Papá Estado, ¿motor del progreso tecnológico? El informe que lo niega. -M.Valero/El Confidencial-

¿Quién está detrás de la tecnología de Apple, Google, Amazon, Facebook o Netflix? Son los ejemplos que cita el Instituto Juan de Mariana (IJM) para rebatir a quienes vinculan el progreso técnico de un país al gasto público en I+D+i. “Las políticas estatales restringen las oportunidades de los emprendedores y fomentan la creación de fuertes grupos de presión“, argumenta en su último informe.

Una de las defensoras de otra postura radicalmente opuesta es la italiana Mariana Mazzucato en su libro ‘El Estado emprendedor’, donde aboga por hacer una planificación estatal al considerar que las políticas en I+D+i son cruciales para fomentar la innovación. Las empresas privadas solo encuentran coraje para invertir después de que el sector público haya realizado inversiones de alto riesgo, sostiene la economista. Es decir, gran parte de la tecnología moderna se debe a los esfuerzos estatales en este área.

Son conclusiones del informe
Son conclusiones del informe

Dicho libro ha ganado influencia a nivel mundial, llegando incluso a las instancias políticas. El nuevo estudio del Instituto Juan de Mariana nace para rebatir su tesis, como explica el economista Juan Ramón Rallo a este periódico. “Mazzucato pide una especie de esfuerzo unificado del sector público para coordinar el procesoinnovador”, algo que podría tener “consecuencias nocivas” en palabras del también director del ISJ. Un ejemplo es Brasil. “Si analizamos su banco público de inversiones al desarrollo, vemos que su retorno es bajísimo”.

Mazzucato asegura que el Estado “no es un lento y conservador ente burocrático, sino la organización más emprendedora del mercado y la que asume inversiones de mayor riesgo“. En este sentido, el IJM critica que el modelo defendido por la italiana “no sale gratis” porque detrae importantes recursos que podrían tener “usos más valiosos” en manos privadas. “El peligro en el que incurre es muy elevado porque el Estado va a ciegas, sin la experimentación que proporciona el mercado de la prueba y el error”.

Con ello, los contribuyentes se ven obligados a sufragar proyectos de resultado incierto. Eso sin contar con el “efecto expulsión” al sacar recursos de la economía a través de los impuestos, de forma que el sector privado ve mermadas sus rentas para sacar adelante sus propios proyectos. Surgen además buscadores de rentas estatales, como los nuevos cuerpos de burócratas que pretender proteger su statu quo a toda costa “tratando de desprestigiar o boicotear a quienes se lanzan a competir con ellos con ideas o investigaciones novedosas”.

Esta organización considera por tanto que las políticas estatales generan “incentivos perversos” y privilegios. “No debemos la tecnología de Apple o Google a las políticas estatales. Son obras del libre mercado”, o dicho de otra manera, hijos del capitalismo. Desde su hashtag #ElEstadoNoInnova, el instituto ha abierto un hilo de debate con ideas como que la sociedad ya era capaz de innovar antes de que surgiera el Estado emprendedor.

“No hay ninguna labor que desempeñen las políticas estatales que no pueda desempeñar la sociedad de forma voluntaria”. Los autores del estudio cuestionan las propuestas de Mazzucato, como crear una banca pública que financie los procesos de investigación, autorizar la participación estatal en el control de las empresas beneficiadas por ayudas en I+D+i o dar luz verde a subidas de impuestos bajo el pretexto de que la sociedad acabará recibiendo un retorno.

“La mitad de la actuación estatal en I+D sobra”

Según los autores del estudio, no hace falta que el sector público esté al frente del sistema de innovación nacional para que funcione adecuadamente, es más, el Estado que trata de liderar el cambio tecnológico “tiende a fracasar“. Y van más allá: “El único momento en la historia que supone un cambio en la tendencia de crecimiento económico a largo plazo, la Revolución Industrial, se gesta y desarrolla por completo sin apenas apoyo estatal”.

“La mitad de la actuación estatal en I+D sobra, no está justificada. Hay que mantener esas partidas en versión reducida o eliminarlas“, sugiere Rallo. Este economista aboga por favorecer un clima institucional adecuado no solo para las empresas privadas, sino para universidades, centros de formación y otras instituciones capaces de innovar.

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