Siria: de la farsa a la tragedia. -Max Boot/ElMedio-

La Historia no absolverá a Obama por el manejo de esta crisis tremenda.

La situación en Siria ha pasado de la farsa a la tragedia en sólo unos días.

Como ya comenté, la farsa se produjo el sábado, cuando un avión norteamericano bombardeó accidentalmente tropas sirias, un acto por el que la Administración Obama se ha disculpado ¡ante Rusia! La tragedia sucedió el lunes, cuando un convoy con ayuda humanitaria que iba desde la frontera turca hasta la asediada ciudad de Alepo fue atacado desde el aire, lo que provocó la muerte de varios trabajadores humanitarios y la destrucción de suministros muy necesarios.

La Media Luna Roja notificó a todos los actores –incluidos los Gobiernos ruso y sirio– la ruta del convoy. Y aun así fue atacado, no una sino repetidas veces. Así informó The New York Times:

Varios ataques aéreos destruyeron 18 de los 31 camiones, que, según Naciones Unidas, iban claramente identificados como convoyes humanitarios. Los camiones transportaban harina, nueve toneladas de medicamentos y ropa de invierno para cerca de 78.000 personas. Las bombas también destruyeron un hospital.

No sabemos quién lanzó el ataque, pero sólo hay dos posibles culpables: o Bashar al Asad o Vladímir Putin. Y, dado que Rusia se había comprometido a forzar a Siria a mantener el alto el fuego, Putin sería en última instancia responsable incluso si no hubiera sido su aviación la que arrojó las bombas sobre los camiones.

Sea quien sea el responsable, perpetró un crimen de guerra, por el que algún día habría de ser procesado. Pero, mientras que los regímenes sirio y ruso son los malvados de esta historia, lo cierto es que EEUU es un facilitador de facto. La reacción norteamericana ha sido casi cómica en su ineptitud. El portavoz del Departamento de Estado, John Kirby, emitió una declaración ritual de “rabia” y proclamó:

Estados Unidos elevará este asunto directamente a Rusia. Dada la atroz violación del cese de las hostilidades, reexaminaremos las posibilidades futuras de cooperación con Rusia.

Seguro que Putin está temblando. No. Como señaló Jackson Diehl en el Washington Post, Putin viene demostrando que, frente al constante retorcerse de manos de Obama, es posible desarrollar una intervención limitada en Siria para alcanzar los objetivos que uno considere oportunos. El dictador ruso “cambió el curso de la guerra en favor de Asad y como consecuencia ha obtenido de EEUU los términos políticos que buscaba”. Diehl es particularmente bueno al referir por qué el acuerdo de alto el fuego que negoció Kerry ha sido beneficioso para los rusos:

El acuerdo que Kerry negoció este mes con el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lávrov, daba a Putin todo lo que buscaba en Siria. El régimen de Asad saldría reforzado de una tregua que dejaba sus fuerzas en posición preponderante en torno a Alepo, la mayor ciudad del país. Si se mantiene durante siete días, los comandantes norteamericanos tienen órdenes de unirse a las operaciones rusas contra las fuerzas enemigas de Asad consideradas extremistas, en Alepo y en cualquier otro lugar, satisfaciendo así la demanda Putin de que Occidente se le una en la lucha contra los “terroristas”, no contra Asad. Las acres objeciones del Pentágono a semejante capitulación fueron rechazadas.

Incluso si el alto el fuego fracasa, como parecía posible el domingo, Putin habrá ganado el apoyo estadounidense al principio de que son los rebeldes, no el régimen de Asad, el primer problema de Siria. Mientras Kerry pintaba el acuerdo como una puerta abierta a la llegada de asistencia humanitaria para los sirios, Asad obstruía las entregas. Si el pasado es un prólogo, Kerry responderá a estas violaciones acudiendo a Putin en busca de un arreglo.

La predicción de Diehl se está cumpliendo: pese al ataque al convoy humanitario y el subsecuente bombardeo de Alepo por parte de Asad, John Kerry sigue aferrado a la esperanza de que el alto el fuego del que tanto presumió pueda salvarse.

¿Qué forma tendría una respuesta más seria? Daniel Serwer, de SAIS, tiene una poderosa sugerencia:

La más clara respuesta sería destruir los aviones que atacaron el convoy de la ONU, o los helicópteros que posteriormente lanzaron decenas de bombas de barril sobre la parte occidental de Alepo. No habría que poner en riesgo la aviación norteamericana. Podría hacerse con misiles de crucero y ni siquiera haría falta reconocerlo.

Ciertamente, no es preciso el secreto, y en una operación así incluso no podría mantenerse; sería mejor que Washington anunciase lo que iba a hacer y destruyera esos aviones y el resto de la fuerza aérea siria, responsable de numerosos crímenes contra la humanidad. Por supuesto, hay muy pocas probabilidades de que el presidente Obama haga algo así. La Administración Obama ha presidido sobre el peor desastre estratégico y humano del mundo, y no tiene la menor intención de hacer algo al respecto en lo que le queda de mandato. La única vez que EEUU ha hecho lo correcto, bombardear a los criminales matones de Asad, ha pedido disculpas. Esto es una desgracia y una tragedia que arruinará el legado de Obama ante el tribunal de la Historia.

© Versión en inglés: Commentary
© Versión en español: Revista El Medio

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