Pedro Sánchez, García Ferreras y Manolo Escobar. -Jesús Cacho/Vozpópuli-

La del sábado fue una jornada para la televisión. En la calle Ferraz se oficiaba la pasión y muerte de San Pedro Nono, por lo civil Pedro Sánchez, ese héroe de nuestro tiempo al que algunos pretenden ahora elevar a los altares del martirologio como víctima de una torpe alianza entre los barones del PSOE, los patronos del Ibex y los capos de Prisa, con Cebrián,Rubalcaba y Felipe a la cabeza. El partido que más años ha gobernado en España desde la muerte de Franco se desangraba en una carnicería sin concesiones, porque de eso se trató, de una carnicería, un espectáculo que atrajo a los aledaños de la calle Ferraz a decenas de periodistas y curiosos dispuestos a ver correr la sangre a borbotones en uno de esos días marcados para la Historia.

Sólo una de nuestras grandes cadenas, La Sexta, pareció valorar lo que en la sede socialista ocurría, haciendo del asunto un monográfico que ocupó la parrilla desde las 9 de la mañana hasta la madrugada del día siguiente. Llenando la pantalla sin descanso, camisa negra de su esperanza, el sin par Antonio García Ferreras, mano derecha que fue de Rodríguez Zapatero, hombre fuerte de Florentino Pérez en el Real Madrid y casoplón de mil pares en La Finca de Pozuelo. También uno de los hombres con más talento a la hora de convertir la política en un “non-stop show”. Una especie de Oprah Winfrey en recio macho ibérico. No fue, sin embargo, una jornada fácil para el hombre de negro que cocina el bacalao en La Sexta para disfrute de Mauricio Casals. Porque en Ferraz habían subido el puente levadizo y pasaban las horas y de allí no salía una noticia ni con cuentagotas, en uno de esos días en que cualquier periodista quisiera convertirse en pinche de cocina antes que tener que soportar 12 horas a pie firme y en plena calle, sin un mísero renglón que servir a Redacción.

De modo que Ferreras se vio obligado a llenar horas de tedio informativo con tertulia de nada con gaseosa, siempre escoltado por Angélica Rubio, la influyente asesora personal de Zapatero (directora general de Coordinación Informativa de La Moncloa), que hizo horas extras, cambio de blusa incluido, para no dejar solo a su paisano leonés. Llegó la hora de la comida y en la calle Ferraz los cámaras de La Sexta grababan a los periodistas zampándose una paella que algunas almas caritativas se habían molestado en preparar para los plumillas, detallazo, sin que el heroico Ferreras, un punto desesperado, tuviera pieza informativa que llevarse a la boca. Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres, y desnudos al amanecer nos encontró la luna. A media tarde, en un brillante ejercicio de prestidigitación informativa, Ferreras seguía dándole hilo a la cometa, dispuesto cada cierto tiempo, cuando el show amenazaba con caer con estrépito al vacío, a extender sus brazos cual cura párroco a punto de consagrar para, con excitación impostada, exclamar un teatral “¡un momento, atentos, atentos, que parece haber noticia de alcance en la calle Ferraz…!”

La había, en efecto. A los doscientos y pico miembros del Comité Federal socialista les había entrado hambre mientras se apuñalaban a discreción y habían pedido unos bocadillos a Rodilla para matar el gusanillo… Una vez eran los bocatas, otra las pizzas, una más Pepe Borrell, que había salido a hacer pipí por el patio trasero, señal que fue interpretada como prueba concluyente de que las aguas, menores, bajaban revueltas, y otra, en fin, la propia Susana asomada en escorzo inútil a una ventana mientras departía enérgica por el móvil, imagen en la que algunos creyeron ver una petición urgente de refuerzos al grupo Prisa para acabar con un muerto que se resistía a morir. Tras ejercicios mil en el alambre de una obtusa oratoria tertuliana, sobre Madrid se hizo el atardecer y ahí cambió todo. En tono a las 8 de la noche, los habituales de La Sexta y los espontáneos se toparon de repente con el auténtico Ferreras, el periodista de una pieza que, con información directa desde el interior de la sede socialista, fue capaz de anunciar, a las 8 horas y 11 minutos de la noche, con notable adelanto sobre los demás, la dimisión de Sánchez y el resultado de su defunción: 132 síes frente a 107 noes.

Manolo Escobar y el Porompompero

Inmediatamente se me ocurrió ir a La 1 de TVE para ver cómo estaban tratando allí tan impactante noticia. Chasco enorme. La primera cadena de RTVE, el ente público cuyo déficit de explotación le cuesta a los contribuyentes españoles un ojo de la cara todos los años, se solazaba a esa hora con “cine de barrio”, y más en concreto con el gran Manolo Escobar y una de sus películas, “Entre dos amores”, en la que también se homenajeaba al afamado maestro Juan Solano, autor del “Porompompero”. ¿No es fantástico? Con esperanza menguada acudí raudo a La 2, pero allí estaban enfrascados en unas bonitas escenas filmadas en los bosques de Canadá. Cerca del pánico, pulsé tv24 convencido de que aquí sí que sí. Pues no que no. El Canal 24 horas de TVE había convertido en gran tema del díael referéndum a celebrar el día siguiente en Colombia, para ratificar el tratado de paz entre el Gobierno Santos y las FARC, porque, a lo que se ve, el asesinato de Marat-Sánchez era para ellos asunto de menor cuantía.

También estaban a por uvas en Telecinco, que ni siquiera habían puesto en jaque a Javier Ruiz al frente de Cuatro para competir con La Sexta. Solo al filo de las 9 de la noche, cuando Escobar -“quiero saciar mi alegría, queriéndote cada día, con este fuego de amor”- estaba a punto de besar por fin a la rubia, el primer canal de RTVE suspendió la emisión de la peli para abordar en el TD-2 el gran asunto informativo del día. Durante el primer semestre de 2016, Mediaset, propietario de Telecinco y Cuatro, ganó 117,7 millones de euros, mientras Atresmedia (Antena 3 y La Sexta) contabilizaba 84,2 millones. Por su parte, el presupuesto de RTVE para el año en curso se eleva a 974 millones, de los cuales 343 proceden de los PGE, es decir, del bolsillo de los españoles. De donde se infiere que los beneficios anuales de Mediaset y Atresmedia equivalen, muy grosso modo, a la pasta que los españoles tenemos que aflojar, vía PGE, para cubrir los déficits de RTVE. Y muy ajustadamente puede decirse que el último renglón de las cuentas de resultados de ambas cadenas, controladas por intereses italianos ajenos a España, procede de los ingresos por publicidad a los que renuncia la televisión pública para engorde de las privadas. ¿Por qué no emite publicidad RTVE? Es una pregunta que nadie se atreve a contestar, pero es una vergüenza que clama al cielo. O quizá al firmamento de una corrupción que algún día alguien tendrá que explicar. ¿Verdad que sí, señora vicepresidenta del Gobierno?

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