… la Cruz.

Vuelta a la cruda realidad.

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Poco ha tardado Cristina Cifuentes en devolvernos a la cruda realidad de la política. Le faltó tiempo para “desautorizar” y “pedir explicaciones” al alcalde de Alcorcón. Nadie puede desconocer la animadversión de Cristina Cifuentes hacia el alcalde de Alcorcón. No en vano, David Pérez, diputado regional, se ha opuesto a dos de los proyecto de ingeniería social de la nueva lideresa del PP. En MQE imaginamos, tal y como funciona la partitocracia, que eso no se perdona.

Muy ufana Cristina Cifuentes declara que “El Gobierno de la Comunidad de Madrid discrepa de las declaraciones del alcalde de Alcorcón. No las comparte y considera que son desafortunadas. Corresponde, por ello, a David Pérez, dar las oportunas explicaciones”.

¿Qué no comparte Cifuentes? ¿La crítica al feminismo radical? ¿La desnaturalización que hace de la mujer la ideología de género? ¿que el aborto condena a la muerte a…

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Carta a Jordi Évole. -Antonio R. Naranjo/Es Diario-

Querido Jordi,

Antes de nada, permíteme que te eche un capote, humilde como una rumba al lado de un aria, pero tal vez oportuna para que una parte del gentío no se alborote con tu trabajo: lo que haces no es periodismo, y con la ficción uno nunca debe enfadarse. Ya está bien de lanzarte improperios, es como chillarle a la pantalla cuando Jack Nicholsonsalía en El Resplandor intentando matar a la pobre Shelley Duvall. Oigan, tuiteros y espectadores, que es una película y él sólo un actor, no sean tan brutos.

A tu Salvados les suele pasar con el periodismo lo que decía Woody Allen del sexo sin amor, que es una experiencia vacía, pero como experiencia vacía, es de las mejores. Lo que tú das es un espectáculo y el problema es quien lo ubica en el mismo epígrafe que el viejo Informe Semanal en lugar de en la estantería del entretenimiento.

A mí me encanta, como me pirran los documentales de Michael Moore, y el problema lo tienen quienes se toman el estupendo show que brindas como una verdad periodística incontestable certificada ante notario. Tal vez eso es lo que te ocurre a ti mismo contigo mismo y, en ese sentido, harías bien en repetirte antes de cada programa y aclarárselo luego a la audiencia que no eres Woodward; que Salvados no es La clave y que allí no vas a buscar respuestas que ya has decidido previamente, sino a rellenar como se pueda las preguntas dictadas por tus legítimos prejuicios.

Tú ya piensas de antemano que Mercadona enlata gato encerrado; que Amancio Ortega es el puñetero Tío Gilito; que el muchacho de ETA se merece una segunda oportunidad; que Otegi tiene su punto; que la Educación falla porque el Gobierno no contrata a más profesores; que a la Iglesia le ponen los curas pedófilos; que el nacionalismo español es mucho peor que el secesionismo catalán y que, en general, todo lo que no entra en tus parámetros ideológicos y políticos es probablemente pernicioso y seguramente denunciable.

Un monólogo personal

Y desde esa premisa, buscas testimonios que encajen en ella, la refuercen y sirvan para demostrar lo acertado de tus diagnósticos y el arrojo de tu trabajo. No buscas, en fin, la verdad, que es la mercancía del periodismo y el incesante viaje del periodista; sino cómo hacer que tu verdad incompleta, legítima y personalista, no reme sola y encuentre soportes para distinguirla del monólogo personal que en realidad es Salvados y hacerla parecer una prueba irrefutable.

Te bastaría, a ti o a cualquiera, con elegir otros testimonios distintos, igual de incompletos y parciales, para ‘demostrar’ la tesis justamente opuesta y entonces el fracaso escolar sería achacable al absentismo o la mala calidad docente; este fin del terrorismo una bofetada a los muertos (te recomiendo que veas Contra la impunidad, de Iñaki Arteta, vas a alucinar) y el soberanismo catalán una deriva xenófoba y medieval auspiciada desde las propias instituciones, existentes gracias a la Constitución pero desleales hasta la náusea con ella.

Todo esto es más cierto que lo contrario y bastante menos opinable, pues al menos se sustenta en datos oficiales, sentencias y un sinfín de documentación; pero también es una opinión y como tal ha de presentarse y la presento, sin escarceos ni disimulos, sin buscar colegas en la tribu para venirnos arriba; sin esa actitud tan tuya de que todo parezca un accidente, de que tu pasabas por allí y ahí lo dejas y que son otros los que rematan a puerta.

