Manuela y el puterío. -El Blog de Santiago Gonzalez-

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“Sí, señoría”, dijo el duque de Feria al juez que lo juzgaba por corrupción de menores. “Yo soy muy putero”. He aquí un modelo para Manuela Carmena, que acaba de hacer público un manual para que los periodistas aprendamos a tratar las cosas del amor venal. Dice el código Carmena que no se debe escribir “prostituta”, “puta” o “cliente”, sino  “mujer en situación de prostitución, víctima de trata o de explotación sexual o mujer prostituida”.

Qué afición a la perífrasis. hace años, alguna otra alma pía quiso evitarnos a los periodistas los riesgos del racismo y dictaminó que no deberíamos escribir ‘gitano’ a pelo, sino ‘persona de etnia gitana’. Basta una búsqueda elemental en Google par darse cuenta de que los gitanos se llaman a sí mismos ‘gitanos’ y que dejan constancia de ello en sus textos. Lástima que Lorca no llegara a tiempo de titular ‘Romancero de las personas de etnia gitana’, y ya, dentro: “Por el olivar venían,/ bronces y sueño,/ las personas de etnia gitana”. Mis queridos Ramón Arcusa y Manolo de la Calva, aka Dúo Dinámico tendrían que haber cantado: “Persona de género de etnia gitana de la Comunidad Autónoma andaluza,/ de labios color de amapola, etc.”

Ya en el asunto que nos ocupa, Leandro Fernández de Moratín debería haber titulado ‘Arte de las mujeres en situación de prostitución’, Camilo José Cela, en vez de ‘Izas, rabias y colipoterras’, ‘Mujeres en situación de prostitución, mujeres prostituidas y mujeres víctimas de trata’, aunque supongo que todavía pueden darle una vuelta y decir ‘personas de género en situación de prostitución. Eso para no  extrañarse de que no se pueda decir puta a la que peca por la paga, pero al que paga por pecar (© Sor Juana Inés de la Cruz, que esa sí que era moderna y no la carcamal Carmena) haya que llamarle ‘putero’. Recordarán el escándalo que provocó en 2003 una novela de Hernán Migoya titulada ‘Todas putas’. Todas las almas pías se conjuraron para pedir la dimisión de Miriam Tey, directora del Instituto de la Mujer con Aznar, que era copropietaria de la editorial. Cuántos disgustos se habrían ahorrado si lo hubieran titulado, un suponer, ‘Todas mujeres en situación de prostitución’.

Puri Causapié, que es la portavoz socialista que sustituyó a Carmona, estuvo inmensa. El problema es que los niños cada vez entran antes a los prostíbulos, donde el parecer acuden a buscar pokémons.  Lo que pasa, añadió , es que la genere se fija en lo que no debe. un suponer: “Tengo la sensación de que a la gente le escandaliza más ver cartones en el suelo que ver a hombres buscar prostituir a las mujeres”, Eso pasa, Puri, cuando la gente se toma al pie de la letra aquel reproche que la gran Andie McDowell hacía en ‘Sexo, mentiras y cintas de vídeo’: “¿Cómo quieres hacer el amor (pagando) con toda la basura que hay en el mundo?” Mi amigo canadiense, Gary Halpin, escribió el otro día un soberbio comentario de nuestras extravagantes  alcaldesas, tan dadas a ejercer competencias que no tienen y a abandonar las responsabilidades que sí tienen encomendadas.

Las putas tienen una tradición literaria que esta farsanta se quiere cargar de un plumazo. Tengo en casa un vademécum de la cosa, ‘Glosario de la mala palabra’, un libro que se me antoja fantástico, donde se puede rastrear literaria e históricamente el tema. En el Antiguo Testamento hay presencia del comercio carnal. Rahab, la puta de Jericó, propició el ataque israelita a las murallas de la ciudad y quizá por eso fue recompensada con un puesto en la línea sucesora que lleva desde David al mismísimo Jesucristo. Rahab la ramera, se le llama en la Biblia, aunque ramera es una palabra muy posterior y muy española, creo que del siglo XVIII, cuando en las casas de los pueblos vinateros se abrían improvisadas tabernas para dar de probar el vino de la cosecha. En la puerta se colgaba una rama a modo de señal. Las putas empezaron a señalar disimuladamente su comercio con una rama, de ahí su nombre.

Hace unos años, una ciudadana francesa publicó un libro autobiográfico titulado ‘La puta de la República’. Se llama Christine Deviers-Joncours y había sido amante del que fue ministro Roland Dumas. ‘La puta del Rey’ se tituló un razonable melodrama de aventuras. y en este plan, que diría el maestro Umbral. Eso por no escarbar en una generalización exagerada. Hay mujeres que se prostituyen voluntariamente, sin necesidad de ser víctimas de proxenetas o de trata. Esa creencia de que toda mujer preferiría ganarse la vida fregando escaleras que vendiendo favores sexuales parece otra exageración. Quizá haya algunas, seguramente de derechas, que prefieren soto último, mayormente para ganar más dinero.

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Sin embargo, no toda prostitución les parece condenable a nuestras almas bellas progresistas. Basta invocar el derecho a la sexualidad de las personas con discapacidades motrices para que las putas (y los putos) pasen a ser llamados por un eufemismo natural,‘terapeutas sexuales’. No se explica por qué los feos, los sosos y otros especímenes poco facultados para el ligue no puedan beneficiarse de la excepción.

Nota.-He llamado ‘farsanta’ a la regidora de Madrid. ¿Recuerdan ustedes los reportajes de sus primeros días yendo en metro a su trabajo, como una madrileña cualunque? Se premiará con una cena a quien quien pueda documentar con foto un solo viaje en metro durante los últimos quince meses. Otrosí: vean la foto adjunta. ¿Cuándo se ha vistos una mujer que monte en bicicleta con zapatos de tacón? Esto es lo que hay. Gracias Carmona, gracias, Pedro Sánchez. todo os lo debemos a vosotros.

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