Esteladas – Luis del Pino

Verdades Ofenden

Esteladas21 de Mayo de 2016 – 08:41:17 – Luis del Pino


Permítanme que les lea algunos artículos legales:

Artículo 50.2 de la Carta Olímpica: “No se permitirá ningún tipo de manifestación ni propaganda política, religiosa o racial en ningún emplazamiento, instalación u otro lugar que se considere parte de los emplazamientos olímpicos”.

Artículo 14.7 del Reglamento Disciplinario de la UEFA: “Se prohibe [en los estadios] toda forma de propaganda ideológica, política o religiosa”.

Artículo 3.2.c de la Ley contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte: “Corresponde, en particular, a las personas organizadoras de competiciones y espectáculos deportivos… garantizar que los espectáculos que organicen no sean utilizados para difundir o transmitir mensajes o simbología que, pese a ser ajenas al deporte, puedan incidir, negativamente, en el desarrollo de las competiciones.”

Artículo 7.1.c de la misma ley: “Es condición de permanencia de las personas espectadoras en…

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Mintiendo sobre la Transición. -Gabriel Bustelo/Vozpópuli-

Rezagada en el calendario mundial durante todo el siglo XX, España se ha embarcado al filo del nuevo milenio en una metamorfosis política que requiere hacer periódicamente lo que podríamos llamar una parada técnica. En nuestro país prevalece, como denuncia Vargas Llosa, “la idea profundamente destructiva de que todo el mundo es corrupto y si todo el mundo es corrupto, ¿por qué no voy a serlo yo también?”. Esta noción conforma hasta tal punto la mentalidad española que pocos la señalan abiertamente como el escritor peruano, porque muy pocos la catalogarían como un problema moral. Junto a esta grave disfunción cívica coexiste otra íntimamente relacionada: la cultura de la mentira, transmitida de generación en generación casi como un modus vivendi. Este contexto falsario homologa la mentira de un modo natural, dando por hecho que en el resto de los países del mundo sucede exactamente lo mismo.

¿La España de la Transición?

Esta cultura de la mentira superó sin problemas el paso del franquismo a la democracia, pero debe desaparecer si España pretende lograr la regeneración y subir de una vez al tren mundial. Conviene señalar –al estilo Vargas Llosa– que el proceso de renovación política parece haber dado por válida una mentira grave que muchos medios han hecho suya. Cuando hablamos de la España corrupta que se pretende superar, es frecuente etiquetarla como la “España de la Transición”, hasta el punto de que hemos acabado –y me incluyo– demonizando la propia Transición en sí, con una engañosa transposición de los términos. Hagamos, por tanto, una retrospectiva. La Transición fue un pacto democrático de un país entero, un paso gigantesco en la historia de España. Fue un fenómeno admirable que atrajo la atención internacional como caso único en Occidente y como paradigma en la expansión de la democracia global. En las redacciones de los periódicos extranjeros generó una auténtica revolución, con repentinos fichajes y traslados a Madrid de corresponsales asignados para cubrir el proceso a jornada completa –William Chislett y Harry Debelius para el Times,Henry Giniger para el New York Times, Jim Hoagland para el Washington Post, por citar solo algunos–, narrando al mundo en directo el espectáculo histórico de reconciliación de todos los españoles. Entonces, ¿cuándo nació eso que ahora llamamos erróneamente la “España de la Transición”? La respuesta es sencilla. El PSOE de Felipe González aprovechó la mayoría absoluta de 1982 para politizar España con sus leyes orgánicas, que blindaron la justicia, las cajas de ahorro, los sindicatos y la educación.

Los traidores del pacto democrático

Como confesó el ideólogo socialista Javier Pradera en un libro póstumo –escrito en 1993 y que no se atrevió a publicar– el artífice de la corrupción española es el Partido Socialista Obrero Español, que fue puliendo sus redes fraudulentas con los años hasta convertir el pillaje en un rasgo sistémico de nuestra democracia. ElPartido Popular, émulo perpetuo del PSOE, demostró ser un buen discípulo también en materia de corrupción. En resumen, en los años inmediatamente posteriores a los Pactos de la Moncloa el Partido Socialista fue acaparando todos los resortes del poder y, con el PP como comparsa, convirtió al país admirable que había pactado la concordia constitucionalista tras la muerte de Franco en unapseudodemocracia corrupta. Pero la gran traición al pacto democrático posfranquista la consumó José Luis Rodríguez Zapatero, cuyo proyecto era la hiperlegitimación de la izquierda, la instauración de una autarquía socialista y laMemoria Histórica concebida como torpedo contra la Transición.

Juventud versus Bipartidismo

Mientras hoy los dos grandes partidos nacionales –ambos culpables de traición a la Transición– parecen incapaces de reaccionar ante las acusaciones diarias de corrupción e incapacidad política, las jóvenes generaciones españolas, hartas del decadente espectáculo, se han organizado para ofrecer nuevas opciones al martirizado votante español. Según los últimos sondeos del CIS, el bipartidismo lograría hoy un 36% menos de los votos obtenidos en las elecciones del 20 de noviembre de 2011. Los electores irrecuperables serían los españoles menores de treinta años, residentes en ciudades con más de un millón de habitantes y licenciados de clase media/alta. Son los jóvenes españoles –sin la revancha y el rencor grabados en el disco duro de su memoria– quienes nos traerán otra España. No será perfecta; sí más democrática. Pero recordémoslo: no estamos desmontando la Transición. Al contrario. Nada de esto hubiera sido posible sin la Transición.

