Mariano de la Mancha. -César Calvar/Estrelladigital-

La conmemoración del IV centenario de la muerte de Cervantes ha dejado imágenes que ilustran a la perfección el ruinoso estado en que se encuentra la política española.

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, abandonó su despacho en La Moncloa todo un jueves por la mañana para irse a dar un paseo por El Toboso y ensalzar al creador del ingenioso hidalgo en el lugar donde moraba su amada Dulcinea. Una señal más de que el todavía jefe del Ejecutivo tiene poco que hacer en un país políticamente paralizado y económicamente instalado en la provisionalidad y en los planes de contingencia.

El día anterior, con motivo de su visita a Europa, Barack Obama convocaba a los líderes de Alemania, Francia, Italia y Reino Unido a una reunión el lunes próximo para abordar asuntos cruciales como la lucha antiterrorista, la defensa y el control de las fronteras del continente. Pero Rajoy no está en la lista de invitados ni parece importarle. Su agenda sigue tan despejada como él mismo admitió hace unos meses cuando un imitador del presidente de la Generalitat lo llamó por teléfono y le propuso un encuentro.

Y en el Congreso a falta de plenos, debates, comparecencias y algo mejor que hacer, sus señorías participaron en la representación de una pantomima con banda de música incluida y presidida por un actor disfrazado de nuestro escritor más universal. Al acabar el acto, como cada jueves a mediodía, los diputados salieron en estampida arrastrando maletas camino del aeropuerto y de las estaciones del AVE. Al presidente en funciones y a los diputados poco les ha importado que la fecha verdadera del centenario de Cervantes se cumpla este viernes 22 de abril. Había que adelantar la fiesta y hacer los homenajes en horario laboral de su particular semana caribeña de tres días de trabajo como mucho, para no desperdiciar un segundo de su merecidísimo fin de semana de cuatro días y medio.

A la vista de los asuntos que ocupan a nuestros políticos, cualquiera diría que España es un Estado próspero, saneado y políticamente salubre como Dinamarca. Y no un país podrido por la corrupción e hipotecado por niveles de paro, déficit y deuda que anuncian un futuro difícil para millones de personas. En este contexto, los padres de la patria harían bien en aplicarse a la tarea de trabajar por el bien común. Sin embargo, los diputados han preferido dar una fiesta, y Rajoy irse al bar Rocinante de El Toboso a brindar rodeado de simpatizantes el mismo día que el Rey oficializaba el último intento por investir a cualquiera que se atreva a dirigir el país.

Antes de ir tras los pasos de Dulcinea, Rajoy envió por Twitter un mensaje al líder del PSOE: “Pedro Sánchez puede evitar las elecciones. Le invito una vez más a trabajar por un Gobierno de gran coalición que dé estabilidad a España”. Después, ya en la patria chica de Aldonza Lorenzo, el presidente en funciones adelantaba que tampoco esta vez se atreverá a dar un paso al frente y se lamentaba del poco cariño que le ha demostrado Sánchez desde el 20D: “Lo he intentado hasta la saciedad, pero no quiere”.

A Rajoy le faltó decir que la llamada telefónica que prometió hacer al líder socialista para explicarle su propuesta de gran coalición, que luego iba a ser una carta, al final se quedó en un irreverente tuit. Que lleva cuatro meses sin querer negociar nada que no sea que alguien le pida permiso para hacerle presidente a él.Que ha rechazado, con ésta ya tres veces, presentarse a la investidura y que no ha hecho ningún esfuerzo por encontrar socios. Su actitud parece la de una dama de la buena sociedad, bella y enjoyada, que espera en su castillo a un aluvión de pretendientes que deben sentirse afortunados sólo por poder llamar a su puerta.

El tuit con que Rajoy pidió a Sánchez que le haga presidente podría sustituirse por un fragmento de la carta que Don Quijote le escribió a Dulcinea: “¡Oh bella ingrata, amada enemiga mía!, del modo que por tu causa quedo, si gustares de acorrerme, tuyo soy”. Pero ya da igual lo que escriba o deje de escribir Mariano porque en realidad no quiere nada de Sánchez. Quiere elecciones, hace meses que está en campaña electoral y esta vez le venía bien pasearse por La Mancha.

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