Periodismo de frenada. -F.J.Losantos/El Mundo-

Si la Transición salió bien fue porque nadie quería jugar a la guerra civil, porque el franquismo fue generoso y el PCE, inteligente, o al revés, y porque los medios de comunicación tenían claro de qué lado debía estar la Prensa y aquella radio que salía del Parte de Radio Nacional y se convirtió con Martín Ferrand (Hora Cero), Antonio Herrero (El Primero de la Mañana) y los creadores de programas-río como Luis del Olmo y Encarna Sánchez, que combinaban información, opinión y entretenimiento, en el medio más importante en la formación de opinión pública. José María García en la noche del 23-F fue el símbolo de ese medio que muchos dieron por telemuerto y que ha sido clave en la defensa del régimen constitucional.

Ya no lo es. Tampoco la Prensa de papel, y menos aún la televisión. Si en esta legislatura corre serio peligro el régimen constitucional -y lo corre- no es sólo porque Rajoy siga apostando, como estos últimos años, por aliarse con Podemos para romper el PSOE y hundir a Ciudadanos sino por otra razón: hay una nueva generación de periodistas que, por costumbre o conveniencia, no se toma en serio la libertad, la democracia y la Nación española. Ya sé que no todos son así, pero esa es la tendencia dominante.

Repásense las críticas a las jornadas de Investidura y se verá cómo la mayoría, archiprogre y famélica en Historia de España, se esfuerza en quitarle importancia al desprecio que contra la sede de la soberanía nacional y las víctimas de la ETA mostraron rufianes, paraetarras y podemitas, cuya triple alianza simbolizó el saludo machote del bildutarra, Iglesias y Rufián. La cobarde parálisis de la presidenta del Congreso protegiendo la coz y no a los coceados por rufianes, podematones y euskomatones apenas recibe atención, salvo para exculparla. Ayer, un titular de El País al estilo graciosete de TV3 resumía perfectamente ese periodismo que tiende a banalizar el mal, siempre que el mal -digo, el disculpable error- sea de Izquierda, separatista o proetarra: “Rufián se pasó de frenada”. Vamos, que el portavoz del partido aliado con los Pujol y ovacionado por podemitas y proetarras no hizo realmente nada malo, sólo que no lo hizo del todo bien.

Esto es el periodismo de frenada: un freno a la posible indignación de la sociedad contra un matonismo político que, en el fondo, le pone.

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