Los estudiantes, actores de Podemos. -Ignacio Del Río/República-

La bronca de “los estudiantes libertarios” en la Autónoma de Madrid que causó la suspensión del coloquio entre Felipe González y Juan Luis Cebrián, ha sido contestada y repudiada duramente por los socialistas y los medios del Grupo Prisa. Todos han vinculado a los actores protagonistas a Podemos que es el autor del guión

La respuesta socialista, ya era hora, y de la opinión pública está plenamente justificada, ya que la apropiación de los recintos públicos universitarios por los podemitas es inaceptable. Los rectores, y hay una Conferencia de Rectores, la CRUE, deberían tomar medidas para dificultar y desterrar estas prácticas que envilecen la razón y el sentido de la Universidad como lugar abierto al debate y el conocimiento. Una sociedad libre no puede encogerse de hombros ante prácticas propias de los albores del nazismo en Alemania, en la que los jóvenes de las camisas pardas irrumpían ejerciendo la violencia y la intimidación frente a los opositores políticos. Entre los años 1923 y 1925, con el nombre de Frontbann se intensificó su presencia con el objetivo de provocar peleas callejeras contra los partidos de izquierda.

La primera respuesta de los Rectores debería ser impedir la entrada y la permanencia en los recintos universitarios con la cara tapada que es el único reparo que les atribuye la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena.

Pablo Iglesias que se desliza bamboleándose entre la extensa ignorancia, los eslóganes y la provocación, ha ejercido de abogado defensor alegando que “la protesta es una prueba de salud democrática”, lo que es sin duda cierto, siempre que se tenga la honestidad intelectual de diferenciar la protesta de la negación por la fuerza del ejercicio de libertades de otros.

La identidad corporativa de los podemitas empieza a acumular un historial de acciones que, directa y frontalmente, impiden y afectan al ejercicio de derechos y libertades de los ciudadanos. Le organizaron un escrache a Rosa Díez, la líder de UPyD. El compañero concejal de Jaén le dio una manta de palos a otro concejal. Rita Maestre y compañía organizaron una excursión “con tetas y a lo loco” a la capilla de la Universidad de Somosaguas, agrediendo infantil e innecesariamente a la libertad de culto. En el Ayuntamiento de Madrid el Gobierno de Carmena intentó abortar la protesta de policías y bomberos que, en ese momento, no debía ser un ejemplo de salud democrática. Y en Cádiz el artista del Kichi le dijo a la policía que el estadio Carranza era suyo cuando expulsaba a un joven aficionado que se había colado y la estaba organizando desde la grada.

Pablo Iglesias tiene un problema desde las elecciones del 26 de junio. La apuesta por convertirse en Siryza no le sale y una parte de la sociedad española que reía sus gracias en las tertulias está comprobando que la política es un oficio más serio que el revival de las movidas universitarias, versión años setenta, a las que pretenden transportarnos en un túnel del tiempo anticuado y retrógrado.

Podemos y sus tribus pretenden ser un heredero transversal del 15M. Hoy sin embargo no es más que una caricatura de grupos de extrema izquierda, cuyos fundamentos democráticos son escasos y únicamente articulados alrededor del ego narcisista de Pablo Iglesias. Su empeño en reglar libros y series de TV a los personajes con que se encuentra, desde el Rey hasta Obama, no es más que una pretenciosa pose pseudo intelectual que revela su propia inseguridad e irrelevancia. Debería aprender de los políticos que han sobreactuado en nuestra historia política y como han salido del terreno de juego, con más pena que gloria.

En cualquier caso, la bronca en la Universidad Autónoma puede ser un buen estímulo para que los socialistas que reniegan de su historia, de sus aportaciones a la Constitución de 1978, y se deslizaban por la estrategia podemita, reconsideren sus posiciones.

La libertad y la democracia son espacios vulnerables y sensibles. No hay ninguna razón para quedarse inane, de espectador, ante quienes ponen en cuestión su valor y obstaculizan o agreden su ejercicio. Aquí, en este país, nadie tiene el monopolio de las libertades ni da lecciones ni reparte credenciales o carnets de categorías de demócratas. Y la declaración de la alcaldesa de Madrid que dice que “la democracia representativa está hoy superada” es un exponente de la demagógica cultura democrática de los grupos populistas que cuestionan los resultados electorales cuando no les son favorables.

El PSOE tiene que ser consciente de que su cerril y ciega oposición en la investidura a Mariano Rajoy y su acercamiento estratégico a Podemos solo les ha beneficiado a los seguidores de Iglesias. El exministro Blanco lo ha sintetizado gráficamente:”Somos un partido de gobierno, no de protesta”.

Hacer oposición no es un oficio fácil. Los grandes avances en Europa son el resultado de los acuerdos que siempre han tenido como protagonistas a los moderados.

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