La conspiración de la muñeca asesina. -Jesús Cacho/Vozpópuli-

Juan Manuel Soria escapó a Canarias a última hora del miércoles, dispuesto a encontrar en la chistera de las islas, revolviendo en el cajón de los papeles perdidos, el conejo capaz de asombrar al personal con su lomo lustroso y despejar de un plumazo las dudas sobre su tingladillooffshore. El combate estaba fijado para el lunes 18 en el Congreso, donde el de Industria estaba llamado a rescatar su honor de la ignominia, pero a la hora de embarcar hacia las islas lo hizo ya tocado del ala, con los amigos más cercanos intercambiando miradas suspicaces, la gente que hasta la mañana del jueves, hasta que salió a la luz su firma en la documentación relativa a una sociedad radicada en la isla de Jersey, le había defendido con ardor, los ministros que habían dado la cara por él en el Gobierno, todos ya tocando retreta, porque “lo de José Manuel no está claro, y es el momento de poner punto en boca y no asumir compromisos”. La suerte del canario parecía echada. Había cantado muy mal.

Y de hecho el canario no volvió de Canarias. Desde allí anunció su muerte, aceptó su decapitación y decidió abandonar todos sus cargos con un comunicado casi ejemplar, un buen ejercicio de retórica que contrastaba frontalmente con el pobre desempeño que había acompañado su andadura desde que los papeles de Panamá le pusieran en la diana de los medios. “Es que José Manuel es un cagaprisas, además de un chapuzas”, asegura un íntimo. “Si el lunes, cuando salió la noticia, se hubiera estudiado el caso en condiciones, y con toda la información disponible, incluso la rastreada en su casa canaria, hubiera salido a los medios dando una información cabal de sus vínculos empresariales y diciendo la verdad y nada más que la verdad, las cosas le hubieran ido mucho mejor, porque, aún en el caso de que hubiera tenido que acabar dimitiendo, lo hubiera hecho de forma más honorable. Se precipitó y, lo que es más grave, mintió. Nos mintió a sus amigos, nos utilizó, lo que ha causado graves daños colaterales en su entorno”.

Seguramente nunca pudo decir la verdad. Ese entorno es hoy un lamento: “Ha dejado con el culo al aire aGarcía-Margallo y De Guindos, que le han defendido en el Consejo de Ministros, y ha arruinado, dejándola huérfana, la oposición a Sáenz de Santamaría en el seno del Gobierno, una vicepresidenta que debe estar crecida, recordándole al jefe, ves, Mariano, cómo al final somos lo único limpio y no contaminado por la corrupción que queda en tu equipo?” Los amigos de Soria apuntan directamente a La Moncloa, al equipo de fontaneros que dirige Soraya, como responsable directo de la decapitación del canario mediante la filtración de esa sociedad en Jersey de la que no hubo noticia hasta el jueves, lo que vino a suponer el golpe de gracia para un político que en apenas 3 días se había quemado a lo bonzo a cuenta de sus errores de comunicación.

Los cadáveres, sin embargo, van quedando abandonados por las cunetas. El último, el de Soria, un candidato menos en la línea de salida, en la lista de potenciales aspirantes a presidir un Gobierno de coalición cuando, el lunes 27 de junio, se haga evidente que Mariano tiene que irse a casa si el PP, que habría vuelto a ganar las elecciones, quiere seguir gobernando, porque esa sería conditio sine qua non que Albert Rivera, no digamos ya el PSOE, impondría para sentarse a hablar. Esta es, en esencia, la “conspiración” de la que todo el mundo habla en las filas del PP: la batalla por sustituir a Rajoy y hacerse con los restos calcinados del partido de la derecha. Desde el silencio de su despacho, la vicepresidenta dirige el coro de  rayos y truenos que diariamente preside la actualidad española, ¿no queríais corrupción?, territorio kafkiano donde reina Dolly Dearest, la muñeca asesina dispuesta a liquidar enemigos con la ayuda del CNI y de su aliado Cristóbal Montoro (“no se puede estar en el Gobierno y operar en paraísos fiscales”), capaz no solo de acabar con Soria sino de dejar en evidencia a Aznar (¡esa inspección que le ha costado 270.000 del ala!) cuando el del bigote se pone farruco y niega en público el saludo al gran jefe Mariano.

