Girautismo. -J.M. Albert de Paco/Libertaddigital-

Durante años, Juan Carlos Girauta fue el gran representante de esa exigua mayoría de catalanes que no comulgamos con el nacionalismo.Cuota españolista por designio mediático, solía batirse el cobre en tertulias en las que aparecía rodeado de soberanistas, e ignoro si ganó mucho dinero con aquello pero no le arrendé la ganancia. No en vano, mientras yo me solazaba en el sofá con el iPad y el mando a distancia, Girauta ejercía de leproso, de gitano, de discrepante. Lluan Carles Llirauta, le llamaban, en el desesperado intento de limar sus aristas. (También lo han intentado con su sucesor, el gran Nacho Martín Blanco: en cierta ocasión, al terminar el programa en que intervenía, un doméstico trató de perdonarle la vida: “Contigo se puede hablar, tú no eres Espada”, a lo que él respondió: “No, ciertamente; a Espada no le llego a la suela del zapato”.) Girauta fue la resistencia en la misma medida en que entonces lo fueron los tres diputados de Ciudadanos, de ahí que el hecho de que hoy, tras su paso por el Parlamento Europeo, sea el portavoz de dicho partido en el Congreso supone un guiño similar al de aquella Semana Santa del 77: hacer legal, en efecto, lo que es real. Tengo escrito que él es lo mejor que le ha pasado a Ciudadanos desde que la formación naranja alcanzó su mayoría de edad, y así, tras todas y cada una de sus intervenciones, he de reprimir un “yo ya lo dije”. Su mayestático “Al Rey no se le va con problemas, se le va con soluciones” no fue menos audaz ni veraz que el modo en que despachó su última intervención en Catalunya Ràdio. “En Cataluña”, observó ante el aluvión de llamadas denigratorias, “también hay votantes de Ciudadanos, luego está claro que esta emisora se ha ido quedando con una audiencia que no representa a Cataluña”. Su dardo más venenoso en esos predios, no obstante, siempre ha sido: “Puc parlar?”. Eso y dejar al locutor de turno colgado de la brocha cuando a su petición le han puesto sordina. Hubo un tiempo en que tenía la esperanza de que alguno de sus detractores supiera que Girauta, además de español, es un ex hippy delicioso, amén de un soberbio intérprete de Joan Baptista Humet, cuya majestad es ya, tras las copas en casa de nuestra madrina Puri, la nuestra. Ahora que ha alcanzado la dignidad (¡y el aspecto!) de señoría de España, mejor me guardo el secreto.

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