Autodefensa tuvo lugar este viernes en el estreno de Méndez de Vigo como Portavoz de Una de las Dos. Al preguntarle si las televisiones dependerían de él, dijo que creía que sí, pero que no sabía. Conmovedora ignorancia que aclaró de inmediato La Una para fastidio de La Otra: las televisiones serán de Nadal, no de Cospedal. Guindos tendrá una Energía sin energía, fotovoltaica o así. Montará numeritos como el de las black hasta que Montoro le haga block.

La segunda y definitiva batalla se librará en el Ministerio de Interior, donde Ignacio Zoido, que se presenta como el único amigo de Cospedal y el casi único superviviente de las fechorías andaluzas de Soraya y Arenas, tiene la ocasión de limpiar aquello y alimentar la ilusión de que el PP tiene remedio. O de rendirse a la Virreina y dejar al Ministerio de Autodefensa en Génova 13, El Álamo contra Santa Anna, el caudillo que enterró su pierna con honores militares. Él verá.

Mientras, Soraya debería enterrar, simbólicamente, a su asesor de vestuario, porque la única batalla que ha ganado hasta ahora Cospedal ha sido la estética en la toma de posesión. Por cierto, todos juraron menos ellas dos, que como ya se han jurado odio eterno, se limitaron a prometer. La Una, sonrió y La Otra, desfiló. El Rey se mosqueó y el jubilado sonrió.

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