En realidad, eso es lo que más me jode, y perdona que utilice la palabra. Porque aun no siendo periodismo sino espectáculo -a pesar de que a menudo te expresas como si fueras catedrático de Ciencias de la Información por Columbia-; también tiene unas reglas y no tienes más que fijarte en Michael Moore para darte cuenta: él siempre va por delante, no esconde lo que piensa ni defiende y tiene las santas gónadas de decirlo a campo abierto.

En tu caso, prefieres siempre que parezca la sutil consecuencia de una modesta observación imparcial; el resultado inapelable de un choque de testimonios antagónicos pero en igualdad de oportunidades en el que tú ejerces de sensible moderador; la maravillosa derivada de una innovadora disección de los hechos y, en fin, la humilde conclusión de un riguroso esfuerzo al alcance de pocos.

Es decir, no te conformas con tener la oportunidad –y el talento- de decir lo que se te ponga en tus fosas nasales; quieres que parezca la inapelable consecuencia de haber puesto tú un humilde foco sobre la única realidad posible y hasta entonces ocultada. Y eso no.

Salvados “de luxe”

Contra eso, aunque lo disfruto como un gorrino en una charca oMonedero en el Orinoco, me rebelo, por artero, manipulador y sentimentaloide, tres de los ingredientes que seguramente pensaría Malcom X antes de decir que de esa manera puedes hacer pasar a la víctima por culpable y al culpable por víctima.

Elevar la anécdota a categoría cuando se quiere describir un paisaje global, como hiciste con Mercadona trasformando un par de testimonios en el vehículo para caricaturizar una marca definida por sus datos (te doy algunos: 800 millones en impuestos, 1.300 euros de sueldo medio; se reparte dividendo entre la plantilla; casi 50.000 agricultores, ganaderos y pescadores de proveedores y 76.000 empleos directos) y no por los desprecios o aplausos de dos o tres detractores o partidarios; sólo tiene un pase sin en lugar de parapetarte en una inexistente pulcritud exhibes tus manías a pecho descubierto y dices “A mí ese Roig me cae como el orto” y procedes.

Porque si no, la diferencia entre hacer lo que tú haces y entrevistar a un tipo que asegura que Elvis está vivo u otro que afirma que tú tienes más cara que espalda es inexistente. Espero que no te moleste esta humilde epístola, escrita a partir del reconocimiento a tu capacidad para provocar debate; del aplauso a tu pionera condición de showman y del sincero aprecio por tu inteligencia, habilidad y talento. Lo digo sin ápice de ironía, como un devoto de Salvados que desea larga vida al espacio y largo éxito a su conductor.

No te pido mucho. Con que añadas un “de luxe” como coletilla a tu programa y cuentes con Jorge Javier Vázquez de sustituto en tus merecidos descansos, todos contentos.

Ver articulo original:

Dos visiones del #BoicotATrueba . -C. Jordá-P. Molina/LD-

Boicotear a Trueba, ¿para qué?-  por Carmelo Jordá/LD

Anda la feligresía progre de lo más indignada porque por lo visto el fascismo franquista carpetovetónico más rancio y casposo está boicoteando una película de Fernando Trueba, la recién estrenada La reina de España.

Yo, la verdad, me enteré del supuesto boicot con los primeros alaridos de la prensa socialdemócrata, como diría Espada, y desde luego no ha influido en lo más mínimo en mi decisión previa de ir o no ir a ver la película, tomada en base a tres factores clave: que por desgracia voy poco al cine, que hace años queTrueba no me interesa lo más mínimo y que las críticas no eran precisamente entusiastas, lo cual, tratándose de una producción española dirigida por Trueba y con un larguísimo reparto de actores amiguitos de los críticos, sólo puedo interpretarlo como que la película es un peñazo de tamaño superlativo.

Parece ser que el malvado boicot ha surgido por aquellas declaraciones de Trueba en las que afirmó no haberse sentido español “ni cinco minutos” en toda su vida. Por supuesto que el cineasta tiene derecho a no sentirse español, a creerse malayo o a jurar fidelidad eterna a Daenerys Tragaryen, pero hay que reconocer que queda feo que lo digas cuando estás recibiendo un Premio Nacional que, además, tiene una dotación económica.

No sé si la respuesta a aquella estupidez es boicotear una película o cualquier otra cosa, lo que está claro es que hay una cierta casta de gente en este país –de la que ya hemos hablado aquí alguna vez– que cree que sus actos no deben acarrearles ninguna consecuencia, bien porque están en posesión de algún tipo de verdad absoluta que a los demás se nos escapa, bien porque su arte es tan excelso que debemos olvidar todo lo demás de cara a su disfrute. Gocen ustedes de mi genialidad y denme las gracias, parecen pensar, y sería un argumento quizá hasta aceptable… si de verdad fuesen así de geniales.