Gobierno tecnocrático de inspiración socialdemócrata

Soraya liquidando aspirantes y Montoro usando su ejército fiscal para ajustar cuentas con los adversarios. “Me acuerdo cuando leía cuentos de hadas y me parecía que nunca podían ocurrir cosas como aquellas. ¡Y aquí estoy yo en medio de una aventura completamente mágica!” (Lewis Carroll en Alicia). Soraya y Montoro como cabezas visibles de un Gobierno tecnocrático de inspiración socialdemócrata. Romanza de tenores huecos, coro de grillos que cantan a la luna, que diría Machado. Es el paisaje que preside un Ejecutivo convertido en patio de Monipodio donde no manda nadie y donde cada cual va a lo suyo, con Rajoy convertido en una especie de oyente dentro de su propio Gobierno. “Lo más llamativo de Soraya es que ahora ya no se corta un pelo, porque sabe que no le va a pasar nada. Ahora le buscarán algún gatuperio a Margallo, y después irán a por el propio Mariano. Al tiempo”.

Gente juiciosa, dentro y fuera de Moncloa, pone sordina, sin embargo, a esta interpretación en clave conspirativa de lo que está sucediendo en el Gobierno. “Echar las culpas a Soraya de la muerte política de Soria es un poco simplista, en mi opinión, por más que ella y su gente hayan aplaudido con las orejas la dimisión del canario. De ahí a suponer en ella la mano que mece la cuna media un abismo”, asegura un buen conocedor de las entrañas del PP, “por la complejidad de los tiempos que vivimos, y porque Soraya no cuenta en la trastienda con un Deux ex machina capaz de hacer realidad la carambola de que haya elecciones, que las vuelva a ganar el PP, que C´S exija la desaparición de Rajoy y que sea posible un pacto a dos o a tres bandas. No está en su mano hacer realidad tal ensoñación; todo eso no son más que pájaros volando…”

A la vicepresidenta le ha venido bien lo ocurrido, en tanto en cuanto descalabra a sus opositores en el Gabinete, el llamado G-7, que la responsabiliza del bloqueo de muchas iniciativas por culpa de su rígido esquematismo, al tiempo que la acusa de no coordinar la acción del Gobierno por estar más pendiente de su agenda personal que de otra cosa. “Yo creo que, a pesar de algún distanciamiento, que lo ha habido, Soraya sigue siendo básicamente leal al presidente”, prosigue la fuente. “Todos los presidentes operan igual, todos quieren obtener lo mejor de sus ministros, todos tratan incluso de enfrentarlos: Montoro se encarga de lidiar con las CC.AA. y su financiación; De Guindos le cubre el flanco de la UE; Fernández Díaz le cuida el frente antiterrorista… Y Soraya le aporta la seguridad de que el Gobierno no se meterá en ningún lío jurídico con la aprobación de una Ley que haya conseguido sortear de mala manera la Delegada o el propio Consejo de Ministros. Soraya sigue siendo una pieza clave en el engranaje de Mariano, lo que no es óbice para que, si los Dioses le fueran propicios, se lanzara de cabeza a presidir un eventual Gobierno de coalición. Aquí el problema no es Soraya, sino el propio Mariano, pero yo no voy a hablar mal de un amigo…”

Rajoy en modo Justino de Nassau

El problema es Mariano, en efecto, una verdad de Perogrullo a estas alturas. El daño provocado por el “caso Soria” es mayúsculo en términos de partido y tiene efectos letales para el presidente del Gobierno en tanto en cuanto mina su ya escaso crédito como candidato a una nueva ronda electoral. En el rosario de escándalos semanales que afectan al partido, el de Soria sube un peldaño, escala un nivel, al sentar la corrupción en torno a la mesa del Consejo de Ministros. ¿Por qué se ha ido José Manuel Soria en realidad? ¿Sólo porque se ha equivocado a la hora de explicarse? El presidente queda en una posición muy comprometida, casi insostenible, porque, además de ministro, Soria es amigo personal suyo. Por más que conozcamos su numantina capacidad para enrocarse y resistir, Rajoy luce cara de Justino de Nassau a punto de entregar las llaves de Breda mientras hace ademán de arrodillarse, sin que en este cuadro haya un Ambrosio de Spinola dispuesto a evitar la humillación. La retreta del torpe, oscuro, confuso ministro canario sume al PP en una especie de cansancio infinito, decaimiento nervioso cercano a la astenia. ¿Qué demonios decir a tus votantes dentro de cuatro días? El agujero de crédito es mayor que el del déficit público. Mariano tendría que marcharse ya en bien del partido, aunque todo apunta a que no lo hará. Le quedan, en todo caso, 10 semanas o 70 días para hacer compañía a Soria en Canarias y, cualMarqués de Bradomín, comenzar a desvelar en sus memorias el misterio del hombre que amó con pasión el Poder para no usarlo.

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