“Nunca España fue tan azul” -Jesús Cacho/Vozpópuli-

Parece que lo de Pedro está hecho. La investidura de Pedro. La suma ya la conocen: sopa de letras, más la abstención de ERC y CDC, producto del hoy por ti mañana por mí, o amor con amor se paga. Los famosos diputados cedidos a los indepes para que puedan formar grupo propio en el Senado y cobrar la pasta correspondiente. Un éxito indiscutible el de Pedrito Sánchez o el más difícil todavía: cómo salir con el rabo entre las piernas de unas generales y encaramarse a la presidencia del Gobierno. Ocupar la Moncloa es para Pedro algo así como la bolsa y la vida, sobre todo la vida, porque de no conseguirlo sus posibilidades de seguir en política serían próximas a cero. De modo que, aunque no está todo el pescado vendido, Pedro tiene casi todas las papeletas para ser presidente del Gobierno. No se sabe muy bien para qué, porque el chico no tiene perfil ideológico muy definido. Su motor es el odio a la derecha, en general, y a Mariano Rajoy, en particular. “Los enemigos”, escribe Thomas Mann, “proporcionan sentimiento de identidad. A quien no sabe exactamente para qué está en este mundo le viene bien saber, al menos, en contra de quién está”.

Se trata, en principio, de un acuerdo de investidura. ¿Cómo piensa gobernar después? ¿Con qué apoyos? ¿Con qué programa? No está muy claro. La clave reside en el Comité Federal del día 30, un cónclave al que el líder socialista pretende presentarse con el activo de ese acuerdo de investidura logrado gratia et amore, porque, podrá argumentar ante el sanedrín de los barones, no he tomado ningún compromiso, no he firmado ningún acuerdo que comprometa al partido, que, al fin y al cabo, uno no puede evitar que le apoyen por su, por mí, cara bonita. Más o menos, ese es el juego: evitar el riesgo de rechazo a un acuerdo cerrado con Podemitas y demás familia. Superar el rubicón de ese Comité y salir de él con el mandato de entablar negociaciones con la sopa de letras antes citada, liderada por Podemos, dispuesta a apoyar un Gobierno Sánchez en el Parlamento. La perspectiva de gobernar facilitará mucho su tarea a la hora de vencer las resistencias de los barones preocupados por la unidad de España, fruslerías todas comparadas con las sinecuras que proporciona el ejercicio del poder. Mucho que repartir.

La sorpresa es Mariano. El silencio de Mariano. La parálisis es Mariano. Como si hubiera tardado demasiado tiempo en percatarse de sus nulas posibilidades de formar Gobierno, y tal descubrimiento le hubiera sumido en un mutismo total. Carente de iniciativa, nuestro hombre calla, se enroca, se esfuma. O se atrinchera en la fortaleza, cierra sus puertas y niega cualquier salida que no sea la suya, la del cadáver del hombre sin atributos dispuesto a reñir cual Cid embalsamado la última batalla de su vida. Mariano, ¿por qué no te vas? Si no puedes gobernar, si corres el riesgo de dejar tu partido reducido a escombros, ¿cómo es que no tomas la noble decisión de levantar bandera blanca y anunciar que, puesto que te has convertido, lo has sido siempre, en un obstáculo, en el problema –no el único, ni mucho menos- del PP, te marchas para desatascar la situación y dar la oportunidad a alguien de tu partido, cualquiera, el que sea, de intentar un acuerdo de Gobierno sin el tapón infranqueable que tu presencia supone? ¿Vas a negarle este gesto de postrera grandeza a los millones de españoles que han votado y siguen votando, milagro, milagro, a tu partido?

La herencia Zapatero

Es más que probable que el susodicho gesto no valiera gran cosa a la hora de hacer posible un Gobierno PP. El centro y la derecha suman hoy 163 diputados (golfos incluidos), y el resto de la Cámara, hasta 187 asientos, pastan en los predios de la izquierda y/o en los de una derecha nacionalista desnortada. Vamos a soluciones de izquierda. Es el fruto de la revolución que inició Zapatero en abril de 2004. Los Iglesias, Errejón y compañía son el reflujo destilado de las doctrinas revanchistas del de León, los hijos naturales de la juerga reivindicativa del 15M. Rumbo a babor y horizonte indefinido. Cualquier cosa menos la derecha. Lo dijo Raymond Aron: “El espíritu revolucionario se nutre de la ignorancia del porvenir. Marx tuvo mucho cuidado en no describir, ni siquiera esbozar, la sociedad socialista”. Aunque no sirviera para Gobernar, empero, tu gesto, Mariano, yéndote a casa, serviría al menos para desatascar la situación que se vive en el pudridero popular, darle una salida de futuro, propiciar los cambios que precisa, abrir las ventanas al aire puro de esa regeneración que a gritos reclama una organización carcomida por todo tipo de corrupciones.

Dimitir ahora, Mariano, es la única, quizá la última, oportunidad que te queda para cerrar tu carrera política con una brizna de honor. “Un hombre con coraje constituye una mayoría”, dijo un tal Jackson, uno de los presidentes de los USA. Coraje para tomar la mejor decisión en bien del país. Pero por no tener, tú no tienes ni pulso. Cuentan que estás “depre” estos días. Se te vio en la entrevista de RNE, como lento y ausente, capaz de dormir a un rebaño de ovejas arracimadas en agosto en pleno rastrojo. No estás, Mariano, ni se te espera. Y cuentan también que has encargado un informe a la Abogacía del Estado para que te digan si puedes ahorrarte el cáliz de hiel que te espera en esa investidura a doble vuelta que promete ser un martirio para ti, porque te gustaría ir al Rey y decirle que “pasas”, que no vas a poder formar Gobierno y que, por tanto, corra el escalafón, llame ya el Señor al siguiente en la lista, al bendito Pedrito, de modo que se despeje pronto la incógnita de esa eventual investidura o, por el contrario, se haga realidad de una vez, que es lo que a ti te gustaría, esas nuevas generales, porque esa sería tu tabla de salvación del gran naufragio nacional que tu contumaz inmovilismo ha provocado.

Tremendo el panorama que dejas por herencia, Mariano. Alguien dijo que la providencia castiga los pecados nacionales con calamidades nacionales. El pecado de un partido al que todavía son capaces de votar seis y pico millones de españoles y a los que recompensas y animas y alientas con gestos tan recientes como el de nombrar a la Villalobos y a la Sánchez Camacho para la Mesa del Congreso. Todo un ejemplo de renovación. Cuentan también que en el último Comité Ejecutivo del partido, un Comité que tendría que haberte puesto contra la pared, uno de tus tiralevitas fue capaz, en pleno arrobo ante la majestad del líder de cuerpo entero allí presente, de afirmar que “nunca España fue tan azul como ahora” (sic), frase traducible por algo así como que nunca el PP fue tan fuerte, nunca estuvo tan presente en el país como ahora. ¿Y saben lo peor? Que nadie se puso rojo de vergüenza, nadie llamó al orden al pelota, nadie fue capaz de recordar en voz alta la postración de un partido que desde el triunfo de Noviembre de 2011 ha perdido seis elecciones seguidas. Este es el PP que has dejado, Mariano: un partido muy malito y muy podrido, en el horizonte de una España muy preocupante.

 

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