Por otro lado, también es cierto que así era cuando la opinión pública sólo estaba en manos de una serie de medios relativamente corta, llenos de amigos y de críticos muy poco críticos. Pero hoy en día, ¡ay!, cualquier facha te monta un boicot por las redes sociales sin que lo bendigan en El País ni nada, lo que obviamente ya no es libertad de expresión sino un insano libertinaje que deja un lamentable reguero de salas vacías. La gente es que ya no obedece a Évole ni a la hora de vestirse, ni al elegir supermercado ni para ir al cine, no sé a dónde vamos a llegar.

Pero lo más importante de todo este asunto no es si el boicot es justo o injusto, porque no es ni una cosa ni la otra: quien quiera, que vea la película de marras, y quien no quiera, que no la vea, sea por las razones que sea. Lo más importante es, digo, que boicotear a Trueba es una tontería… porque ya se boicotea él solo.

La reina de España se ha pegado una torta fenomenal en la taquilla porque una secuela de una película de hace 20 años podría haber interesado… hace 19 años; porque a la gente que de verdad llena los cines les hablas de Trueba y te preguntan quién es ese; y, en definitiva, porque la cosa no tiene buena pinta.

Para lo único que ha servido el boicot, señores, es para que ahora la progresía le eche la culpa del fracaso a los fachas y poco menos que a Franco, y no a un cineasta al que le gusta insultar a su público y que admite que no hace las películas pensando en la taquilla. Vale, macho, pues que te aproveche.

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El fascismo se ensaña con Trueba.  por Pablo Molina/LD

La última película de Fernando Trueba no ha concitado precisamente el entusiasmo de la crítica. Basta echar un vistazo a las menciones de los expertos para comprobar que La reina de España no ha provocado un arrebato de admiración hacia el director apátrida y su más reciente obra maestra.

“Más sombras que luces” (El País), “historia deslavazada” (ABC), “poco convincente” (Cinemanía), una película “víctima de sí misma” (Fotogramas) y así: los que saben de cine coinciden en que la película no es un truño infumablepero tampoco una obra que vaya a marcar un hito en la historia de la cinematografía. Así pues, hay un amplio consenso en que la experiencia de ver a Penélope Cruz impostando de manera insoportable el acento andaluz no vale el precio de la entrada.

Esta reticencia de la crítica hacia el último trabajo de Fernando Trueba carecería de importancia si no fuera acompañada de un desdén aún más profundo por parte de la audiencia, que es lo que realmente duele, no vamos ahora a engañarnos. En el primer fin de semana de proyección las cífras han sido, digamos, francamente mejorables. Seríamos injustos si dijéramos que no ha ido a verla ni el Tato. Él si ha ido, pero cuando comenzó la proyección la sala estaba medio vacía.

Como los progres son sublimes y su talento no puede cuestionarse, a la hora de buscar explicaciones al castañazo taquillero se ha impuesto la tesis de que todo obedece a un boicot del facherío. Los que no leen El País ni ven el programa del Follonero, o sea los fascistas, no soportan que un librepensador de mirada progresista tenga un arrebato de genialidad y denueste al casposo nacionalismo español justo cuando recibe un premio de la nación que tanto desprecia. Bien, es una posibilidad, de ahí que la abajofirmancia progre haya sacado la trompetería para denunciar el terrible acoso a uno de sus miembros más significados.

Si entramos en el terreno del delirio podríamos valorar también la posibilidad de que la última película de Trueba sea una castaña insoportable, nivel Kiarostami en su etapa introspectiva, pero dejemos esa cuestión en el ámbito de las valoraciones personales.

En todo caso, si es cierto que los fachas han rechazado el privilegio de admirar la película, lo cierto es que están en su derecho. Al contrario que el propio Trueba, que en unos Premios Goya exhibió una pegatina pidiendo el boicot a Coca Cola, los espectadores que voluntariamente deciden ver otra película se limitan a ejercer su libertad sin comprometer a los demás. Porque el facherío gasta su dinero en aquello que estima conveniente. Sí, ya sabemos que es una de las consecuencias más lacerantes del sistema capitalista, pero hasta que el Chepas no ponga orden la gente va a seguir decidiendo por sí misma en qué gasta su dinero.

Sin embargo, Trueba no debería quejarse por una razón muy sencilla que compensa sobradamente los desplantes de la derechona: el partido al que votan los fachas va a seguir concediéndole premios y una abultada subvención.

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