Las verdaderas razones del bloqueo. -Emilio Campmany/Libertaddigital-

Lo que hay en realidad son dos bloques, el constitucionalista y el anticonstitucionalista. Los partidos de uno no pueden entenderse con los del otro.

Nos pasamos los días, las semanas, los meses y, a este paso, los años quejándonos de la falta de cultura del pacto. Recomendamos recuperar el espíritu de la Transición, bramamos para que haya diálogo y deploramos la cerrazón de nuestros políticos. Está muy bien, pero ésas no son las razones del bloqueo que padecemos. Lo que ha descuajaringado el invento han sido dos cosas. La primera es la irrupción de un partido populista y comunista con el que es peligroso pactar porque está en contra del sistema y no quiere reformarlo, sino subvertirlo. La segunda es que los nacionalistas catalanes, y hasta cierto punto los vascos, se han quitado la careta y ya no piden, a cambio de sus votos, sólo dinero, sino la articulación de medios legales con los que poder independizar a sus regiones de España, rompiéndola.

Así que lo que hay en realidad son dos bloques, el constitucionalista y el anticonstitucionalista. Los partidos de uno no pueden entenderse con los del otro. Únicamente Podemos está dispuesto a pactar con el PSOE bajo el pretexto de la unidad de la izquierda, pero sólo porque aspira a engullirlo. No obstante, si entre los dos sumaran suficientes escaños, la alianza, por peligrosa que fuera para España y para los socialistas, seguramente se firmaría. El problema es que no son bastantes y, para ser suficientes, necesitan los votos de los independentistas, a quienes el PSOE no puede tolerar como aliados por tener como objetivo principal la destrucción de la nación. Lo que ha cambiado, pues, no es la estructura de partidos. Lo que ha cambiado es que ahora hay en el Congreso un número tan significativo de antisistemas que sólo la unión del PSOE y el PP suma suficientes escaños para configurar una mayoría. A estos efectos, los escaños de Ciudadanos son irrelevantes.

Antes, el PP o el PSOE, aunque no obtuvieran una mayoría suficiente, podían comprar los votos de las supuestamente moderadas derechas vasca y catalana. Ahora que lo que piden éstas es legalizar el modo de cargarse a España, eso ya no es posible. Y seguiría siendo igualmente imposible aunque no existieran Podemos y Ciudadanos. Al contrario, si Convergencia continuara vistiendo el disfraz con el que se presentaba en las Cortes en los tiempos de González y Aznar, al PP de Rajoy, por mucho que hubiera tenido que pactar con Ciudadanos, sólo le hubiera costado unos miles de millones de euros sacar adelante la investidura.

De modo que o PP y PSOE pactan como sea, con Rivera o sin él, o el bloqueo continuará indefinidamente. El problema del pacto del PP y el PSOE es que dejaría como única alternativa a su Gobierno el de Podemos, que, cuando atraiga a unos cuantos votantes socialistas desencantados por el pacto con el PP, podría gobernar en alianza con los independentistas, con los que comparte el odio a la nación, aunque por diferentes motivos. Una situación endemoniada de la que los votantes no son los únicos ni los más directos responsables. Hay otros a los que con más razón culpar. Pero ésa es otra cuestión.

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