Fulanismo (y miedo y odio) -Emilio Campmany/Libertaddigital-

Al principio de la Transición, trató de evitarse que la política española se convirtiera en una sopa de letras, un rosario de partidos que hiciera ingobernable el país. La solución la proporcionó Monsieur D’Hondt. También era temido el fulanismo, esa tendencia española a seguir a la persona sin importar sus ideas. Se creyó que la adopción de un sistema parlamentario en vez de uno presidencialista sería suficiente para conjurar el peligro. Enseguida se vio que no. En las victorias electorales de la UCD en 1977 y 1979 tuvo mucho que ver el atractivo personal de Adolfo Suárez. No hablemos de la relevancia del encanto de Felipe González en las de 1982. Y en los fracasos de Landelino Lavilla y Manuel Fraga no fue inocente la mala imagen de ambos. No obstante, los males del fulanismo fueron ocultados por el bipartidismo. Parecía que bastaba decidir qué era uno, si de derechas o de izquierdas, para saber a quién votar. La verdad es que en muchos casos el elector hacía lo contrario, decidía quién le gustaba más y de ese modo sabía si era de derechas o de izquierdas.

En las elecciones de diciembre pasado las personas tuvieron tanta importancia como siempre, sólo que, desaparecido el bipartidismo, se hizo patente la importancia del fulanismo. Y eso que en diciembre hubo algún debate ideológico. Hoy, a nadie parecen importarle las ideas, sólo quién las defiende. Votar o no al PP depende del rechazo que provoque en el potencial elector la figura de Rajoy. Cuando la arcada es insuperable, busca otra opción. Al tradicional votante del PSOE le pasa algo parecido con Sánchez, sólo que aquí lo que disuade es la escasez de mollera del candidato. Quien se niegue a ser liderado por alguien con tan pocas luces tratará de hallar una alternativa. Quienes se plantean votar a Ciudadanos tienden a justificarlo con lo mucho que les gusta Rivera, sin aludir a ninguna de sus ideas, más allá de su admirable defensa de la unidad de España, que parece mentira que algo así esté sujeto a debate. Y a muchos de quienes quieren votar a Podemos lo que les gusta es Pablo Iglesias e ignoran que no es más que un comunista de habla pausada, barba rala y mirada vitriólica.

Los fulanos que dirigen los partidos lo son todo en estas elecciones. Y, al serlo, han hecho que las ideas no sean nada y que parezca que da un poco igual quién gane porque los impuestos seguirán siendo muy altos y se hará lo que haga falta para conservar el Estado del Bienestar hasta que el sistema reviente. De forma que cada cual, dentro de su espacio ideológico, parece que decidirá su voto en función de quién le caiga mejor. Como mucho, todo se salpimentará con el miedo que en algunos inspira Podemos y el odio que en otros despierta el PP. Así pues, Fulanos, miedo y odio son los tres pilares con los que contamos para hacer avanzar nuestra democracia. No parece que vayamos a llegar muy lejos.

Ver artículo original:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s