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Podemos y PP. El virus y la vacuna. -Javier Somalo/Libertaddigital-

De los creadores de Naranjito y Chutatans, y con record de share televisivo, llega a España Unidos Podemos. Su misión es devorar al PSOE y convertir al PP en último refugio. Así al menos lo conciben algunas de las mentes privilegiadas de la calle Génova 13. La operación es sencilla: crear el virus para vender la vacuna con patente.

Nada de esto significa que el PP se haya inventado a Podemos o que no exista peligro real de que lleguen al poder. El Frente Comunista es una amenazante realidad. Tras su alianza con Izquierda Unida, ha adoptado como nombre un eslogan electoral que pretende alejarse del concepto de partido y mantener el espíritu asambleario del 15-M, que suponen buen espíritu porque, dicen, todavía no era comunismo. ¡Vaya si lo era! Lo fue siempre aunque algunos empedraran el infierno con sus buenas intenciones y otros se frotaran las manos viendo nacer a su excusa electoral, el contraste necesario para sobrevivir. Nada hay mejor para creerse joven que pasear con un anciano.

Pero, ¿qué maneras vemos en el partido que se presenta como única contención posible? Han liberado etarras de la cárcel o permitido que eludan el ingreso en prisión por rechazar el terrorismo –anda que como rechacen la corrupción los corruptos–, han sonreído con pleitesía a los Castro, han pagado rescates –si se demostrara que algún dinero llegó a Al-Nusra habrá que preguntar al Gobierno por qué ahora financiamos a los que, según ellos, perpetraron el 11-M– y han consentido y costeado un separatismo oficial que además recibe bajo palio a terroristas. ¿Y dicen que el monstruo está por llegar? Será peor si de veras llega, sin duda, pero no parece el PP de Rajoy el más apropiado para impedirlo:libera, sonríe, paga y consiente al enemigo haciendo que parezca que lo hacemos todos. Así que mala vacuna y peor antídoto. De hecho, la famosa opción de Suárez “o yo o el caos” es hoy una redundancia.

Sería de sentido común que PP, PSOE y Ciudadanos frenaran de una maldita vez la amenaza que empezó agitando manitas y ya cierra el puño con fuerza. Hay personas suficientes en las tres formaciones que desearían y podrían hacerlo pero la eventual causa común se diluye cuando sólo se persigue el poder personal y del partido. Entonces no hay lugar para el sacrificio. Siempre sucede así: se eliminan coches oficiales pero no los cargos que iban a bordo y todo resulta meramente simbólico con tal de no perder al arraigo oficial. Por eso, esta semana se nos ha servido también el caso de la bandera estelada, porque el separatismo es otra cepa del mismo virus.

Se acerca la nueva cita electoral y prohíben las enseñas separatistas en el estadio Vicente Calderón donde el Barcelona y el Sevilla disputan la final de la Copa del Rey. ¿Las prohibirían también en el Camp Nou? ¿O eso no es España? ¿O ya hemos renunciado? ¿O sólo era un guiño electoral? ¿O buscaron que el monstruo comunista-separatista se exhibiera en Madrid para subir un escalón en el nivel de alerta? Arriesgado. No encaja demasiado la prohibición de esteladas con la aquiescencia ante el secesionismo en las administraciones, en los hospitales, en los juzgados, en las escuelas: en la vida diaria. Pueden prohibir etiquetar en castellano, negarse a hablar la lengua común con un paciente de urgencias o con un alumno. Pueden celebrar un referéndum ilegal, proclamar la República catalana en el Congreso de los Diputados, idear un Ejército, una Hacienda, embajadas, pueden recibir a terroristas y pueden seguir exigiendo el dinero de todos para construir el muro. Permitiremos que todo el Camp Nou sea un abucheo coral del secesionismo catalán y vasco al himno y al rey, a España. ¿Pero la estelada no? Firmeza y cumplimiento de la Ley por un día y que lo defienda Concepción Dancausa como cosa suya por si acaso se tuerce la cosa.

Dice Xavier Vidal Folch en El País sobre la banderita:

Pero las personas que la llevan, la ondean y se enorgullecen de ella merecen todos los respetos. Porque en su nombre no se ha cometido ningún crimen.

Párrafos después, el autor criminaliza a Dancausa por tener un padre falangista… desde El País de Haro Tecglen, de Cebrián el de Arias Navarro, un “desastre sin paliativos”. Además, la estelada en su versión amarilla y roja, sin azul, la usó Terra Lliure, grupo terrorista, banda criminal.

Y al final, ¿qué ha ocurrido? Que un juez ha revertido la orden de Dancausa permitiendo las esteladas en el partido de marras, o sea, legalizándolas para siempre y sin entrar en más profundidades. En resumen, aventando grano y paja, cúmplase la ley pero todos los días y todas las leyes. Y, por supuesto, en todas partes. Lo demás es rendición, cuando no colaboracionismo.

No hace falta infundir miedo con la posible y probable llegada del Frente Comunista-separatista al poder porque es un riesgo cierto. Bastaría con poner ejemplos de cómo se ha combatido, si se hubiera hecho, claro. No sirven las promesas cuando están tan recientes las renuncias. Han propagado el virus y no son la vacuna.

Y ya que la última polémica sintética ha llegado con el fútbol pensemos en que la Eurocopa acabará unos días después de las nuevas elecciones. A ver si para entonces ya ha ganado o perdido España o lo ha hecho La Roja.

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