Tarzán y su puta madre buscan piso en Alcobendas. -C.G.Abadillo/El independiente-

El portavoz de Podemos en el Senado y candidato a liderar esa organización en Madrid, Ramón Espinar, compareció en rueda de prensa para explicar la compraventa de un piso que le reportó una plusvalía de 30.000 euros. La revalorización que logró Espinar fue del 20,5% en tan sólo 9 meses.

Hay que recordar que, por ejemplo, Bernard Madoff, presidente de la firma de inversión que llevaba su nombre y que era considerado como una especie de mago de Wall Street, ofrecía a sus clientes una media del 10% anual. Y los ricos de todo el mundo se daban de tortas para que los recibiera el bueno de Madoff en su despacho del edificio Lipstick en Manhattan. Luego se supo que detrás de ese supuesto genio no había más que un esquema piramidal clásico: los intereses de los clientes antiguos se pagaban con el dinero que ingresaban los nuevos clientes. Como recordarán, la burbuja estalló y Madoff está en prisión, condenado a una pena de 150 años por diversos delitos de fraude.

El ejemplo de Madoff nos ilustra sobre lo difícil que es obtener plusvalías sin engaños, a no ser que hablemos de pelotazos inmobiliarios. Ahí la cosa cambia. Pero lo realmente sorprendente del caso Espinar es que logra un beneficio desorbitado justo en una época de depresión del mercado inmobiliario. El precio medio de la vivienda durante el segundo trimestre de 2011 (fecha de venta del piso de Espinar) cayó en España un 6,8%, según el INE. El pelotazo de Espinar, por tanto, es un pelotazo contracorriente, lo que le proporciona una característica doblemente especulativa.

En efecto, el líder de Podemos vendió su vivienda protegida al precio máximo permitido, pudiendo haberlo hecho a precio menor. En fin, que Espinar actuó con la lógica de cualquier capitalista que se precie. La operación contiene elementos sospechosos desde el principio. Espinar no estaba empadronado en Alcobendas (donde se ubica el inmueble) y tampoco figura inscrito en ningún registro. Obtuvo la vivienda del porcentaje del 15% del total de la promoción que la cooperativa propietaria adjudicó a dedo.

Curiosamente, su padre, Ramón Espinar, imputado por haber gastado 178.400 euros con una tarjeta black de Bankia sin justificar, era consejero de dicha entidad y amigo del entonces alcalde de Alcobendas, José Caballero, también miembro del consejo.

En lugar de presentar su dimisión, como debería haber hecho una persona experta en urbanismo y vivienda pública que se ha dedicado a denunciar la “especulación”, Espinar se nos presentó como víctima de una conspiración para restarle apoyos en su lucha por liderar Podemos en Madrid.

Lo llamativo de su comparecencia fue cómo explicó el porqué decidió vender la vivienda que había comprado unos meses antes. “Como todo joven universitario, esperaba que cuando terminara la carrera encontraría un curro con el que poder pagar la hipoteca”. Añadió que, en esa época, él disfrutaba de una beca de 480 euros al mes, 140 euros menos de lo que suponía pagar la dichosa hipoteca.

Estamos, recordémoslo, en 2011, en uno de los peores momentos de la crisis, justo en los albores del Movimiento 15-M. Mientras que la mayoría de los estudiantes españoles temían que no encontrarían nunca un empleo, o, al menos, a medio plazo, Espinar creía que podía optar a “un curro” nada más terminar sus estudios. Debió desengañarse pronto, ya que la petición de venta del piso se produjo sólo unas semanas después de haberlo adquirido (gracias a una entrada fruto de un préstamo de su familia).

.Si esa explicación la hubiera dado Francisco Correa, no habría hueco en Twitter para publicar la ristra de insultos que le llegarían desde los predios de Podemos. Pero él no. Es una víctima que, gracias a ese desajuste del mercado inmobiliario, pudo comprarse un portátil y pagarse un master. ¡Es que daba pena verlo!

En 1985 nació un grupo punk que se llamaba Tarzán y su puta madre buscan piso en Alcobendas. Era un grupo antisistema, ligado al movimiento okupa. En 1992 lograron un relativo éxito con un tema titulado Ruido Anticapitalista, del que vendieron más de 2.000 copias. Los Tarzán nunca llegaron a encontrar piso en Alcobendas. Tampoco su puta madre. Cuando fueron a solicitarlos, ya estaban adjudicados.

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